Las guarimbas narradas por una antropóloga brasileña

Inês Rosa Bueno

Las primeras semanas de agosto de 2017 la antropóloga brasileña Inês Rosa Bueno recorrió buena parte del occidente venezolano. Después de cuatro meses de intensa protesta, muertes y destrucción, el país recién empezaba a experimentar una incierta tranquilidad en las calles.

Hoy, con la situación más reposada y tras dos procesos electorales, la brasileña evalúa para Supuesto Negado lo que vio “con sus propios ojos” durante esos días y el saldo que dejó a la sociedad venezolana este lamentable episodio de violencia política auspiciado por el antichavismo.

Mi esperanza es que toda esa disputa al fin pueda llevar a una maduración de la sociedad, que todo eso sea como hacer una limpieza en la casa

Conoces a profundidad América Latina y hace pocos meses, en plena guarimba, viniste por tierra a Venezuela. ¿Qué fue lo que más te llamó la atención de la situación nacional en ese momento?

-La situación de Venezuela inicialmente asustaba un poco, porque eran muchas las voces de quejas, de críticas, especialmente cuando entré por Maicao, el día 4 de agosto, cuatro días después de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente. Poco a poco me fui dando cuenta, incluso después de platicar con venezolanos también en Bogotá y Manaos, que los chavistas estaban en silencio, reprimidos, asustados, aun siendo gobierno. Eso quizás fue una de las situaciones inesperadas que empecé a entender hacia el final del viaje, que infelizmente fue muy corto, de apenas dos semanas.

Lo que más llama la atención de la situación nacional venezolana quizás haya sido esa multiplicidad de voces hablando en un coro disonante, reaccionando y actuando políticamente. Eso quizás sea lo que define una situación verdaderamente revolucionaria: todo se convulsiona, incluso las opiniones de la gente y vienen a la superficie todo tipo de voces, incluso las más violentas y prejuiciosas. Quizás eso no sea negativo –cuando no hay un corte, un golpe, una intervención armada, por la fuerza–; quizás sea una forma de sanar las heridas que todas las sociedades mantienen escondidas y que en Venezuela salieron a la superficie.

Mi esperanza es que toda esa disputa al fin pueda llevar a una maduración de la sociedad, que todo eso sea como hacer una limpieza en la casa.

Fue un largo camino y me fui enterando de que esa pareja y mucha gente de su círculo habían participado en las guarimbas

Pero aun siendo un viaje corto, ¿pudiste reconocer a los actores que llamaban a la violencia?

-En el terminal de buses de Mérida conocí una pareja de estudiantes universitarios que estaba sin clases por las guarimbas. Ellos fueron los que me ofrecieron alquilar una casa en la finca del barrio rural de La Azulita y yo acepté, porque tenía interés en conocer la zona rural.

Fue un largo camino y me fui enterando de que esa pareja y mucha gente de su círculo habían participado en las guarimbas. Por intermedio de ellos, conocí rápidamente a una persona que era más madura y que estaba siendo acusada por los chavistas del municipio de ejercer el liderazgo de las guarimbas en La Azulita, donde las carreteras cerradas habían impedido que los agricultores, que sí habían producido, salieran a vender su producción o que las mercaderías llegaran a La Azulita, y en los últimos días antes de las elecciones, habían quemado un auto de la policía local y algunas motos. No me gustó esa persona. No me gustaron sus actitudes.

En los días que estuve ahí, hablé bastante con personas que no tenían liderazgos en las guarimbas, pero habían participado. Incluso comentaron conmigo que muchas veces en las reuniones anteriores decidían llegar hasta determinado punto con sus acciones, pero durante las acciones, algunos iban más allá de lo acordado en esas reuniones, cometiendo actos de violencia.

Infelizmente, también era un momento que exigía represión, después que se llegó al punto a que se llegó. Cuando me fui, la Guardia Nacional recién había llegado a La Azulita en seis carros y se había llevado algunos jóvenes presos (ninguno de los que conocí). Yo apoyo la medida. Ya no había otra salida.

Quieren que el país salga adelante con un gobierno que administre bien. Quieren recuperar la infraestructura productiva que se deterioró. Eso es lo que quieren.

¿Cómo viste a la gente en medio de una crisis económica profunda y un llamado general a la violencia?

-Creo que la gente común se estaba dando cuenta de que hay que evitar llegar a ese punto de violencia, destrucción y boicot de programas gubernamentales y de la economía. Y creo que las mismas bases de la oposición estaban empezando a ver eso cuando yo estuve en Venezuela, y el resultado después se pudo observar en las elecciones regionales, en las cuales parte de la oposición prefirió no acudir porque no quería dar votos a los liderazgos que ellos mismos empezaban a ver que solo les trajeron más problemas con sus formas de protesta. Quieren que el país salga adelante con un gobierno que administre bien. Quieren recuperar la infraestructura productiva que se deterioró. Eso es lo que quieren. Y eso no es diferente de lo que quieren los chavistas. Incluso, muchos de esos que se consideran y se dicen guarimberos también dicen que les gustaba Chávez.

guarimbas

Errores en el liderazgo local

Para la antropóloga brasilera no hay duda de lo que pasó en esos meses en Venezuela: “La premisa básica de la cual partimos es que hay una Guerra Económica en Venezuela estimulada por actores internos y externos. Y que las guarimbas fueron también un intento, quizás, de transformar esa Guerra Económica en otros tipos de conflictos aún más graves”.

Sin embargo, Bueno arroga al liderazgo chavista local errores que lastiman el apoyo de las bases al chavismo y que favorecen que en algún punto la gente sienta alguna simpatía por este tipo de acciones de la oposición.

“Me parece que no lograrían alcanzar tanta adhesión a sus objetivos si los liderazgos chavistas locales se dieran cuenta de que los programas gubernamentales que estaban conduciendo tenían por objetivo aumentar la participación de toda la gente en la economía y la política, y no de dividir la sociedad”.

La frontera: entre la ilegalidad histórica y los embates de la guerra económica

-A Bueno su breve travesía por el país suramericano también le permitió estar al tanto de otra realidad: la que viven las comunidades de la frontera colombo-venezolana.

Con cientos de miles de habitantes moviéndose de lado a lado y un comercio ilegal que asciende, según algunos expertos, a la asombrosa cifra de 14.000 millones de dólares anuales, a diferencia de otras regiones, esto es una auténtica frontera viva.

Eso ocurre porque hay muchos vacíos incluso de diálogo, de conciencia, de construcción de otra sociedad, de atención integral a cada región del país y no apenas a sus zonas de exportación transoceánica

Con respecto a Zulia escribiste que encontraste mucha pobreza hacia la frontera con Colombia… ¿Cómo describes la situación de esa zona?

-Más allá de los marcos nacionales, esa amplia zona de frontera entre Venezuela y Colombia –atravesando desiertos abandonados, territorios indígenas, selvas gigantescas sin ninguna comunicación–, son ejemplos históricos de abandono. La frontera de La Guajira ha sido históricamente una frontera viva, entre dos economías en las cuales la gente sufre intensamente cuando no hay comercio intenso. Eso fue lo que empecé a observar ya desde Cartagena, en Colombia: la gente sufre, la economía de los pequeños comerciantes es perjudicada cuando no puede negociar con Venezuela.

Las dos realidades a cada lado de las fronteras de la Guajira son realidades muy integradas de forma legal y oficial y de forma ilegal y extra oficial. Yo vi un poco de la vida de ese fragmento de Venezuela que se acerca a la frontera más viva del mundo, que no funciona de la forma como funciona simplemente por consecuencia de las circunstancias de Guerra Económica y del papel de Colombia en la Guerra Económica que se traba en Venezuela, sino también porque existe toda una larga tradición de ilegalidad y ausencia del Estado a ambos lados de las fronteras, especialmente en La Guajira, donde las poblaciones locales siempre se sintieron abandonadas y recurrieron a sus propios medios clandestinos e ilegales.

Lo que la Guerra Económica me parece haber hecho internamente en Venezuela es aprovechar un fuerte componente de ilegalidad que ya había en la sociedad e incentivarlo, como si fuera un acto político legítimo. Y el resto del mundo y la media venezolana recubren de honores y virtudes lo que es simplemente un problema estructural de Venezuela y de Latinoamérica, como si fueran actos políticos heroicos. Eso ocurre porque hay muchos vacíos incluso de diálogo, de conciencia, de construcción de otra sociedad, de atención integral a cada región del país y no apenas a sus zonas de exportación transoceánica, que es lo que sigue pasando aun cuando cambiamos nuestros gobiernos.

No es cuestión de oposición versus gobierno, de Colombia versus Venezuela… Es cuestión de escuchar, de negar el supuesto de que el contrabando que siempre se hizo desde los tiempos del cuento de Gabriel García Márquez,  “La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada”, se pueda frenar por represión.

Si queremos ver una Latinoamérica integrada, debemos pensar también más profundamente sobre estos problemas.

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Por Supuesto Negado