BLACK PANTHER: LA JUGADA POLÍTICA DE DISNEY Y MARVEL

Es un hecho, Black Panther (Pantera Negra) no solo es la película más exitosa de Marvel Studios y de su propietaria, el coloso Disney: es la tercera película más taquillera en Estados Unidos y Canadá, superando a Titanic.

Con 665.4 millones de dólares queda solo por debajo de Star Wars: El despertar de la Fuerza (936.6 millones) y Avatar (760.5 millones).

Que una superproducción de Hollywood gane mucho dinero no es sorprendente. Lo es que este éxito sea con una película abiertamente política que exalta la negritud y el black power.

O tal vez no es sorprendente…

¿Qué tal si el hacer filmes politizados, supuestamente subversivos, se ha vuelto todo un negocio?

El efecto avatar

Entre la gente que se considera de izquierda todavía tienen mucho peso las teorías de autores como Matterlart.

Según Mattelart una película como Avatar, con un mensaje ecologista donde los buenos son los indios y los malos los marines y las corporaciones es imposible.

Según su teoría, hecha al calor del golpe chileno, Hollywood solo produce películas alienantes que justifican los valores del imperialismo y del capitalismo.

¿Entonces por qué Avatar, Black Panther, Matrix y otros éxitos similares exaltan las rebeliones y la subversión?

Es fácil: Hollywood puede hacer dinero de cualquier tema que interese a la gente.

El inmenso éxito de Avatar, que mezclaba lo más fantástico con los temas más cercanos y terrestres del mundo, es incomprensible para mucha gente que sigue las viejas teorías de la comunicación.

Pero tanto el público como las grandes corporaciones sí entienden de qué se trata el negocio en nuestros tiempos: el público no es pasivo y no se cree todo lo que le dicen.

La política vende

El arte de ganar millones en la taquilla no es tan diferente del de ganar una elección o construir un partido: tienes que ganarte a esa gente y enamorarlo de una franquicia o de una marca para que la siga.

Una vez logrado eso, no solo comprarán lo que vendas, sino que harán la publicidad por ti.

Mas para enamorarlos tienes que decirle algo que signifique algo para ellos. Capturar su imaginación tanto como sus creencias y preocupaciones.

El negocio del entretenimiento se parece menos a un supermercado que a una campaña electoral perpetua. Y Disney está ganando esa campaña.

Pantera Negra

Pantera Negra fue creado por Jack Kirby, un dibujante neoyorkino que creó casi todo el Universo Marvel que hoy genera billones de dólares.

Le pidieron crear un superhéroe negro y, en medio de los 60, él lo hizo con uno del que los afroamericanos se pudieran sentir orgullosos: rey de una nación jamás colonizada en el centro de África, genio, guerrero, chamán, descendiente del rey Salomón.

Eso no era raro en un momento en que los personajes de Marvel eran abrazados por la contracultura.

Continuado luego por artistas como Don McGregor y Billy Graham, que le pusieron a luchar contra el Klu-Klux-Klan, Pantera Negra siempre fue uno de los personajes más políticos de Marvel, la personificación de la idea del Black Power.

De hecho, meses después de que Kirby lo inventara, surgió el Black Panther Party, una de las más importantes organizaciones de izquierda de ese país.

Pero el potencial de Black Panther para movilizar al público negro no fue usado plenamente sino hasta que Disney decidió usarlo como arma en la guerra cultural entre liberales y conservadores que se libra en los EE.UU. 

Política de la identidad

Black Panther trata de la subida al trono de T’Challa, que desciende de un linaje de guerreros-chamanes llamados Pantera Negra, reyes del país de Wakanda, el más avanzado y próspero del mundo (aunque nadie lo sabe).

Pese a sus riquezas y poder, Wakanda no hace nada por los afrodescendientes del resto del mundo y Erik Killmonger, el primo de T’Challa abandonado en los EE.UU, aparecerá para rebelarse contra T’Challa y llevar a Wakanda a una guerra para librar a los descendientes de africanos del mundo de la opresión…

El filme trata, básicamente, de las visiones de los dos héroes (porque ambos lo son a su modo) de cómo liberar a los africanos.

No, esta no es el tipo de trama que muchos esperan de una superproducción de Hollywood.

Mas para Disney es la jugada más sensata del mundo porque, al hacer una película sobre la negritud, con actores negros, sobre África, llena de orgullo por todo lo africano se meten en el bolsillo a la tercera parte de la población de los EE.UU.

Y ni hablar de los afrodescendientes de Brasil y el Caribe y de los mismos africanos que han ido a ver en masa la imagen de un África próspera y fuerte.

Así, Black Panther, que sin ser una gran película tiene una calidad, es muy superior a otros filmes de Marvel, tenía todo lo necesario para ser el éxito de taquilla en que se convirtió atrayendo a diferentes públicos: fans de Marvel, africanos y afrodescendientes, fanáticos de la ciencia ficción y el cine de acción.

Junto al Último Jedi, Black Panther es la gran apuesta política y financiera de Disney: sacar dinero y provecho político de las Cultural Wars.

Porque Black Panther no solamente es una jugada para ganarse la lealtad –y el bolsillo– del público negro sino una declaración contra Trump y los republicanos.

Cultural Wars

Que Estados Unidos tiene un problema racial y social es evidente por muchas razones: pasaron de un presidente negro, hijo de un Keniano, a un billonario blanco y rubio.

Aunque el presidente negro no hizo mucho por los de su color y persiguió a los emigrantes, Obama representaba muy bien la propuesta de los demócratas: el multiculturalismo.

Ante la imposibilidad de hacer cambios reales en la economía, el sistema de justicia y la desigualdad, el multiculturalismo se legitima reivindicando a las minorías como los gays, las mujeres, los negros, etc.

Enfrentados en una terrible polarización, los demócratas tratan de usar ese discurso para ganarse a las masas urbanas de las grandes ciudades de las dos costas, mientras los republicanos a la población blanca, pobre y cristiana del centro del país.

Como ninguno está dispuesto a ofrecer mucho –ni siquiera lo que hay en otros países desarrollados como educación y salud públicas y gratuitas– los temas identitarios y culturales toman una gran relevancia.

Y no es que no la tengan –el racismo, xenofobia y homofobia son reales– pero reemplazan por completo a los temas sociales y las diferentes divisiones entre las clases sociales.

Es en ese contexto que las glamurosas estrellas de Hollywood se han convertido en los rostros del movimiento me too, denunciando los abusos sexuales y en el que Beyoncé y Jay Z han tratado de apropiarse de los símbolos del Black Power.

Las franquicias

Así que, aunque políticas, películas como Avatar o Black Panther si son parte de ciertas estrategias, aunque mucho más complejas que las que denunciaba Matterlart.

La ventaja de Hollywood en la lucha cultural planetaria (no solo en la de los EE.UU) está en que ha entendido que las ficciones, incluso las más fantásticas, no son formas de escapismo, sino que reflejan los problemas reales.

Esto les ha permitido entretener, encantar, y también enviar un mensaje político, a diferencia de la obsesión de la izquierda con los documentales, la seriedad y el realismo.

Al fin y al cabo, en Black Panther se las arreglan para que un agente de la CIA quede como un héroe, se justifica la monarquía (que representa a las celebridades de Hollywood).

Como en Avatar, la gente aparece en segundo plano, opacada por los líderes y los famosos.

Por ejemplo, la película da la impresión de que Shuri, la hermana del protagonista, es la única científica de Wakanda y que no necesita ayuda de nadie…

Peor aún, las grandes franquicias están haciendo cada vez más difícil hacer películas sobre otros temas que no sean superhéroes o videojuegos y eso afecta no solo a los filmes más “realistas” sino a la ciencia ficción y la fantasía más seria que están buscando ahora su nicho en Netflix o la televisión por cable.

Pero mientras Hollywood continúa su lucha por capturar la imaginación del mundo, queda la pregunta ¿Cuándo América Latina entrará también en esa lucha? 

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado