Ataques con pulso electromagnético no son pura película

“Es como una bomba, pero sin la bomba”. Así explica el personaje de Basher (Don Cheadle) a su jefe Danny (George Clonney), en la película Ocean’s eleven (La gran estafa), qué es el Pulso Electromagnético (PEM), la mejor herramienta para dejar sin electricidad a todita la ciudad de Las Vegas y así poder perpetrar el robo de los tres casinos de su archienemigo Terry Benedict (Andy García).

También hablan de PEM en The Matrix; de hecho, su uso es medular durante toda la trilogía, que justamente se basa en la lucha de los últimos humanos en contra de las computadoras, que se han sublevado y tomado el control del planeta.

“Es nuestra única arma en contra de las máquinas”, le dice Trinity (Carrie-Anne Moss) a Neo (Keanu Reeves), el protagonista en la primera parte de la primera película.

Para comprender en palabras sencillas qué es el PEM podemos seguir citando ambas referencias cinematográficas. “Inutiliza los sistemas eléctricos dentro de su radio de acción”, expone brevemente Trinity antes de accionar el dispositivo de su nave y así desactivar los robots que los atacan.

Basher lo dibuja con más detalle: “Crea una especie de ataque cardíaco a todo circuito eléctrico. Cuando una bomba nuclear se detona emite un pulso electromagnético que apaga toda fuente de energía que esté en su radio de acción. Eso en la mayoría de los casos no importa porque igual la bomba atómica destruye todo lo que está a su paso que necesita energía para funcionar. Pero un Pinch [que es como él llama al aparato generador del PEM] genera un pulso electromagnético similar sin el escándalo, la destrucción y la muerte de la bomba atómica, en vez de eso solo volvemos al siglo XVII”.

Hoy recordamos esas dos piezas hollywoodenses junto con aquella frase que popularizó hace varios años un canal de cable y que más o menos decía: “Pasa en las películas, pasa en la vida”; o mejor, la sempiterna: “La realidad supera la ficción”. Porque justamente una de las sospechas que hay sobre lo que pasó con el sistema eléctrico venezolano y que causó el apagón que hemos sufrido durante estos últimos días, es la activación de un ataque con PEM.

Lo denunció el presidente Nicolás Maduro, y antes de eso, muchos opinadores y expertos ya se habían aventurado a lanzar la hipótesis sobre el uso de esta herramienta por parte de los saboteadores.

Tal como explicó Maduro, la agresión vino a través de dos vías: la primera un ataque cibernético al sistema computarizado de Corpoelec tanto en el Guri como en Caracas, la segunda a través de la vía electromagnética, mediante dispositivos móviles, interrumpiendo los procesos de recuperación. Es decir, con la activación de un PEM.

Suena a ficción, pero es perfectamente factible. Hasta Wikipedia tiene una entrada titulada “Ataque de pulso electromagnético” que data de 2010 y fue editada por última vez en abril de 2018, donde enumera las características, metodología y equipamiento necesario para la operación.

Los gringos lo saben

El uso del PEM como arma de guerra no es una idea descabellada. Los Estados Unidos ya han hablado de eso. Han dicho que pueden hacerlo y hasta han especulado sobre las consecuencias.

De hecho, Wikipedia califica la operación con PEM como un “método de ataque militar”. Cuenta la enciclopedia que el descubrimiento del PEM fue accidental, y ocurrió haciendo pruebas atómicas en los años sesenta.

“Las posibilidades de este fenómeno son inmensas. Los ingenieros militares se dieron prisa en desarrollar artefactos que maximizaran dicho efecto. Una bomba PEM detonada cerca de fuerzas enemigas dejaría todas sus defensas y contramedidas en tierra, inmovilizadas (…) Pero esta no es la única estrategia posible. Existe lo que se llama Ataque de Pulso Electromagnético de gran altitud o HEMP,67 capaz de paralizar un continente entero con un solo disparo”, reseña la entrada.

En 2018 salió a la luz un documento que hoy circula libremente en la red y que habla sobre las consecuencias de un ataque con PEM. El reporte se titula “Electromagnetic Defense Task Force” (“Grupo de Trabajo de Defensa Electromagnética”), y está editado por el Centro Curtis E. LeMay para el Desarrollo de Doctrina y la Educación, adscrito a la Fuerza Aérea de EE.UU.

El documento indica que con un ataque a partir de PEM es posible deshabilitar el sistema eléctrico de un país por un largo período de tiempo, incluso dice que la recuperación total del daño podría llevarse hasta 18 meses. Ya entrando en el campo especulativo, dice el reporte que una consecuencia instantánea será una rebelión popular “en horas”.

También señala que para EE.UU. establecer un protocolo de defensa contra este tipo de ataques debe ser asunto de máxima prioridad. Porque resulta que, al parecer, así como se ha avanzado en la investigación sobre cómo perpetrar una agresión de este calibre, no ha avanzado así en el desarrollo de un sistema de seguridad preventivo ante el mismo, que alerte o bloquee. Es decir, hasta donde se sabe estamos todos igualmente vulnerables ante una arremetida militar con PEM.

Una nota de BBC Mundo publicada en 2017 titulada “Qué es CHAMP, el proyecto de armas de microondas de alta potencia con el que Estados Unidos pretende defenderse de los misiles nucleares de Corea del Norte”, también señala que los gringos tienen rato experimentando con las ondas electromagnéticas.

En el reportaje entrevistan a Sharon Weinberger, editora jefa de la revista Foreign Policy, quien le explica al medio de comunicación británico que la Fuerza Aérea de EE.UU. ha investigado y utilizado el potencial de estas armas durante las últimas dos décadas.

“De hecho, de acuerdo con la experta, equipos militares que realizan bombardeos electromagnéticos fueron utilizados en Afganistán e Irak con el objetivo de desactivar bombas y drones”, indica el trabajo.

El caso es que la evidencia científica e histórica no es escasa como para pensar que una agresión de este tipo es solo materia de ciencia ficción. Lo hemos visto en películas, ahora quizá lo estamos viviendo en carne propia.

Por Rosa Raydán / Supuesto Negado