NI CHÁVEZ NI LEGRAND DEJARON COMER EN PAZ A MACRI

Hace unos días fue noticia la entrevista que la diva del cine y la televisión sureña, Mirtha Legrand, le realizó al presidente argentino, Mauricio Macri, y a la primera dama, María Juliana Awada.

Durante el almuerzo, que sirve como escenario al espacio televisivo, la presentadora arremetió sin protocolos contra el invitado mientras este se quejaba de las protestas que en los últimos días han sacudido a la república austral: “Yo creo que ustedes no ven la realidad”, repitió varias veces Mirtha.

Para muchos fue una sorpresa la posición crítica de Legrand, pues, durante la candidatura del mandatario la presentadora le había demostrado un apoyo categórico. Pero quedó claro que incluso una parte de la derecha tradicional está descontenta con el desempeño político del empresario.

Uno de los momentos cumbre de la entrevista, y donde más se evidenció la incomodidad del atragantado presidente, fue cuando la anfitriona del banquete le preguntó a su distinguido comensal cuánto ganaba un jubilado. Macri se vio obligado a improvisar y calculó mal. Fue obvio que no tenía ni remota idea.

Ante la vertiginosa caída de la popularidad del jefe de Estado, Legrand fue implacable: “¿Sabés cuándo creo que empezó, no quiero decir el derrumbe, pero al menos tengo que decir el descreimiento? Con las primeras facturas de luz”.

Hacía alusión al aumento general de tarifas, no solo eléctricas sino de todos los servicios: “Hay negocios que han cerrado, teatros… Hay gente que no puede pagar esas sumas extremas. Debería haber sido gradualmente. La electricidad, el agua, el gas…”.

“Hay que ser positiva”, replicó la primera dama en auxilio de su marido, pero la conductora del programa la silenció tajantemente: “Yo soy positiva, pero también soy realista”.

Chávez ya le había estropeado la mesa

Esta no fue la primera vez que Mauricio Macri tragó grueso en el programa “Almorzando con Mirtha Legrand”. En 2003, cuando todavía usaba bigote estilo Nazi y era candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el argentino trató de ganarse unos puntos buscándole pelea al presidente Chávez, quien también había sido invitado al programa.

El resultado fue aparatoso para el oligarca argentino. El porteño inició su diatriba criticando al presidente venezolano por el apoyo que manifestaba hacia su homólogo recién electo, Néstor Kirchner, dispuesto este último a derogar las leyes que protegían a los actores principales de la Dictadura y sus cómplices.

“Cuando hay una campaña todo el mundo quiere volver atrás para desviar la atención”, espetó Macri. Pero quien busca pelea por lo general la encuentra y la contundente respuesta del presidente Chávez lo fastidió:

“El pasado es parte del presente, no se puede olvidar toda la violencia, el pasado es terrible, todo el pasado fue nefasto, con el plan neoliberal, no se puede hacer abstracción de un pasado tan nefasto.”

Pero Macri decidido insistió, y cuando venía por más el comandante lo cortó mientras sonreía muy a su estilo: “No voy a caer en la tentación de un debate contigo”.

En aquella oportunidad salió en auxilio del defensor de la dictadura la misma Legrand que hace pocos días lo hundió públicamente: “Para gobernar bien, para que quepamos todos, la izquierda, la derecha, los pobres, los ricos, ¿qué tiene que haber?”.

“Yo soy muy cristiano”, respondió Chávez con tono definitivo, y continuó: “Está escrito en la Biblia, tú no puedes estar bien con Dios y con el Diablo”, y de este modo dejó a ambos sin palabras.

Lo que no se vio

Pero los entretelones de aquel programa también son interesantes. Resulta que el presidente Chávez estaba invitado al programa solo para una entrevista individual, pero luego Mirtha entusiasmada por los encantos del venezolano, lo invitó a sumarse a la mesa que estaba preparada como cierre de la campaña de Macri.

El entonces candidato a jefe de Gobierno se malcrió y amenazó con irse, pero la diva le replicó molesta: “Si se va, no vuelve a esta mesa nunca más”. Macri decidió aguantar su rabia y quedarse.

Tal como se han dado las cosas con el tiempo, y para como le ha ido durante esas comidas, quizá el presidente argentino esté lamentando no haberse marchado aquella vez y no haber vuelto “nunca más”.

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Por Julia Cardozo / Supuesto Negado