El aborto es más peligroso para una mujer de bajos recursos en Venezuela

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Anteriormente la recepcionista de la Red de Información para un Aborto Seguro hasta se daba el lujo de dormir durante su jornada de trabajo porque eran muy pocas las llamadas que se recibían en el día. Se dice que se producía una por hora, es decir, a lo sumo ocho llamadas al día.

Ahora no. Ahora han tenido que contratar a otra muchacha para que ayude en la atención de las llamadas, ya que se producen un promedio de 45 a 50 comunicaciones al día. Las que llaman son en su mayoría muchachas pobres, desesperadas, llorosas, que sienten que el mundo se les viene encima y no hayan qué hacer.

El aborto en sí es una decisión difícil, pero el problema se agudiza en su máxima expresión cuando quien necesita abortar es una mujer de escasos recursos, pues una mujer de clase media o alta, cuenta con los recursos suficientes bien para comprar silencios o las pastillas que se requieren, o bien para ingresarse en un centro de salud privado, donde su vida no correrá peligro alguno, pues será atendida por diferentes especialistas.

Alba Carosio, es una activista feminista desde hace varias décadas y miembro de la ONG La Araña Feminista, grupo del que fue fundadora en 2010. Considera como “terrible y doloroso” el periplo por el que deben pasar las muchachas de escasos recursos que deben abortar, bien porque salieron embarazadas producto de una violación, bien porque clínicamente le dijeron que el bebé vendría con problemas, o bien por el miedo de que sus padres la boten de su casa o porque ya tienen otros hijos y sienten que no podrán, económicamente hablando, con una boca más, o porque perciben que tienen todos los caminos cerrados, se sienten solas y abandonadas por el padre de la criatura. “Ninguna mujer hace eso sino por un nivel de desesperación muy fuerte, ya que saben que es algo muy doloroso, que puede incluso dejar secuelas físicas y hasta psicológicas”, dice Carosio.

Niedlinger Briceño, del Frente Cultural de Izquierda, coincide con Carosio en que la principal causa que motiva a una mujer a querer abortar es la violación, porque las mujeres se resisten a llevar en sus entrañas y parir a un bebé que fue producto de un momento tan negativo y violento en su vida. Estima que no sólo son las mujeres adolescentes las que abortan, sino mujeres maduras que ya tienen sus hijos grandes y sienten que ahora deberán comenzar de nuevo, con las complicaciones que ello implica, la escolaridad, la carestía de la vida, la crianza. “La maternidad es bastante dura y lamentablemente todo el peso recae sobre la mujer”, dice.

Al hablar de la diferencia social y cómo afecta, Alba Carosio, señaló que a una mujer de clase media o alta, también le pega porque es una decisión muy fuerte, triste y dolorosa, pero lo hará en una mejor posición, sin mayores apremios económicos, en una clínica privada, mejores condiciones higiénicas, así como de familiares y amigos; mientras que la mujer de escasos recursos deberá hacerlo muchas veces sola, en una casa o una clínica clandestina, con personas que a lo mejor no son médicos y sin las mejores condiciones higiénicas, todo lo cual agrava el cuadro.

¿Cómo abortar?

El método por excelencia utilizado para interrumpir el embarazo es un medicamento llamado Misoprostol, que es utilizado para la prevención y tratamiento (protector) de las úlceras gástricas y duodenales y también está indicado para la inducción del trabajo de parto en las mujeres. Desde que se descubrió que está contraindicado con el embarazo comenzó a ser utilizado para abortar, razón por la cual ahora lo venden, pero con récipe médico e incluso lo escondieron para venderlo solo en el mercado negro, a un precio astronómico.

Alba Carosio explica que este medicamento dilata el útero y produce sangramiento, pero que hay que tener mucho cuidado con el que se compra en el mercado negro, porque se han dado casos en que viene adulterado, lo que a su juicio es peligrosísimo, ya que o no hace nada, o no hace lo suficiente o tiene efectos malignos.

Niedlinger Briceño, refiere que el Misoprostol se puede conseguir hasta en cuatro millones de bolívares cada pastilla (el precio se incrementó cuando se volvió un negocio clandestino) y se necesitan en algunos casos unas doce pastillas. “Quienes tienen el dinero, no tienen problemas, ya que pueden tomarse este medicamento en un servicio privado, bajo la supervisión de un obstetra, pero las mujeres pobres son las que sufren y se arriesgan más. Aclara que este medicamento no puede ser utilizado en cualquier etapa del embarazo, sino antes de las 12 semanas, ya que después es sumamente riesgoso.

Otros métodos

Ante la falta del medicamento, porque no se consigue fácilmente o por lo caro, las mujeres optan por algunos métodos arcaicos, mucho más peligrosos, como la introducción por la vagina de pinzas, alambres, agujas de tejer, tallos de perejil, todo lo cual es desinfectado por métodos rudimentarios, lo que podría generar en una septicemia (infección generalizada) que podría causar la muerte de la paciente.

También hay quienes recurren a las llamadas clínicas clandestinas, donde son atendidas por personas que ni siquiera son médicos en la mayoría de los casos. Niedlinger refiere que en estas clínicas el trato hacia las mujeres es sumamente irrespetuoso, en el fondo le infringen a las mujeres una especie de castigo algo así como “para que no lo vuelvas a hacer” y las intervienen sin anestesia, lo que hace del momento algo sumamente doloroso y traumático.

“Estamos hablando de condiciones de mucha precariedad, donde la paciente no es ayudada por médicos, sino muchas veces por mujeres de la misma comunidad”, dice Alba.

Por su parte, Alejandra Laprea, también de la Araña feminista, dice que los métodos tradicionales pueden causar infección, pues no están debidamente esterilizados, pero también se corre el peligro de que puedan perforar algún órgano, como la matriz o el útero. Igualmente refiere que hay mujeres que apelan a los brebajes (te de canela, malta caliente) o también están las que optan por cargar peso excesivo, lo cual podría provocarle un aborto.

Cero cifras

Por ser una actividad ilegal, no hay cifras confiables, lo que imposibilita analizar en profundidad el problema. Y no hay cifras confiables porque si una mujer aborta en su casa o en una clínica clandestina y todo sale bien, no queda registro alguno de su ingreso; y si algo sale malo es recibida en un hospital como “problemas con el embarazo” y si fallece, ocurre lo mismo salvo que se compruebe que se murió porque introdujo algún objeto punzante en la vagina.

Niedlinger refiere que las cifras son muy altas, pero que la única cifra medianamente con la que se cuenta es la que ofrece la ONG Red de Información para un Aborto Seguro. Explica que anteriormente se recibían muy pocas llamadas teléfonicas (a lo sumo diez) de mujeres en demanda de información y ahora son atendidas al menos 50 mujeres diarias.

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Por Wilmer Poleo Zerpa / Supuesto Negado