¿QUÉ SON LOS ALGORITMOS Y POR QUÉ ESTÁN CONTROLANDO LAS ELECCIONES EN TODO EL MUNDO?

Hace mucho que estamos ahogados en encuestas y sondeos de opinión, en general hay mediciones para todo y, sobre todo, ofertas constantes y mediciones también constantes de cómo son recibidas.

Y sin embargo, en el momento en que creíamos que ya no podían haber más sondeos y más marketing han entrado los “algoritmos” que utilizan buscadores como Google y redes sociales como Facebook y Twitter: con ellos entramos en la era del sondeo continuo, interminable.

Gracias a las redes sociales hemos pasado a la era de la encuesta continua: billones de personas de todos los países alimentando a las inteligencias artificiales con datos.

Pero no hemos dicho qué carajo es un algoritmo. Un algoritmo es una serie ordenada de instrucciones que llevan a la solución de un problema cualquiera. Se puede hacer un algoritmo de como abrir una puerta o para la solución de problemas muy complejos.

En informática los algoritmos permiten describir claramente una serie de instrucciones que debe realizar el computador para lograr un resultado, un procedimiento de computador consiste en una serie de instrucciones muy precisas y escritas en un lenguaje de programación que el computador “entienda”.

Así que podría uno decir, si las encuestas y sondeos eran meros “sayayines” del marketing y el control, los algoritmos de las redes sociales son definitivamente los “super-sayayines” del conteo y manipulación de la opinión. Las viejas encuestas no son nada comparadas con ellos. Y según algunos ya llega por ahí el “sayayin-dios”.

Algoritmos y redes sociales

Hace poco, en otra columna, comentábamos la entrevista que dio el experto Martín Hilbert a The Clinic, en ella Hilbert hablaba sobre las enormes cantidades de datos que manejan las redes sociales y de cómo estas cambiaron el rostro de la política.

“Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo”.

Obviamente ese conocimiento no se quedaría sin uso:

“Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección”.

Según Hilbert no solo Trump -el nuevo malo de la historia-, sino el simpaticón Obama utilizaron sistemáticamente esa información llevando las cosas a un nivel completamente distinto:

Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles (…) en el tercer debate con Clinton, Trump planteó un argumento, ya no recuerdo sobre qué asunto. La cosa es que los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.– y lo mandaron de manera personalizada”.

Obama habría iniciado esta práctica de recolección de datos al acceder a la información de los perfiles de cada persona que le daba “like” a su página en Facebook o su perfil de Twitter y empezó a explotarla sistemáticamente. Trump simplemente ha llevado las cosas a otro nivel.

“Customization”

Desde los años setenta la empresa está obsesionada con la “customización”, es decir, adaptar cada producto a la particularidad de cada cliente: antes de ser lanzado al mercado, cada producto (una película, un candidato, un automóvil) pasa por una cantidad de encuestas, sondeos, y focus group para saber cómo será recibido. Una vez lanzado se hacen otros tantos para ver qué piensa la gente del producto y cómo fue la recepción, y según esa nueva información se corrige el producto. Así las corporaciones evitan que se les “queden fríos” productos que nadie quiere, es decir, evitan las pérdidas.

Lo que vale para los celulares también vale para los candidatos, es la customización de la política:

“Por ejemplo, si Trump dice `estoy por el derecho a tener armas´, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil”.

Y para algunos eso equivale, en la práctica, el fin de la democracia.

¿Problema del primer mundo?

No dudo que tienes algún amigo hippie que te dirá que eso es “un problema del primer mundo”. Pues, no le hagas caso -en eso ni en ninguna otra vaina- porque esto es un problema común a todo el planeta.

Esta es la era de los problemas planetarios, como por ejemplo el calentamiento global, la contaminación, etc.

La primer encuesta a gran escala se hizo en los EEUU en 1916 por el Literary Digest mediante tarjetas postales. Les fue bien hasta que Gallup -fundador de la encuestadora del mismo nombre- usó métodos más avanzados para predecir la victoria del demócrata Roosevelt.

En Venezuela las encuestas se usaron sistemáticamente solo a partir de 1973, casi 40 años después. Tomó décadas para que la nueva cultura política de encuestas y grandes periódicos y televisoras arraigara en todo el mundo.

Las redes sociales, por otro lado, arraigaron instantáneamente: gente de todas partes del mundo y de todas las clases sociales tienen algún acceso a ellas. Chinos, venezolanos y canadiendenses, todos les generan datos simultáneamente. En Colombia ya la política de las redes sociales casi echa para atrás el proceso de paz y el Twitter se ha convertido en el refugio del uribismo.

Así que no le hagas caso al hippie: ese no es un problema del primer mundo. La gran pregunta no es cuándo sino cómo va a afectar a nuestra cultura política el Big Data y los algoritmos de las redes sociales.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado