5 claves del escándalo de corrupción de Guaidó con la ayuda humanitaria

Una ola de desilusión e indignación invadió a las filas de la oposición venezolana luego de que este viernes se difundiera un reportaje del medio estadounidense PanamPost revelando una trama de corrupción millonaria que involucra a los designados por Juan Guaidó para atender lo concerniente a la ayuda humanitaria en Cúcuta, Colombia.

En pocas horas la etiqueta #GuaidóLadrón se posicionó en los primeros lugares de las redes sociales en el país, con mensajes de reclamo hacia la dirigencia antichavista. Incluso funcionarios de organismos internacionales como Luis Almagro, secretario general de la OEA y gran colaborador de la oposición, manifestaron su condena y exigieron una investigación que aclare los hechos.

“El Gobierno de Colombia está molesto. Muy molesto. Esto, junto al hecho de que jamás le notificaron de los diálogos escandinavos y los errores cometidos el 23 de febrero, los ha llevado a preguntarse cuál es el concepto que los venezolanos tienen por ‘aliado’”, dice el reportaje con las revelaciones.

El escándalo amenaza con terminar de sacar del juego político a Juan Guaidó, a quien ahora, aparte de ser carente de liderazgo, se le acusa públicamente de corrupto.

A continuación cinco claves para entender la tramoya con la ayuda humanitaria en Cúcuta.

1.- El reportaje de PanamPost detalla, mostrando como prueba el oficio que así lo certifica, que fue el propio Guaidó quien relevó de sus funciones a los coordinadores originales de todo lo concerniente con el acopio y el ingreso a Venezuela de la ayuda humanitaria durante febrero, así como a la atención en Colombia de los militares desertores. Eran José Manuel Olivares y Gaby Arellano. El presidente de la AN, el 24 de febrero, dos días después del concierto Venezuela Aid Live y un día después de lo sucesos violentos en la frontera, designó a  Rossana Barrera y a Kevin Rojas, ambos militantes de Voluntad Popular, para la atención de “la situación de los ciudadanos venezolanos, civiles y militares, que ingresan a territorio colombiano buscando ayuda y refugio”, reza la misiva, suscrita por Guaidó y remitida al canciller de Colombia.

2.- Barrera y Rojas fueron provistos de una cantidad de fondos no detallada pero a todas luces copiosa, destinada a la manutención de los soldados desertores en Cúcuta. Según indica el reportaje de PanamPost, en total se requirieron los servicios de siete hoteles, unos pagados por el gobierno de Colombia, otros por Acnur, y solo dos por Venezuela, estos bajo la responsabilidad de los dos funcionarios de Guaidó. Fue justamente este par de recintos el que sufrió de irregularidades con la cancelación de sus facturas, y en inicios de mayo uno de ellos, el hotel Ácora, decidió desalojar a los huéspedes debido a una deuda de 20 mil dólares. El embajador designado por Guaidó en Colombia, Humberto Calderón Berti, quiso sofocar el escándalo pagando la deuda con dinero de su bolsillo pero el cheque que emitió rebotó por falta de fondos, los cual intensificó la tensión del momento.

3.- Las alarmas se encendieron en Caracas y en Bogotá cuando comenzó a esparcirse la especie de que, al mismo tiempo que se desalojaba a los militares venezolanos de los hoteles por falta de pago, los encargados de pagar, Barrera y Rojas, comenzaron a llevar en Cúcuta una repentina vida de lujos. La inteligencia colombiana comenzó a investigarlos y lo que descubrieron fue que sencillamente, los emisarios del autoproclamado se gastaron la plata.

4.- A Barrera y a Rojas se les llamó a capítulo en Bogotá el 27 de mayo, y con pruebas en mano se les hizo una auditoría cara a cara en la cual intentaron justificar el gasto de unos cien mil dólares, aunque según PanamPost “la cifra se queda corta”. Al lugar, dice el reportaje, se presentaron ambos junto con el diputado venezolano Luis Florido, que intentó defenderlos. La inteligencia colombiana les tenía fajos de documentos con la ruta de su malversación. “Facturas que demuestran excesos y, varias, extrañísimas, de diferentes talonarios, firmadas el mismo día y con estilos de escritura idénticos. Casi todas sin sello. Gastos de más de 3.000.000 de pesos en hoteles colombianos y en discotecas, por noche. Unos mil dólares en bebida y comidas. Gastos de ropa en carísimas tiendas de Bogotá y en Cúcuta. Reportes de alquiler de vehículos y pagos en hoteles a sobreprecio”, reseña el trabajo periodístico firmado por Orlando Avendaño.

5.- Entre las mentiras de Barrera –quien comandó el equipo de dos- se cuentan el haber dicho a Caracas que pagó los siete hoteles en Cúcuta, cuando a Venezuela solo le correspondían dos. También el haber inflado la cifra de militares desertores a atender. Según la inteligencia colombiana solo eran 700, mientras ella había reportado la manutención de 1450 personas. También la organización en Bogotá de una lujosa cena benéfica con diplomáticos para recaudar fondos para supuestamente ayudar a los militares. Como para este evento no lograron contar con el apoyo de Calderón Berti, crearon cuentas de correo falsas de la embajada, y por allí convocaron a las misiones internacionales asentadas en Bogotá. El evento nunca se dio porque Calderón Berti se enteró de la componenda y alertó a los invitados.

Por Rosa Raydán / Supuesto Negado