¿POR QUÉ ALEMANIA QUIERE APLICARLE SANCIONES A EE.UU.?

Con una amplia mayoría, el 27 de julio, el Senado de los EE.UU. acordó imponer nuevas sanciones a Rusia limitando la capacidad del presidente estadounidense de retirarlas. El voto de 98 a favor y 2 en contra no tiene precedentes en su unanimidad y representa una maniobra contra Trump y Putin. Mientras que el segundo, tiene varios años como el “enemigo favorito” de la OTAN, el supuesto apoyo que le habría dado a Trump en la campaña presidencial ha sido el argumento para justificar el impeachment que parece ir tomando forma, pues, parece que todos los partidos y sectores van alineándose contra el magnate. Trump no intentó vetar las sanciones porque seguramente los senadores hubieran anulado su veto.

Estas sanciones son un ejemplo formidable de cómo se combina la política interna con la externa y la economía con la geopolítica. Si Putin es el pretexto para atacar a Trump, también es el principal contendor de los EE.UU. en su política en Europa Oriental y Siria. Por otro lado, las sanciones también favorecen, descaradamente, los intereses económicos americanos por encima de sus –ahora supuestos- aliados europeos.

¿“Europa se respeta”?

La sanción tiene unas clausulas muy flexibles y otras muy duras. Una de las más duras tiene que ver con proyectos energéticos: una inversión que contribuya directamente y significativamente a los planes de Rusia de construir tuberías de exportación de energía puede ser castigada. También cualquier colaboración en términos de bienes, servicios, tecnología, información o apoyo que facilite directamente y significativamente el mantenimiento o expansión de oleoductos y gasoductos. El objetivo es geopolítico, estrangular la economía rusa profundizando las sanciones dadas luego de la crisis de Ucrania.

La cláusula podría afectar especialmente al proyecto de gasoducto Nord Stream 2, en el que participan firmas alemanas, francesas, austríacas y angloholandesas. A ningún país le gusta que un tercero le diga qué puede o no puede hacer, mucho menos a un bloque de países desarrollados, no extrañe que el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, criticara duramente las sanciones y asegurara que Bruselas estaba lista para actuar. No está descartado que dicha Comisión acuda a la Organización Mundial del Comercio (OMC) para bloquear los efectos de las sanciones sobre las empresas europeas.

La ministra de Economía alemana declaró que: “Las medidas van en contra del derecho internacional, así de sencillo”. “Por supuesto que no queremos una guerra comercial, pero es importante que la Comisión Europea evalué contramedidas”.

Ante el silencio de Merkel (que sin embargo no disimula su desagrado por Trump) Sigmar Gabriel, el encargado de las relaciones exteriores, se convirtió en el portavoz oficial del Gobierno. Gabriel y el canciller de Austria, Christian Kern, rechazaron las sanciones en un comunicado: El abastecimiento energético de Europa es una cuestión de Europa y no de Estados Unidos”. “¿Quién nos da energía y cómo decidimos? Lo hacemos de acuerdo con las reglas de la apertura y de la competencia en el mercado“.

Eso fue el 15 de julio, cuando se aprobaron las sanciones dijo a la prensa que De ninguna manera aceptaremos las aplicaciones extraterritoriales de las sanciones estadounidenses contra empresas europeas“.

Contra-sanciones

En Alemania realmente no les importan los problemas internos de la política americana y de verdad no creen que las sanciones respondan a altos intereses o principios geopolíticos. El presidente de la Cámara de Comercio Germano-Rusa, Michael Harms –vocero de los empresarios directamente afectados-, ha dicho que el fin de las sanciones es simplemente “crear puestos de trabajo en EE.UU. y reforzar la política exterior norteamericana” y el diario Die Welt ha dicho que “Parece como si estuviesen intentando preservar los intereses de su industria petrolera a costa de las compañías europeas”.

Como era de esperarse, la cosa escaló con los días siguientes y Brigitte Zypries, ministra alemana de Economía y Energía, afirmó que en Alemania están dispuestos a “pagar con la misma moneda” a Washington si las sanciones a Rusia afectaban a compañías germanas: “No es extraño que las reacciones de Alemania [a las sanciones de EE.UU.] estén siendo duras (…) Existe la amenaza de una guerra comercial que dañe a las compañías alemanas (…) De ser necesario, responderemos a los estadounidenses con la misma moneda“, ha advertido en un editorial de Die Welt.

Definitivamente, el discurso se parece al de los viejos tiempos del proteccionismo y también resuena un poco al de los países del tercer mundo cuando tienen que lidiar con sanciones parecidas, eso puede ser un signo de que no solo está pasando ya el periodo neoliberal, sino que, en medio de la pérdida de su poder e influencia, a los EE.UU. se les está yendo la mano en varios sitios como el mar de China, la península Coreana, Crimea y ahora el corazón de la misma Europa. Las consecuencias pueden ser explosivas.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado