ARCO MINERO DEL ORINOCO: ¿EXPLOTARLO NOS DEJARÁ SIN AGUA Y SIN LUZ?

No es exagerado decir que la explotación del Arco Minero del Orinoco es la cuestión más polémica y divisiva de la política venezolana.

Desde hace veinte años el chavismo y el antichavismo disputan si la llegada de Hugo Chávez al poder fue una revolución que salvó a los pobres o el inicio de una edad oscura.

Chavistas leales al gobierno y chavistas disidentes debaten si el actual gobierno ha preservado el legado del Comandante o lo ha traicionado por completo. Pero estas son diferencias entre partidos o sectores de partidos.

El diferendo sobre el Arco Minero atraviesa a todo el espectro político: los dirigentes de oposición que hablan de crisis humanitaria casi no lo mencionan, pero numerosos grupos a la izquierda y el centro lo denuncian con fuerza.

Es decir, es sintomático, pues para la mayor parte de la dirigencia política tanto chavista como de oposición no parece un problema.

Pero sí lo es para las bases, el público y los movimientos sociales.

Además de polémicos aspectos jurídicos, grupos ecologistas claman que la explotación puede causar una tragedia ecológica. ¿Es eso cierto? ¿Es posible?

Más fortuna que virtud

Ubicado en el estado Bolívar, con una extensión de 111.843 kilómetros cuadrados el Arco Minero abarca un territorio mayor al de Cuba.

La suerte quiso que en las entrañas del Macizo Guayanés se almacenaran, desde hace millones de años no solo reservas de oro, diamantes, sino de coltán, un mineral indispensable para los aparatos electrónicos.

Si se suman las reservas de crudo extrapesado o bitumen que se encuentran en la Faja del Orinoco, esto hace de esta zona una de las más ricas en minerales del mundo.

La buena fortuna también quiso que ni ingleses, ni portugueses ni brasileños se decidieran a apropiarse de esa zona antes o después de la Independencia. Aunque bien hubieran podido.

Suerte y más suerte “mayor reserva de petróleo del mundo”, “cuarta mina de oro más grande de la tierra”.

Junto a las enormes reservas de crudo liviano y semipesado de Zulia y Anzoátegui que sacaron a Venezuela de una pobreza casi medieval, las riquezas del Orinoco son el segundo gran golpe de suerte del estado Venezolano en menos de un siglo.

A eso le está apostando, si no todo, al menos bastante.

¿Del rentismo petrolero al minero?

En febrero de 2016, el presidente Maduro decretó este territorio Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco. La idea del “arco minero” fue de Hugo Chávez quien la divulgó en 2011.

Para los chavistas leales esto hace de Maduro el realizador de la idea del comandante, para los disidentes, Chávez había visto la explotación del Arco Minero como un proyecto muy a futuro, cuando la tecnología permitiera hacerlo con el mínimo impacto ecológico.

En efecto, la actitud del Comandante con el Arco Minero fue muy ambigua. Como mínimo podemos decir que su prioridad inmediata era la explotación de la Faja del Orinoco, proyecto del que habló incansablemente durante años llegando a acuñar el término “socialismo petrolero”.

Años después y urgido por el déficit fiscal y la caída de las reservas internacionales el gobierno de Nicolás Maduro apuró todo cuanto pudo la explotación del Arco Minero.

En medio de la caída vertical de los precios del petróleo, tal vez era mucho pedirle a un gobierno que dejara quietas enormes reservas de oro con las que podía llenar sus arcas.

Es casi como tener fajos de billetes enterrados bajo el suelo.

Más para poder poner ese negocio rápido a funcionar, el Arco Minero fue activado mediante decretos de emergencia que algunos sectores han llamado inconstitucionales y una negociación con la Gold Reserve en la que esta, aprovechando la ventaja, sacó todo lo que pudo de la situación: compensaciones monetarias, derecho de sacar directamente parte del oro, etc.

Aunque también es verdad que la Gold Reserve prestó dinero a Venezuela, tras décadas de un discurso muy fuerte contra las transnacionales y sus depredaciones, esos acuerdos fueron difíciles de entender para muchos y el gobierno pagó un altísimo costo político al hacer un acuerdo de ese tipo y de esa escala con una transnacional minera.

En honor a la verdad, ese daño a nivel político bien podría ser irreparable.

Cielo abierto

El Arco Minero no surge en una tierra virgen: hay más de tres décadas de minería ilegal operando en la región.

Con el nuevo proyecto a la minería ilegal de carácter artesanal –que ya ha mutado en una forma de crimen organizado llamada “sindicatos”– se unen las operaciones a gran escala de la Gold Reserve.

El proyecto también busca regularizar, de alguna manera, la minería ilegal.

Con la emergencia de los sindicatos mineros un nuevo tipo de violencia ha emergido en el sur de Venezuela, tanto o más grave que la que ocurre en las ciudades del norte del país. Violencia que parece tener mucho en común con la de otros países mineros como los del este y el centro de África.

Pero en lo que queremos enfocarnos ahora es en la cuestión del agua.

En el Arco Minero el oro está bajo los bosques y en el lecho de los ríos, abundante pero mezclado con otros minerales.

Entonces nos encontramos con un modelo de minería que es llamado minería a cielo abierto con dos variantes: la de los mineros artesanales que usa pequeñas maquinarias y mucho mercurio para separar el oro y la de la Gold Reserve que usa grandes maquinarias y cianuro.

A diferencia de la minería subterránea, que es abriendo túneles, la minería a cielo abierto funciona despejando el terreno lo que requiere espacio y no es muy bueno para los árboles.

El mercurio, además, envenena los ríos.

Aunque la Gold Reserve ha asegurado que el cianuro no tiene el mismo impacto que el mercurio y que sembrará árboles para compensar la deforestación, estos anuncios han sido recibidos con escepticismo dado que usar un veneno en el proceso no inspira mucha confianza y en países como Puerto Rico han ocurrido accidentes durante el uso del cianuro.

La cuestión del agua

Un árbol es un invento muy curioso de la naturaleza: es como una maquinita que absorbe agua y dióxido de carbono. Luego devuelve oxígeno y va liberando el agua periódicamente.

En ese sentido también es como una esponja: el agua que acumulan hace que las sequías sean menos severas.

Venezuela tiene una de las más grandes reservas de agua dulce del mundo: 1.320 km3, lo que quiere decir 60.300 metros cúbicos de agua per cápita.

Es muchísimo.

La mayor parte de esa agua, sin embargo, se encuentra separada de las grandes metrópolis del norte del país, pues la contiene el cauce del Orinoco y sus afluentes, el cuarto río más grande de Sudamérica y el nº 40 en el mundo.

No solo es una reserva de agua asociada a una enorme reserva de árboles –y por tanto de oxígeno– sino que el Orinoco y los ríos que le alimentan, como el Caroní, son también muy caudalosos.

Y el caudal de esos ríos es el que provee la electricidad gracias a la cual puedes leer este artículo y conservar la comida en la nevera.

La deforestación es bastante grave en el sur de Venezuela donde los mineros ilegales ya han entrado hasta en los parques nacionales. La deforestación disminuye las lluvias y el caudal de los ríos.

Según organizaciones ecologistas entre 2010 y 2013: el país perdió 1.742 kilómetros cuadrados de bosque sumados a 1.521 kilómetros cuadrados que resultaron devastados entre 2005 y 2010. Adicionalmente Venezuela sería la única nación de la Amazonia donde se observó una tendencia al incremento de la deforestación.

Y como las sequías son más severas debido al calentamiento global, la minería en el sur del país, amenaza con disminuir el caudal del Caroní y, por consiguiente, la capacidad de la represa de Guri para iluminarnos.

Además la minería a cielo abierto, sobre todo la modalidad ilegal, libera sedimentos en el caudal (arena, piedritas, etc.), que pueden acumularse en Guri y dañar las turbinas.

Y ese sí que sería un desastre apocalíptico. Solo pensarlo asusta.

Patio Trasero

Así que la explotación del Arco Minero, aunque no lo parezca, puede ser el asunto más polarizante de la política venezolana.

Para el chavismo leal los que la denuncian son, en el peor de los casos, hippies y soñadores pequeño burgueses funcionales al imperialismo. En el mejor, idealistas bien intencionados sin ideas prácticas para superar la crisis.

Para el chavismo disidente, y muchos en la izquierda y el centro, en el peor de los casos la explotación del Arco es una abierta traición al legado de Hugo Chávez o la prueba de que antiimperialismo y ecologismo nunca pasaron de palabras vacías. En el mejor un nuevo traspié de un gobierno que ni tiene idea de cómo romper con el extractivismo y el rentismo ni tampoco quiere hacerlo.

Pero sea como sea, ambas posiciones tienen sus puntos fuertes e igual terminan en un impasse:

  • En medio de una grave crisis Venezuela no puede darse el lujo de desperdiciar una fuente de dinero como esa, sobre todo si ya, de hecho, está siendo explotada y sacada del país. Esto igual deja preguntas ¿y entonces cuándo Venezuela vivirá de producir valor agregado en la industria, los servicios o la tecnología?, es decir, ¿cuándo vivirá de la virtud y no de la fortuna, de la suerte de tener riquezas bajo el subsuelo? ¿Cómo evitar que el colapso de los ríos de esa región arrastre a la producción de energía eléctrica? ¿Qué del ecocidio que está ocurriendo? ¿está preparado el gobierno para una crisis futura en Gurí?
  • Crisis o prosperidad, nunca parece haber un buen momento para romper con el extractivismo y el rentismo: parece que, aunque hablan de superar el rentismo las dirigencias políticas solo se preocuparan de cuán grande es la reserva de esto o de aquello. Pero queda la pregunta: ¿de dónde sacar más recursos para financiar nuevos sectores de la economía sobre todo ahora que estamos en un bloqueo financiero?

En este punto nadie tiene respuestas sobre eso, pero es un hecho que una crisis ecológica en la cuenca del Caroní no solo amenaza el ecosistema del Orinoco sino la vida en las ciudades del eje norte costero que, de paso, no tienen tantas fuentes de agua dulce como las del sur.

Esa polarización entre el norte del país, menos extenso y con mucha más población y el sur, vasto y poco poblado, es una que se toma poco en cuenta. ¿Es el sur de Venezuela que mira hacia la Amazonia el patio trasero de la Venezuela urbana que mira hacia El Caribe? ¿El Cuarto Mundo dentro del Tercero? ¿Es otro caso del “colonialismo interno” del que se hablaba a propósito de regiones como Chiapas?

Y si no lo es ¿qué beneficios concretos de la explotación de esa riqueza recibirá esa región, ahora azotada por la malaria, el crimen violento y problemas de servicios públicos?

¿Cuándo exactamente empezará a recibirlos?

En ese contexto tal vez un nuevo tipo de conflicto político se está gestando: entre bases políticas y organizaciones populares o ciudadanas que, aunque muchas veces ingenuas o románticas, demandan políticas multisectoriales y de largo plazo que prevengan crisis anunciadas y dirigencias políticas que se enfocan ante todo en dar respuestas coyunturales y sectoriales a crisis que ya se han desatado.

En más de un sentido en el sur del país se juega el futuro de Venezuela.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado