Aumentos de salarios pasan a segundo plano mientras la inflación continúa

En seis años de Gobierno, el presidente Nicolás Maduro ha anunciado más de veinte aumentos salariales. De esos, seis ocurrieron durante el año 2018: enero, febrero, abril, junio, septiembre y diciembre. Se trata de una medida para tratar de hacer frente a la hiperinflación, que en principio, obedecía al crecimiento desproporcionado del llamado dólar paralelo, referencia de los comerciantes venezolanos.

No obstante, hasta ese marcador quedó atrás frente a los precios de los productos y servicios en el país. No existe superintendencia alguna capaz de poner control a los precios, ya nadie recuerda los productos ni los precios acordados que fijaron hace apenas cinco meses el Gobierno, los productores y distribuidores.

El último fin de semana de febrero, la encuestadora Hinterlaces publicó su estudio mensual de inflación, según el cual, la canasta básica sufrió en enero una inflación de 296,14%, con una inflación acumulada desde el anuncio del nuevo cono monetario de 10.970%.

Según los datos ofrecidos por la encuestadora, la canasta básica se ubica actualmente en 552.845,86 bolívares (incluyendo la canasta alimentaria y productos básicos de aseo personal). No obstante, el salario mínimo está ubicado en 18 mil bolívares, tamaña brecha.

¿Será suficiente un aumento de salario?

El anuncio más reciente fue emitido el pasado mes de enero, durante la presentación del mensaje anual a la nación, desde la Asamblea Nacional Constituyente, para comenzar a ejecutarse a partir de la segunda quincena de enero. Las instituciones públicas, en su mayoría, han estado aplicando una jugada de adelantar las quincenas, pero ni así ha sido suficiente.

Miguel Suárez es operador de sonido en un canal de televisión desde hace tres meses. Gana sueldo mínimo, más un bono de alrededor de tres mil. El beneficio de ticket de alimentación, ya ni lo cuenta entre sus ingresos porque no le sirve para nada. Suárez comentó a Supuesto Negado que su última quincena de febrero fue pagada el pasado 22 de febrero. Compró cuatro mil Bs. de mortadela y cuatro mil de queso. Fue todo lo que pudo llevar a su casa, para su mujer y tres hijos.

Solía asustarse cuando anunciaban aumentos de salario, porque sabía que de inmediato se disparaban los precios, “pero ahora ya no esperan ni siquiera los anuncios, aumentan de un día para otro.. Es más, hasta el mismo día te aumentan los precios de una hora a otra”, relató.

Antonio Castro es comerciante. Tiene un centro de comunicaciones en el que ofrece servicio de impresión e internet, dentro de una universidad privada. En entrevista para Supuesto Negado, narró que hasta hace unos cinco años hacía semanalmente unos siete millones de bolívares, actualmente no llega a cien mil, de los cuales debe pagar electricidad, patente, impuestos e insumos. “Una resma de papel te la quieren vender en 60 mil soberanos, el tonner en dólares, es casi imposible. Lo que hago me da para mandarle dinero a mi mamá en Maracaibo, pagar la universidad de mi hija y ya”, a la pregunta sobre cómo se mantiene, responde que sí, se mantiene, “como dos veces al día, los únicos días que como bien son los domingos que descanso en mi casa y me alimento bien”.

Lo paradójico, es que en medio de estos escenarios aún se ven las licorerías llenas de gente los fines de semana, centros comerciales y lugares de comida rápida, donde el costo por un plato ya se lleva el salario completo. Qué decir de otros lujos.

La mayoría debe sobrevivir redoblando jornadas de trabajos, con los llamados “tigres”, trabajos a destajo, ventas de garaje, y un gran número de familias que recibe remesas del exterior, por parte de familiares que han salido del país buscando mejoras económicas.

A pesar de todo este escenario, el jefe de Estado ha abandonado casi por completo la vocería económica. Sus apariciones públicas este mes se han centrado en hablar sobre el golpe de Estado y las intenciones de invasión por parte de Estados Unidos, la denuncia de las agresiones contra Venezuela y otros temas ligados a lo político.

La población no sabe qué esperar, sabe que un aumento de salario tendrá poco impacto, porque la pauta la dictan los comerciantes, al poner a sus productos el precio que quieran sin ninguna limitación.

Lo que esperan son acciones contundentes.

Por Jessica Sosa / Supuesto Negado