¿ES EL BITCOIN TAN MALO COMO LO PINTAN?

bitcoin

Con las recientes sanciones de EE.UU. y Canadá, el gobierno nacional ha emprendido una serie de audaces jugadas para reemplazar al dólar como divisa de intercambio. Las primeras de esas medidas han terminado con la asignación de dólares para las importaciones, reemplazados ahora por yuanes y rublos.

La propuesta de la cesta de monedas, de por sí sorpresiva, fue acompañada de una sugestión de que eventualmente podría utilizarse el bitcoin como divisa. Aunque esto fue dicho de pasada, es otro signo más de cómo las monedas digitales, de las que el bitcoin es la más importante, pasan a primer plano.

Pero ¿qué son las monedas digitales?, ¿qué es el bitcoin?, ¿podría eventualmente ser usada como divisa por los gobiernos?

Monedas digitales

Como dijimos en otro artículo, las monedas emergieron hace mucho tiempo (el neolítico probablemente), tal vez como medios de intercambio, tal vez como medida de las deudas. Originalmente mercancías como los cereales y granos (arroz, maíz, cacao, trigo) servían como moneda, pero a medida en que surgieron grandes rutas comerciales se inventaron medios de pago que fueran fáciles de transportar: así surgieron las monedas hechas de metales preciosos y, mucho después, los billetes, cheques y letras de cambio, creados para hacer más rápidas y sencillas las operaciones comerciales.

Pero, evidentemente, nada es más veloz que el movimiento de información en las redes telefónicas o de Internet, y por eso las monedas se han ido digitalizando desde los años ochenta, es decir, se han convertido en simples bits.

Desde el nacimiento del Internet, muchos se plantearon crear sus propias monedas digitales para hacer intercambios privados. Una de las primeras fue E-gold, creada en 1996 y respaldada por el oro, seguida de Liberty Reserve, del 2006, que permitía a los usuarios convertir dólares a euros, e intercambiarlos libremente con cargo del 1%. Ambos servicios fueron unificados posteriormente y luego prohibidos por el gobierno de Estados Unidos, pues, se decía, se usaban para el lavado de dinero.

Durante siglos, el acuñar moneda había sido una prerrogativa de los soberanos, prerrogativa que, en tiempos modernos, ejecutaban los bancos centrales. Al nacer una red global de comunicaciones que ningún Estado en particular controla se hizo posible no solo que los particulares acuñaran monedas sin falsificar (pues, operan fuera de las fronteras nacionales), sino un intercambio monetario global, más allá de las fronteras nacionales.

El principio para esto es muy simple: ofrecer un signo monetario que pueda ser almacenado en la red y circular por ella. Como con cualquier otra moneda, en la medida en que la moneda digital es más o menos demandada, su valor aumenta o disminuye.

Pero eso crea muchísimos problemas: ¿cómo asegurarse que no se manipule la cantidad de moneda digital para hacer subir o bajar el precio? ¿Cómo se evita el equivalente digital de la falsificación? Por eso, hasta el 2008, todos los pagos digitales con cualquier tipo de moneda eran supervisados por entidades financieras reconocidas o firmas comerciales.

Pero ese fue el año en que la red empezó a independizarse no solo de los Estados, sino de los mismos bancos: la causa de esto fue, junto a las Fintech (empresas de tecnología financiera que operan aparte de las instituciones bancarias), uno de los inventos más complejos e inquietantes de los últimos tiempos: la primera moneda extra-estatal y extra-bancaria.

Anarcomoneda

Al bitcoin no lo respalda ningún gobierno y se puede usar en cualquier transacción comercial dentro o fuera de la red. Es una invención de un desconocido con el pseudónimo Satoshi Nakamoto, que en 2008 publicó un artículo en el que describió el protocolo bitcoin. Este es, simplemente, una serie de reglas y procedimientos que permiten el funcionamiento de esa moneda:

  • 21 millones: la cantidad de unidades nunca podrá exceder los 21 millones de bitcoins.
  • Sin censura: nadie puede prohibir o censurar transacciones válidas.
  • Código abierto: el código fuente de Bitcoin siempre debe ser accesible para todos.
  • Sin permiso: nadie puede impedir la participación en la red.
  • Seudoanónimo: no se requiere identificación para participar en la red Bitcoin.
  • Fungible: cada unidad es intercambiable.
  • Pagos irreversibles: las transacciones confirmadas no pueden ser modificadas ni eliminadas. La historia es imborrable”.

Los intercambios se hacen mediante redes p2p (persona a persona). Estas son las mismas redes mediante las cuales se hacen las descargas de torrents: si alguien quiere ver una película, entonces, usa un programa como bittorrent para bajar un archivo llamado torrent que le comunica con varios usuarios que tienen la película y se la descargan desde sus computadores personales. Con el bitcoin se usa el mismo procedimiento: los intercambios se hacen entre las computadoras personales sin pasar por una instancia o autoridad central, por eso se le ha llamado “el internet del dinero”.

Pero ¿cómo se evita la falsificación?, pues usando la criptografía, es decir, un código secreto que poseen todos los bitcoins y demuestra su autenticidad, igual que los sellos de los billetes tangibles. Al transferirse bitcoins, el programa se asegura que los bitcoins transferidos estén debidamente codificados, es decir, que hayan sido fabricados dentro de la red bitcoin y de acuerdo a sus reglas. Es una labor compleja a la que se le llama “minería”, a la que se dedica gente que cobra por realizarla.

En la página “oficial” Bitcoin.org describen así al protocolo:

Desde la perspectiva del usuario, Bitcoin no es más que una aplicación móvil o de escritorio que provee un monedero Bitcoin personal y permite al usuario enviar y recibir bitcoins con el (…). Detrás de las cámaras, la red Bitcoin comparte una contabilidad pública llamada “block chain”. Esta contabilidad contiene cada transacción procesada, permitiendo verificar la validez de cada transacción”.

Leyenda negra

Como todo lo que da nuevas libertades, el bitcoin también trae grandes peligros: la gente común lo puede usar para hacerse más fácil la vida (se usa sobre todo para comprar y vender equipos electrónicos), pero también es la moneda preferida en la dark web y, obviamente, un procedimiento muy sencillo para lavar dinero y financiar actividades ilegales o criminales.

Sin embargo, la mayoría de las transacciones de este tipo son completamente inocentes y el bitcoin en sí no es una herramienta más riesgosa que, por ejemplo, el dinero en efectivo.

Pero siendo una anarcomoneda completamente autónoma, no extrañe que los economistas desconfíen de él, tanto por razones políticas (es decir, por la resistencia a aceptar que una moneda no sea gobernada por los Estados o los bancos), como por una evaluación de los riesgos.

La red bitcoin ha crecido rápidamente en Venezuela, según el diario The Guardian pasó de 450 usuarios en agosto de 2014 a más de 85.000 en noviembre de 2016. Aunque no es de curso legal en el país, desde hace tiempo algunos economistas creen que podría convertirse en una alternativa para las transacciones electrónicas, y ha habido indicaciones de altos funcionarios a este respecto.

De hecho, el bitcoin funciona más como un producto o una “commodity” que como una divisa, es decir, es un “valor refugio” como el oro: con ambos ahorras y proteges tu ahorro de la inflación. Por ahora, con el aumento de la demanda en China y la depreciación del yuan, el bitcoin superó los US$1.000, pero el bitcoin es muy volátil y nada garantiza que su valor no se desplome.

Esto, sin embargo, no es tan distinto de los riesgos que implica cualquier inversión o ahorro en monedas, commodities, etcétera.

Otro asunto distinto es el de la “minería”, es decir, montar equipos para validar bitcoin y cobrarle a los usuarios por el servicio. De hecho, muchos consideran que nuestro país ya es una especie de “paraíso” para el minado de bitcoin, actividad que, hasta ahora, el gobierno ha visto con desconfianza.

Si los gobiernos pueden, hasta cierto punto, reapropiarse del bitcoin usándolo como moneda de reserva o para ciertas transacciones, es algo que está por verse. Un gobierno podría ingresar sus propias computadoras a la red y usarlo como moneda de reserva y hasta de compra, jugada que podría tener sentido para países que, como Venezuela, son objeto de sanciones, pues el bitcoin opera fuera del sistema bancario y financiero tradicional.

Aunque las fintech, o tecnologías financieras, ya están amenazando con desplazar a los bancos como sistemas de pagos y de financiamiento, de pequeños y medianos emprendimientos, solo en los próximos años sabremos si monedas digitales como el bitcoin y otras fintech serán suficientemente sólidas y confiables para ser usadas en operaciones financieras masivas como las que realizan los gobiernos y las grandes corporaciones.

Si es así, entonces estaremos, efectivamente, ante una completa revolución del mundo financiero.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado