8 años después de la intervención que “salvaría” a Libia

El 19 de marzo de 2011, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña iniciaron una operación militar amparada por la ONU con la excusa de crear una zona de exclusión aérea –para supuestamente proteger a los civiles libios–. Dicha ofensiva se convirtió en una sangrienta intervención que causó miles de muertes y asesinó al presidente Muamar Gadafi.

A pesar de que el cálculo inicial de la OTAN era una intervención de corto aliento, la guerra ha cobrado miles de víctimas, más de un millón han sido desplazados, sus exportaciones de crudo han descendido 90% y las pérdidas de su PIB alcanzan más de 200 mil millones.

La “transición y reconstrucción pacífica” fue una oferta engañosa

A pesar de que aún existe una diferencia muy importante de Venezuela con la situación pre bélica en Libia –aquí la oposición política no tiene dominio militar sobre ningún territorio–, el paso a paso internacional contra el Gobierno es asombroso y peligrosamente parecido.

Tal y como sucedió con el Consejo Nacional de la Transición en Libia, el “paragobierno venezolano” tiene el apoyo decidido de EE. UU., la UE y otros 50 gobiernos –a pesar de que no fue electo y por lo tanto no “representa al pueblo” sino a una fracción de la oposición política local–.

En el caso venezolano, los vecinos traidores no son los países pertenecientes a la Liga Árabe sino la mayoría de los que conforman el llamado Grupo de Lima.

Lo alarmante del reconocimiento internacional –más allá de la afrenta diplomática ilegal- es que constituye el primer paso formal para la intervención militar foránea.

Primavera árabe versión Caribe

Diversos analistas insisten en que el verdadero objetivo de EE. UU. al apoyar a la oposición local no es “reestablecer la democracia” sino tomar posesión de nuestras reservas minerales y privatizar la industria petrolera. Tal y como sucedió en Libia.

Más allá de las generalidades, merece la pena repasar las similitudes y diferencias, hasta ahora, de las operaciones “Amanecer de la Odisea” y “Venezuela Freedom 2” (según el documento filtrado y atribuido al Comando Sur de EE. UU.) a partir de la creación del Consejo Nacional de la Transición en Libia y del autojuramentado presidente en Venezuela.

Réplicas (casi) exactas

  • Creación del gobierno paralelo.
  • Reconocimiento internacional de EE. UU., la UE y países vecinos.
  • Apoyo entusiasta de la mediática mundial al “nuevo gobierno” e invisibilización del apoyo popular al gobierno legítimo.
  • Exigencia de EE. UU. a los países aliados de abandonar su apoyo y reconocer al gobierno paralelo.
  • Negativa de la oposición al diálogo interno a pesar del llamado del líder legítimo.
  • Apoyo de antiguos funcionarios del gobierno.
  • Expropiación de activos, fondos de inversión y cuentas del Estado.
  • Solicitud del gobierno legítimo de una comisión internacional para evaluar la situación del país.
  • Enfrentamientos violentos entre rebeldes opositores y fuerzas del gobierno.
  • Preparación del pueblo para la legítima autodefensa en caso de la incursión militar extranjera.
  • Autorización del gobierno paralelo de “recibir ayuda humanitaria internacional”.
  • Solicitud de algunos países de una investigación ante la Corte Penal Internacional.
  • Amenaza inminente de invasión militar.
  • Creación de fuerzas subversivas compuestas por militares traidores y contratistas extranjeros.

Diferencias (hasta ahora)

  • Reconocimiento de la ONU y del Tribunal Penal Internacional del gobierno paralelo en Libia.
  • Resolución del Consejo de Seguridad contra Libia.
  • Suspensión de Libia como miembro del Consejo de Derechos Humanos.
  • Orden de arresto de la Corte Penal Internacional por supuestos crímenes de lesa humanidad.
  • Operación militar amparada por la ONU.

Libia hoy

El derrocamiento del régimen de Muamar Gadafi sumió a Libia en la anarquía y la convirtió en un centro neurálgico de tráfico de personas con destino a Europa.

No es un dato menor que las elecciones parlamentarias de junio de 2014 –que debían permitir la estabilización de Libia– no resolvieron nada. Y, lo que es peor, agravaron la crisis.

Es decir, la fórmula árabe del “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” fue un completo fiasco.

Los detractores locales del líder libio que soñaban con un Estado moderno y democrático viven hoy día un infierno y están muy lejos de ver “la luz al final del túnel” que le prometieron los amantes de la guerra.

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Por Edgard Ramírez Ramírez / Supuesto Negado