De las negritas a las tánganas: los Carnavales de Caracas

Si quieres liberar el estrés, sublimar la violencia y divertirte a lo grande, la noche de Sabana Grande te espera.


Cada generación ha tenido su Carnaval y los cambios son similares a los avances de los teléfonos celulares: cada versión tiene un periquito nuevo.

De las “negritas” en la Caracas de los techos rojos con soundtrack de Billos, a los disfraces de “El Zorro”, pasando por las bombas con agua y terminando en las actuales “tánganas”; el Carnaval de la capital es una expresión (a veces brutal) del tiempo que corre.

El intelectual venezolano Luis Britto García escribió sobre el Carnaval: “Una vez más el Carnaval que disfraza de infancia la vetustez de las ciudades. Vuelve cada doce meses el intento de no ser quienes somos siendo quienes jamás fuimos. La liberación sólo llegará cuando las cadenas tengan la levedad de bambalinas. Allá va el papel verde disfrazado de dólar (…) Se traviste la oleada terrorista de oposición democrática. Desfilan el asesino y el alcahuete pintarrajeados de defensores de derechos humanos. Allá desfilan esbirros maquillados de víctimas, sicarios travestidos de disidentes, descuartizadores trajeados de mártires”.

Más atrás

A comienzos de la Edad Media, la Iglesia Católica bautizó (como es su costumbre) la celebración pagana con una etimología sacada del latín vulgar carnemlevare, algo así como “abandonar la carne”.

Posteriormente, el ingenio popular propondría otra etimología: la palabra latina carnevale, que significa “adiós a la carne”.

Quizá el desenfreno de las fiestas viene de un origen que algunos historiadores atribuyen a las fiestas paganas, como las que se hacían en Baco, el dios romano del vino.

Bulevar

Lo cierto del caso es que en Caracas, en los últimos años, los carnavales han tomado espacios recuperados por el Gobierno, como el emblemático Bulevar de Sabana Grande, y allí, además de las comparsas ocurre un fenómeno poco conocido que supone una especie de “coñaza colectiva” donde vuelan botellas, latas y puñetazos como papelillos.

Hay quienes creen que esas batallas campales espontáneas derivan del uso de un producto, de amplia venta en los carnavales, al que todos llaman “Tángana“. Un spray que dispara una sustancia plástica y que se usa (básicamente) para estrellarla en el rostro del otro.

Al punto de que la entonces presidenta de Pdvsa-La Estancia, organización promotora del Carnaval y custodia del bulevar, llegó a declarar que esas fulanas “tánganas” estaban prohibidas.

Para el escritor y periodista José Roberto Duque, cogerla contra las tánganas equivale a actuar como en el viejo chiste que dice: una persona sorprende a su pareja fornicando con otro/a en el sofá, y para evitar que aquello se repita va y bota el sofá.

¡Tánnnnnganaaaa!

Duque analiza que “el carnaval, ese sabanagrandero de las batallas campales, es una expresión popular de la cultura urbana caraqueña, pero como no es financiable ni administrable; como no es susceptible de ser burocratizado, es más fácil criminalizarlo”.

Opina que se trata de la más genuina expresión del Carnaval caraqueño, porque mientras otras versiones “consisten en disfrazarse, ocultarse y simular, este evento consiste en lo contrario, en algo más que salir con la cara descubierta: pocos momentos nos descubren tan desnudos como cuando echamos para afuera las furias y la violencia, porque estallar de arrechera es desenmascarar los adentros, esos que la moral y las convenciones nos obligan a disfrazar”.

La prensa

Para los medios es simple violencia del lumpen. Los titulares expresan la total incomprensión de lo que ocurre:

“Así dejaron Sabana Grande durante los días de Carnaval”, dice El Nacional.

“Carnavales en Sabana Grande terminan con lacrimógenas e intentos de saqueos”, titula 2001.

“Caracas: Violencia disfrazada de Carnaval en Sabana Grande”, publica Reportero 24.

“Como cada año, tángana cierra carnavales en el Bulevar de Sabana”, reseña NTN24.

Agua no

Hoy en día, los baldazos de agua son sustituidos por una práctica que tiene varios nombre según el lugar donde se realice: La Piscina, El Pozo Fétido, El Charquito.

Se usa o se abre un hueco en la tierra o el asfalto. Se llena con agua (en menor cantidad), orines, pintura, harina, huevo y cualquier cosa que se diluya. Los que lo fabricaron esperan con paciencia que se acerque alguien “bien vestido” y lo arrastran sin misericordia alguna hacia esa fosa de putrefacción. Lo mejor es cerrar el pico e irse a bañar.

Violencia legítima

El escritor cree que esas tánganas o tradiciones no convencionales son un mecanismo de desahogo.

“La violencia que se drena en esas tánganas sin árbitro ni administración es energía que no se invertirá en asesinatos”.

Cultura popular

Seguimos creyendo que la cultura es algo que debe mostrarse en una tarima, en un anfiteatro, en un proscenio, y les negamos a ciertas manifestaciones de la cultura cimarrona, bravía y poderosa de nuestra gente la condición misma de expresión genuina de una herencia social.

El Estado jamás reconocerá ese tipo de manifestación popular como cultura. Quizá tenga que ver con que no hay forma de financiar ni de sacar provecho económico de ella.

Esas manifestaciones, producto de la violencia, no se terminarán con prohibiciones. “No se va violencia detrás de la pistola en los operativos de desarme”, asegura José Roberto Duque. Si a usted no le gustan… aléjese.

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Por Ernesto J. Navarro / Supuesto Negado