La serpiente Abrams: la carta de guerra de EE. UU. contra Venezuela

Abrams

Los pueblos de Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador lo conocen muy bien. Fue responsable de miles de asesinatos en esos países, pero lejos de ser castigado (aunque fue juzgado) recibió un indulto y más adelante un cargo de confianza en una de las administraciones gringas más sucias de la historia.

Se trata de Elliot Abrams, diplomático estadounidense, que fue designado por Donald Trump como emisario para “restablecer la democracia en Venezuela”, aunque sabemos que su verdadera experiencia ha sido doblegar gobiernos por la fuerza conformando ejércitos paralelos como lo hizo en los años 80 en Centroamérica.

Abrams trabajó anteriormente en los Gobiernos de los presidentes Ronald Reagan (1981-1989), George H.W. Bush (1989-1993) y George W. Bush (2001-2009). Para la primera de estas joyas se desempeñó, irónicamente, como secretario de Estado adjunto para Derechos Humanos y Asuntos Humanitarios.

Este cargo lo ostentó orgullosamente mientras llevaba la guerra fría por toda Centroamérica y encubría las matanzas cometidas por los militares y los escuadrones de la muerte en El Salvador.

Uno de esos vergonzosos episodios se suscitó en la localidad salvadoreña de El Mozote. Allí, un batallón del Ejército, que había sido entrenado por militares norteamericanos, asesinó a 800 civiles en diciembre de 1981.

Semanas después, aparecieron las primeras noticias sobre la masacre en la prensa norteamericana. Abrams afirmó a una Comisión del Senado que se trataba de propaganda comunista y de incidentes manipulados por la guerrilla.

También participó activamente en la operación ilegal Irán-Contra en Nicaragua, para armar a ese escuadrón a pesar de que el Congreso de Estados Unidos había prohibido que se le facilitara cualquier tipo de ayuda.

Por estos casos fue juzgado y recibió una modesta condena, que fue suspendida, por ocultar información al Congreso sobre la ayuda a los contras. George Bush padre, sucesor de Reagan, lo indultó al igual que hizo con los demás condenados por las mismas atrocidades.

Por su prontuario, Estados Unidos considera que Abrams (a quien William Crowe, jefe de las FF. AA. durante las gestiones de Reagan y Bush calificaba como una serpiente dura de matar) es un activo valioso en sus planes para Venezuela. Con este nombramiento, lejos de rectificar, Trump intensifica su política guerrerista contra el país.

Este sábado en una rueda de prensa, el canciller venezolano Jorge Arreaza, señaló que el gobierno del presidente Nicolás Maduro no descarta reunirse con Abrams.

“Nosotros hemos dicho que nos reuniremos hasta con el diablo si es necesario, para defender a Venezuela, pero siempre en el marco del respeto”, señaló Arreaza.

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Por Andreína Ramos Ginés / Supuesto Negado