10 PECADOS CAPITALES DEL VATICANO

La Iglesia que heredó el Papa Francisco está plagada de pecados capitales que hicieron renunciar al Papa anterior. ¿Podrá enmendarla?


  1. Puso las bases del pensamiento único

Donde coexisten diferentes religiones y modos de vida, hay conflictos. Pero el catolicismo se caracterizó por ser la religión que hasta que el Estado no la obligó a lo contrario, no permitió la coexistencia con ningún otro credo. Mientras otros monoteístas podían ser más o menos intolerantes pero tenían mecanismos de coexistencia, en el mundo católico era imposible vivir sin  someterse al Gobierno, la disciplina y los mandatos de la Iglesia. De ahí el problema de la convivencia con los judíos y la conversión forzosa de los indígenas de América. En la manía de la jerarquía católica con la ortodoxia y el pensamiento único, está el nacimiento de todos los dogmatismos del mundo moderno.

  1. La exclusión y subordinación de la mujer

El cristianismo nació en el mundo mediterráneo hace casi 2000 años. Esa era una civilización muy sofisticada con grandes logros artísticos y científicos. Es cierto que la posición de la mujer no era exactamente igual a la del hombre, pero en muchos ámbitos, como el religioso, la posición de la mujer era importante, por ejemplo, en el culto de Isis. En las primeras sectas cristianas la importancia de Maria Magdalena y la Virgen María era mucho mayor y ambas fueron degradadas junto a las mujeres en general en una serie de concilios -una especie de congresos generales de la Iglesia-  cuyo resultado más importante fue que se le cerró a la mujer la puerta del sacerdocio sin que, hasta ahora, haya sido posible abrirla de nuevo.

  1. Tolerancia con la esclavitud y la servidumbre

Aunque hay gente más bien cínica que dice que la Iglesia es una fuerza subversiva o que está del lado de los pobres, de hecho, desde hace como 1.500 años no ha habido un solo momento en que la jerarquía católica no haya sido parte “del reino de este mundo”. Aunque en la base de la Iglesia, siempre nacieran rebeldes -como Campanella, Muntzer o Camilo Torres- o reformadores -como el Padre Las Casas- la jerarquía de la Iglesia siempre legitimó esas relaciones de dominación. En realidad si existe una “doctrina social” de la Iglesia y toda una pastoral sobre los problemas sociales, es algo que se le  impuso, dado que la Iglesia veía como las masas obreras y populares se inclinaban al socialismo y al comunismo. Solo tras los sesenta, empezaron los obispos y autoridades a ocuparse activamente de los problemas sociales, pero menos de veinte años después, Juan Pablo II y el futuro Benedicto XVI harían todo lo posible por revertir esa política.

  1. Maltrato  de menores

Es posible que ni siquiera el papado amable y tolerante de Francisco I pueda revertir el daño que le hizo a la Iglesia católica la revelación de los numerosos casos de pedofilia ocurridos en todo el mundo. Las autoridades eclesiásticas en 2010 afirmaron que no eran más de 300 casos a nivel mundial, pero de hecho solo en Australia hay más de 650 casos y en Alemania se han hecho más de 3 mil denuncias, ello sin tener cifras de los abusos cometidos dentro de la red creada por los  Legionarios de Cristo fundada en México por el anticomunista  Marcial Maciel. Claudio Hummes, jefe de la inquisición, nombrado por Francisco, ha dicho que 4% de los curas son pedófilos, lo que pondría la cifra en unos 20 mil a nivel mundial.  Pero la pedofilia es solo parte del problema: tras su independencia, la República de Irlanda tomó la decisión de entregar la gestión de todos los orfanatos, escuelas, reformatorios e instituciones que lidiaban con menores de edad a la Iglesia católica ¿Cuál fue el saldo de esa decisión? Entre violaciones, palizas y trabajo esclavo más de 2 mil casos de abuso a menores.

  1. Encubrimiento de la pedofilia

Es un secreto a voces que Benedicto XVI -el Papa inquisidor-  renunció, en un momento de sensatez, al reconocer el alcance de la crisis interna de la Iglesia. Esa incluía la existencia de diferentes lobbies o círculos de poder en la burocracia vaticana, entre ellos, los que se habían dedicado a encubrir a los pedófilos. Porque una cosa es la proliferación del abuso a menores y otra es el encubrimiento de esos abusos.  Según el Comité de Naciones Unidas para los Derechos de los Niños, el Vaticano tenía políticas que amparaban a los pedófilos, protegiéndolos de la ley y reubicándolos en nuevas parroquias, como hizo el infame arzobispo Bernard Law, que luego fue trasladado a un cargo muy honorable en una de las basílicas de Roma.

     5. La persecución de la homosexualidad

No es cierto que todas las culturas persigan la homosexualidad. De hecho, la mayoría ni siquiera tenía un nombre o una palabra en particular para el hecho de que dos hombres o dos mujeres  tuvieran relaciones sexuales. Es un hecho que la homofobia, como la conocemos hoy en día, se cocinó en la Santa Inquisición, y a través del cristianismo, en todas sus formas, se contagió a los estados seculares que, a su vez, hicieron leyes anti-homosexuales que se extendieron por todo el mundo. Mientras que las Mil y Una Noches y los poemas persas están llenas de relatos de relaciones y amores homosexuales, la Iglesia católica heredó del judaísmo un desprecio y una obsesión con la homosexualidad de tal nivel que se contagió no solo a  América, donde los indígenas la practicaban sin problemas, sino a naciones no-cristianas como Japón e India. Lo que la Inquisición hacía con los hombres que se acostaban con otros hombres no es algo que podamos comentar en una publicación familiar como esta.

  1. La inquisición

Los que no saben nada de la historia de la Iglesia saben de la inquisición. Del potro de tortura, de la doncella de hierro, de las hogueras. Menos conocido es que “inquisición” quiere decir investigación y que sus procedimientos -bastante corregiditos- son los mismos de la justicia moderna. La verdad es que la inquisición no es una barbaridad de la edad media, sino tal vez, la primera policía política: de quién se acostaba con quién, de quién era suficientemente cristiano, de a quién no le gustaban las mujeres, de quién no pensaba o se portaba correctamente. Sirvió para la limpieza étnica de judíos y musulmanes de España, para la destrucción de las culturas precolombinas, para reprimir a las mujeres, para prohibir otras formas de espiritualidad, para dirigir o censurar la investigación científica, etc. Fue tan eficiente, que en los países donde se la aplicó -como España y Portugal- llegaron al siglo XX pobres y  atrasados.

  1. Su atracción por el lujo y corrupción

Es evidente que a todos los jerarcas de la Iglesia les gusta, un poco demasiado, los lujos. Hace poco un obispo alemán fue destituido por el Papa por gastar 30 millones de dólares en la enorme mansión en la que vivía  ¿el origen de esos recursos? Los impuestos de los católicos alemanes. Eso no es reciente: desde hace más de mil años la riqueza escandalosa en que vive la jerarquía de la Iglesia ha causado rebeliones, movimientos espirituales, protestas y sacudidas históricas: la causa directa  de la Reforma Protestante, que dividió en dos al cristianismo fue la manía de los curas de cobrar por las indulgencias, es decir, por absolver pecados. Así como suena: se le decía a la gente que si no pagaba sus seres queridos se iban a seguir consumiendo en el purgatorio. Si el financiamiento de la iglesia medieval era la explotación feudal, el de la moderna, es la especulación: el banco de la iglesia, el banco ambrosiano, quebró por corrupción, y los dudosos manejos de la burocracia vaticana han sido conocidos en los últimos años gracias a fugas de información.

  1. Alianza con los poderes establecidos y su mala relación con la democracia

Los jerarcas de la Iglesia no suelen quedar bien para la foto: o salen en ella con Pinochet, Videla, Franco, algún terrateniente, o algún mafioso como Rufinni, el Arzobispo de Palermo, que defendió a la mafia. Durante buena parte del siglo XX la Iglesia se preocupó más del comunismo y los anticonceptivos que de la pobreza o las dictaduras, y cuando la marea pareció revertirse con la Teología de la Liberación y el Concilio Vaticano II, no tardó mucho tiempo en llegar la contra representada por Wojtila (Juan Pablo II) y Ratzinger (Benedicto XVI). Tan profunda fue esa corriente reaccionaria, que llevó a la Iglesia a una crisis de imagen -por los escándalos de la pedofilia- y de gobierno interno -por el poder de los lobbys, incluido, irónicamente,  un “lobby gay”, crisis que terminó llevando al papado de Bergoglio (Francisco I).

  1. Ninguno vive como cristo

Es muy fácil hablar de Cristo todo el tiempo, pero irse a vivir en harapos o ropas sencillas, comiendo muy poco, compartiendo todo  y vagando por el mundo, no es cualquier cosa. Solo una ínfima parte de los cristianos se ha animado a vivir como Cristo y, de esos, muy pocos han estado en la jerarquía de la Iglesia. Para una religión que habla constantemente de pobreza y sencillez, sus líderes viven en una grosera opulencia, habla de castidad y abundan los escándalos sexuales. De hecho, la historia de la Iglesia es, en gran parte, la de cómo los cristianos de San Francisco de Asís a la Teología de la Liberación se han rebelado o tratado de rebelarse contra  una burocracia que, obviamente, camina en sentido contrario a lo que predica y que siempre parece salirse con la suya. Esa hipocresía es tan evidente que, de hecho, atraviesa todos los demás “pecados”, faltas o crímenes de la jerarquía eclesiástica y es la causa de que, probablemente, el catolicismo desaparezca en unas pocas generaciones.