Tres países que vivieron grandes crisis económicas, ¿cómo lograron superarlas?

Ahora que la aguda crisis política de la primera mitad del año ha pasado (con la juramentación de los gobernadores de oposición parece haberse cerrado ese capítulo definitivamente) queda la económica, cuya gravedad no tiene sentido subestimar.

Una crisis que tiene diferentes niveles, por un lado, de carácter global: que abarca el problema de la caída de los precios del petróleo, las sanciones, el bloqueo de transacciones, etc., y por el otro desde lo local que va desde nuestra frontera a lo interno: la debilidad del aparato productivo, la inflación inducida, ataque a la moneda y escasez efectivo, especulación, entre otros, lo que obliga a las autoridades a operar en varios frentes a la vez.

Esta es una crisis seria que hasta ahora no parece tener un final a la vista ni poder resolverse como las del pasado (con una nueva subida del precio del petróleo a niveles exorbitantes) requiriendo entonces medidas distintas.

Evidentemente existen otros países que han atravesado crisis en el pasado y las han superado ¿Cómo lo han logrado? Las medidas varían mucho en cada caso y, de hecho, pueden ser completamente opuestas, pero una corta mirada a algunas de los casos más graves nos puede dar cierta perspectiva.

Crisis económica

Crisis viene del griego κρῑ́νω (“yo decido”, o simplemente decisión) y en muchos idiomas modernos se le usa en el sentido de “momento decisivo”, crisis de la edad madura, crisis de una enfermedad, crisis económica.

En este caso se da ese nombre a las diferentes formas de la depresión o la recesión, es decir, a la disminución de la actividad económica, con todas sus consecuencias: una sociedad ni produce ni consume todo lo que necesita. Sin embargo, no hay una crisis idéntica a otra y estas crisis pueden manifestarse de muchas maneras y tener distintos síntomas: inflación, decrecimiento, desindustrialización, desempleo, etc.

Sin embargo, no siempre se ha hablado de crisis económica: el término se repite desde el siglo XIX, con la maduración de la economía capitalista, y desde entonces se ha hecho familiar en todos los países del mundo. Se puede decir que, a partir de Marx, la teoría económica es una teoría de las crisis económicas y de como enfrentarlas o de cuáles son sus consecuencias, las dos escuelas más influyentes de la economía del siglo XX: el keynesianismo y el neoliberalismo, son, en esencia, dos modos de explicar, definir y resolver las crisis económicas.

El primero nació en los años treinta en medio de la crisis de viejo liberalismo y el segundo en los setenta en medio de la crisis del estado de bienestar y de la intervención estatal. Desde el año 2000 (con la quiebra de Enron y las empresas .com) y luego en el fatídico año 2009 un nuevo tipo de crisis financiera se ha desatado sobre el mundo, crisis para la que no existe ahora una solución definitiva.

Repasemos algunas de esas crisis, veamos en que consistieron y como fueron superadas.

Crisis del 29

Comenzó el 24 de octubre de 1929 como una crisis de la Bolsa de valores: es decir, las acciones de varias empresas se desplomaron (de un momento a otro no valían nada) perdiéndose una gran cantidad de riqueza. Esta pérdida de capitales inhibió a muchos inversionistas de usar su dinero lo cual provocó una contracción de la economía bastante severa, sobre todo cuando la Reserva Federal decidió tomar medidas para reducir la cantidad de dinero circulante: con su medida, efectivamente, logró evitar una crisis inflacionaria pero también contrajo la producción y el consumo, es decir, las empresas no invertían y la gente consumía el mínimo necesario. Esa reducción del flujo de dólares convirtió a la crisis en global pues muchos países dependían de préstamos de los EEUU.

La crisis se superó en la siguiente administración, la de Roosevelt, quien revirtió la política deflacionaria sin incurrir en el vicio contrario: la inflación (debido a una masa de dinero excesiva) El mecanismo para esto fue incrementar la producción y el consumo en un círculo virtuoso, de esa forma se superaba la depresión sin generar un ciclo inflacionario pues la cantidad de bienes en el mercado se equilibraba con la masa monetaria. Esto se logró mediante masivas inversiones en infraestructura que generaron miles de empleos, y el incremento de salarios y otros beneficios que permitieron a la gente consumir más generando más demanda que requería obviamente, más producción, es el keynesianismo que se basa en la generación de “demanda agregada”, es decir, de capacidad de compra que impulse el crecimiento de la producción.

Hiperinflación en Alemania

Durante toda la historia moderna Alemania ha sido un país muy próspero, excepto por el periodo entre el fin de la primera Guerra Mundial y los primeros años del régimen nazi. La derrota en la guerra es una buena explicación para la contracción de la producción alemana, de hecho el daño a la industria no fue tan grande y Alemania, que era uno de los grandes centros científicos y técnicos del mundo, habría podido recuperarse… irónicamente la razón por la que no pudo es la misma por la que Alemania actualmente no deja despegar a Grecia: fue ahogada en deudas por los “aliados” que no querían dejarla recuperarse. Con cada vez menos ingresos provenientes de los impuestos, el Partido Socialista que gobernaba entonces cometió el error de elevar exageradamente sus gastos, cuando no pudo cubrirlos recurrió a la emisión de dinero el cual no estaba respaldado por la cada vez más débil productividad del país. El desastre se produjo el 30 de octubre de 1923 cuando el dólar alcanzó la cotización de 6 billones de marcos que era completamente fantástica: se dice que en esos años alguien podía comprar un sándwich en 14.000 marcos un día y a 40.000 en otro…El escritor Stefan Sweig escribió: “Viví días en que por la mañana pagué cincuenta mil marcos por un diario, y cien mil por la tarde. El que tenía que cambiar dinero extranjero distribuía la conversión por horas, pues a las cuatro recibía multiplicada la suma que se pagaba a las tres, y a las cinco, varias veces más que sesenta minutos antes. ¡Vi a un mendigo arrojando furioso un enorme fajo de billetes de cien mil marcos a una alcantarilla”.

La fantástica hiperinflación alemana terminó, poco más de un año después, con una sola medida dramática del nuevo canciller alemán, Hjalmar Schacht que puso a circular una moneda llamada “Retenmark”, de carácter provisorio, que se canjeaba por la vieja moneda en proporción de 1 Retenmark por un billón de marcos (el valor del Retenmark estaba respaldado por bienes hipotecarios). El 30 de agosto de 1924 se reorganizó el Reichbank cuyo valor fue el mismo que el de 1914 (4,2 Reichmark, igual a un dólar). Eso abrió paso a la reforma del Reichbank (Banco Central). El gobierno trató de hacer reformas posteriores, similares a las que luego haría Roosevelt, logrando cierta recuperación entre 1924-1929, pero la reciente deuda de la guerra que pesaba sobre la economía alemana se lo dificultó. Luego en 1929, ese país fue arrastrado por la crisis financiera de los EEUU perdiéndose lo que había avanzado. En 1933 Hitler llegaría al poder y aplicaría una versión militarista del New Deal de Roosevelt creando demanda agregada mediante la producción de armamentos e industrias ligadas a las militares (si, violando los convenios firmados al final de la I Guerra que en este caso las potencias habían decidido ignorar). Independientemente de su política, las medidas económicas de los nazis fueron efectivas y tenían un marco geopolítico favorable para aplicarlas.

Crisis peruana

Esta crisis de un país subdesarrollado, es una crisis de hiperinflación, como en el caso alemán, pero también es de una deuda externa que coincide con la de varios países latinoamericanos que no pudieron pagar la suya en los ochenta. Perú estuvo endeudándose intensamente desde los años setenta, deudas que se contrajeron tanto por gobiernos militares que adquirían armamento como por los siguientes gobiernos civiles, exceso de burocracia y de gastos, contracción de la producción y pobreza eran otros rasgos de la crisis que llegaron al fondo durante el gobierno de Alan García quien se negó a pagar la deuda externa.

Durante el siguiente gobierno se hace un ajuste bastante fuerte, salvaje en realidad, que tiene legitimidad entre los peruanos en su momento (igual que el golpe en que Fujimori disolvió el congreso) debido a lo grave de la situación. Las medidas se dividen en dos grupos: contra la hiperinflación y para resolver la deuda. Las medidas para lo primero son extremadamente salvajes: el estado gastaba según lo que tenía en las reservas, lo que quiere decir que lo que no podía pagarse era recortado: se privatizaron empresas quitándole cargas al Estado pero también se sacó violentamente a la calle a una enorme masa de empleados públicos que sería la base del ahora enorme sector informal peruano. Ese recorte brutal del gasto eliminó la inflación, pero a un costo social enorme.

Las medidas para resolver la cuestión de la deuda fueron un poco más sutiles: Perú necesitaba nuevos préstamos, pero no podía recibirlos si no pagaba los anteriores, tenía la ventaja de que estaba cumpliendo con las condiciones del FMI y del BM gracias a su terrible recorte del gasto, pero todavía tenía que pagar las deudas. Para esto el gobierno de Perú logra que el departamento del tesoro de los EEUU y el gobierno de Japón le presten dinero para pagar la deuda previa con el FMI y el BM que luego pagan (en el curso de horas) con dinero que el FMI y el BM les han dado en un nuevo préstamo.

Otra deuda era con el Club de París, un foro informal de acreedores y deudores, que se resolvió mediante “grupos de apoyo”, es decir, países que ayudaron a pagar esa deuda mediante contribuciones. Este ajuste, aunque exitoso en términos de sacar a Perú de la crisis no lo es tanto como los dos anteriores: los mismos asesores de Fujimori reconocen que las causas profundas de la crisis quedaron intocadas.

Conclusión

Aunque estos son países muy diferentes y ejemplos muy heterogéneos de crisis económica, quedan claras algunas constantes:

  • El problema no es simplemente aumentar o disminuir el gasto público, sino que la masa de moneda se corresponda con una oferta equivalente de bienes y servicios, es decir, si no se producen cosas reales (tangibles o no) no se resuelven problemas como la inflación. Si no hay incremento de la producción nunca se saldrá de la crisis.
  • Es necesario tener un mínimo de relaciones internacionales y un mínimo margen de maniobra en el escenario internacional. Es necesario poder “jugar” con las fuentes de crédito.
  • Hay que poder tomar medidas creativas y radicales cuando sea necesario, pero hay que tener la capacidad técnica y operativa para implementarlas.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado