[Editorial] Finalmente llegó el lobo y en Brasil celebran

El tiempo para señalar a Bolsonaro con infértil indignación de homófobo, racista, misógino o fascista ya pasó. Y con 54% de los votos a su favor, podría importarle menos cualquier señalamiento. En realidad nunca le importó, todo ese caudal de rabia fue alimentado por su propio discurso con una simple y sencilla finalidad: mantenerse siempre en la boca del electorado.

Mientras tanto, es buena hora para que las izquierdas (brasileras y continentales) se sacudan el sopor y empiecen a leer los resultados, a entender cómo cambió el panorama político en la segunda década del siglo XXI y, sobre todo, a alejarse de la llorantina denunciológica: ¿de qué vale seguir gritando que viene el lobo si ya llegó?

Por otro lado, tantos los actores políticos como los movimientos sociales de izquierda deben activar su olfato para ver cuál es el sentimiento con el que logró conectarse Bolsonaro (y otras derechas de la región) y que, sin duda estaba ahí en la población.  El mensaje del socialismo del siglo XXI caló durante un tiempo pero, ¿tal vez toque ahora pensar en un socialismo del siglo XXII?