JESSICA DOS SANTOS: UNA CRONISTA QUE PATEA CARACAS EN ALPARGATAS

“¿Y por qué Caracas en Alpargatas?” preguntó micrófono en mano, y con razón, una señora del público que no entendía la relación entre una ciudad tan caótica como la nuestra y la tarea de recorrerla mediante el bucólico calzado de los llanos venezolanos. Para recorrer Caracas, se imagina uno, se necesita más bien un escudo protector o un manto sagrado, y como no, “zapatillas por si hay problemas salir volao”.

Jessica Dos Santos Jardim se encargó luego de aclarar, con ese vozarrón sutil de locutora de radio caraqueña y profesora universitaria de apenas 29 años, que Caracas a ella la remite a un tiempo detenido en la nostalgia del campo, que se hilvana con el presente gracias a los acentos de los flujos migratorios que recibió a partir del boom petrolero. “Para recorrerla tenemos que hacerlo en alpargata, pero para entenderla uno necesita muchísimo más que bailar un joropo”.

Caracas

Era domingo en el parque Los Caobos, donde se desarrolló la 9na. Feria del libro de Caracas, y Jessica presentaba a su hija, una de las varias novedades editoriales que nos dejó el encuentro capitalino que permitió conmemorar los 451 años de fundación oficial de la ciudad.

Es un libro físico -un milagro en estos tiempos- a cargo de la editorial del Estado venezolano, El Perro y la Rana, que plantea una apretada síntesis de la ciudad de casi cinco siglos, repasando lo histórico y anecdótico con una prosa sencilla y a ratos lúdica, que se apoya en el recurso gráfico, y sobre todo, en la mirada documental del también periodista y fotógrafo “empírico” Albert Cañas, quien hace un esfuerzo por servirnos una ciudad sorprendente a través de los matices dramáticos que aporta la fotografía en blanco y negro.

Dos Santos, no precisamente de los Dos Santos de La Pastora, sino de la lejana y a la vez inmediata Madeira (Portugal) de donde son sus padres, se declara venezolana a rabiar, lo cual le da un tinte heroico a ese esfuerzo por cronicar la ciudad donde ha hecho una vertiginosa y radiante carrera como comunicadora, publicando sus textos en revistas como Épale Caracas y portales como 15 y Último y Desafío Constituyente, además de sus espacios en la Radio del Sur, lo que le ha hecho acreedora de dos menciones del Premio Nacional de Periodismo en 2016 y 2018, y un premio Aníbal Nazoa del Movimiento Periodismo Necesario.

¿Por qué escribir de Caracas?

Como muchos caraqueños, siempre he tenido una suerte de relación de amor-odio. Creo que de Caracas uno tiene la crítica de que es un espacio improductivo, que se dedica a los bienes y los servicios, donde la gente está muy metida en sus propias lógicas y tiempos, y eso dificulta que exista cercanía. Yo parto de que ni la ciudad ni el país son espacios geográficos así como así, sino que son lo que son a partir de las personas que las habitamos. A raíz de eso, me planteé que para bajarle al odio y subirle al amor uno tiene que empezar a entender la ciudad partiendo de que uno no ama plenamente lo que no entiende. Eso es Caracas en alpargatas: buscar cuáles son los orígenes de la ciudad, intentar entender por qué es como es y por qué los caraqueños somos como somos. Nos fuimos desde lo más viejo, desde por qué las avenidas se llaman como se llaman, cuáles son los árboles que tenemos, qué había antes en este lugar, hasta intentar llegar al por qué hoy tenemos a esta Caracas que fue fragmentada en dos, donde unos mal que bien tenían servicios y un estatus de vida y otros estaban arrojados a la montaña.

¿Lograste entenderla?

Yo creo que logré entenderla y en algunos instantes logré decirme a mí misma “¡epa qué dura fuiste, juzgaste de más a la ciudad cuando la ciudad es así por tales motivos!”. Y también llegué a sentir un poco lo que decía Cabrujas de que Caracas no es una ciudad que nosotros construimos, no es el sueño colectivo de nadie, Caracas es un espacio que está y nosotros llegamos a habitarlo y partiendo de allí, empecé a sentir eso, que de repente uno tiene que soñar con esa Caracas colectiva que sí se puede construir.

¿Y por qué Caracas es lo que es?

Desde que se empezó a construir Caracas, que no es igual que pensar Caracas, no se planteó a largo plazo -como creo que pasa ahora-. Se comenzó a construir en base al hoy y si acaso al mañana, pero no pensando en futuro, y eso devino en esa ciudad fragmentada que se dividió en este y oeste, superpoblada, donde hay tanta gente, que tiene los ritmos que tiene, centralista. Así uno empieza a entender un poco cómo funcionamos.

¿Qué recomendarías para entender la ciudad?

Mirarla de verdad y preguntarse esas cosas que a mucha gente le parecen absurdas: ¿qué había antes aquí?, ¿cómo era?, ¿realmente fue tal cual como la estamos viviendo ahora?, y a partir de eso creo que la curiosidad puede expandirse y se pueden dar cosas maravillosas. Pocas veces se aborda la ciudad así. Muchas veces, cuando se hace el abordaje de Caracas este, Caracas oeste, se hace con el tinte politizado que tenemos ahora, y cuando se hace el abordaje de una posible Caracas turística, por ejemplo, se promocionan lugares pero no se promocionan historias. Creo que ese es un paso importante para entenderla y agarrarle cariño.

¿Qué consideras más destacable de Caracas?

Caracas todavía conserva muchísimo la nostalgia del campo y creo que ese es su plus. La ciudad tiene todo lo que trajeron las personas que se vinieron con el denominado boom petrolero -que se analiza siempre desde lo económico y poco desde lo cultural-, pero tiene todas esas tonalidades que le dieron los que llegaron, al igual que esa migración de los que vinieron desde afuera de Venezuela. Por ejemplo, la Caracas de Los Símbolos tiene una arquitectura que va de la mano de lo italiano. La Candelaria tiene unos toques de lo canario, lo español. Igual cuando vamos viendo la Caracas marginada, uno va encontrando todos esos elementos que la gente trajo consigo y empezó a formar parte de la ciudad. Los caraqueños tenemos esa mescolanza, aunque digamos que uno es caraqueño de pura cepa. Es una fusión, un lugar donde se hizo el amor y surgió Caracas. Yo creo que aquí hay una mixtura muy sabrosa, contrario a lo que algunos puedan decir, con los elementos de todos los estados de Venezuela, y eso, para mí, que soy una venezolana enamoradísima, la hace mágica.

¿Qué es lo más detestable de Caracas?

Uyyyy, yo creo que no hayamos podido recortar algunas brechas. Hay brechas que debemos recortar como caraqueños y en la forma de vernos entre nosotros mismos. Eso es algo en lo que tendríamos que trabajar.

¿Esta ciudad de hoy, caótica, violenta, con tan grave crisis de servicios, qué podrá generar?

Yo digo que lo más duro de lo que estamos viviendo, aunque no nos detengamos mucho a pensarlo, va a ser los efectos que nos va a dejar a largo plazo. No solamente los efectos económicos de cómo recuperar la industria petrolera, cómo hacer con la hiperinflación, sino los efectos que está dejando en cada uno de nosotros, y creo que eso tiene una gravedad muy profunda. Desde las personas que se están yendo hasta las que están abandonando sus trabajos que aman con pasión pero que ya no le son rentables. Desde esos chamos que terminan en una suerte de deserción escolar. Todas esas cosas nos van a dejar consecuencias futuras, y creo que eso es grave. Caracas lo vive mucho porque es la capital, donde se mueve todo. Eso me da un temor increíble. Allí hay un trabajo bien arduo que nosotros tenemos que ver.

¿Quiénes nosotros?

Si, bueno, uno a veces tiene una mixtura cuando habla de ‘nosotros’ porque uno se ha asumido parte de un proyecto político. A veces, cuando hablo de nosotros me refiero al pueblo, el poderío popular, pero a veces, sin darme cuenta, me refiero a nosotros proyecto político, pues creo que deberíamos realmente todos abocarnos a esos retos que representan lo que estamos viviendo. Uno de mis últimos escritos es sobre ese extraño regalo que le están haciendo a la ciudad de Caracas de demoler todas las aceras y arreglar cosas que realmente no estaban en tan mal estado. A Caracas la agarró este aniversario así, en vez de soplar velas uno está soplando el polvo de todas esas aceras que están picando, que los trabajos ni siquiera se han terminado y eran supuestamente para ofrendar este aniversario. Caracas requiere otro tipo de mirada, unos trabajos que sean mucho más estructurales, y requiere volver a ser abordada como una ciudad en su conjunto. Una de las cosas que más me atrapó de ese proyecto político llamado “Chávez” era que las cosas no se pensaban como elementos aislados, sino de forma concatenada. Se intentó construir una ciudad que fuera mucho más amable y que nos dejara tiempo para ese ocio liberador, como lo llamaba Chávez. Eso lo hemos perdido. Te confieso que cuando estaba con Caracas en alpargatas, llegué a decirme a mí misma “bueno Jessica tu metida en esto, tan alegre, y la gente con tantos rollos, la situación tan difícil, tú no estarás cayendo en una banalidad, cuando la sintonía está en otra cosa”, y me hice un cuestionamiento serio y me sentí mal, pero dije: ‘bueno, incluso en medio de la situación que estamos viviendo, tener memoria histórica es importante, leer la ciudad así, año por año, ir viendo todo lo que ha ocurrido, nos va a ayudar a ver cómo se hace’.

Todavía es salvable

También es protagonista del libro. Una especie de padrastro de la criatura. Albert Cañas fue encargado por Yanuva León (editora) y la presidenta del sello editorial, Katherine Castrillo, a acompañar el texto de Dos Santos con su particular mirada gráfica.

Está en una búsqueda documental y personal, intentando desmontar el automático que todos llevamos encima para mirar la ciudad con fascinación primeriza, como hacen los poetas. “La gente no percibe porque está apurada”.

¿Qué tiene Caracas que nos enamora?

Yo siento que Caracas es una ciudad llena de diversidad y nos hace enamorarnos, uno la vive de muchas formas. A veces uno la quiere, a veces uno la odia, pero uno está enormemente impregnado de esa ciudad y quien va al interior de Venezuela puede darse cuenta de que no hay otra ciudad que se viva tan intensamente como se vive esta. Además de todas las emociones que te pueda despertar la historia de Caracas: pasearte por la Casa del Libertador te transmite algo, el Panteón, el Centro Simón Bolívar, las torres de Parque Central. Hay demasiados elementos que te hacen identificarte. Caracas es una ciudad de símbolos, de cosas que te marcan.

¿Y es una nostalgia?

Por eso mismo, es un mal necesario porque si no la tienes te hace falta, ¡mi Caracas! Una ciudad tan depinga a nivel de clima, de gente. Uno dice “verga, Caracas está llena de coñoemadres…” pero también hay gente que apuesta por esto, gente que está haciendo cosas, artistas con propuestas, gente que tú conoces y dices, verga esta ciudad todavía es salvable.

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Por Marlon Zambrano / Supuesto Negado