EL CHAVISMO DISIDENTE DEJÓ A LA MUD CON LOS CRESPOS HECHOS ESTE LUNES

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Pese a los anuncios, el acto para anunciar un nuevo acuerdo nacional para la transición, celebrado el pasado 3 de julio, no incluyó a factores disidentes del chavismo.

Un acuerdo nacional no es nada novedoso en la amplia paleta de estrategias y tácticas de lucha de la oposición. Ya lo han intentado varias veces, pero el del pasado lunes 3 de julio tenía un atractivo especial: incluiría a chavistas disidentes.

La dirigencia opositora hizo grandes esfuerzos por conseguir este tremendo impacto. Como lo dijo una vez Julio Borges, “salieron a enamorar chavistas”, utilizando todas las armas de seducción conocidas, entre ellas la labia, la galanura y, claro, el billete.

Llegó el día señalado, se generó una gran expectativa sobre los “sectores nacionales” que anunciarían su respaldo a la MUD, pero una vez que el acto comenzó, los observadores avezados comenzaron a constatar que eran más o menos los mismos de siempre. Y los célebres chavistas disidentes no aparecieron ni a cinco cuadras del teatro de Chacao donde se realizó el encuentro. El arroz con pollo anunciado terminó siendo arroz solo.

En el discurso de Julio Borges se notó que, de verdad, esperaban la presencia de gente diferente a la MUD misma, algunas caras frescas, aunque no fuesen de ex revolucionarios. Varias de las frases daban a entender que el encuentro representaba la forja de una unidad ampliada, más allá de la coalición opositora de siempre. ¿Pero, dónde estaban esos factores políticos y de la sociedad civil que hasta ahora no habían participado al lado del sector partidista opositor?

La producción del evento intentó despejar esta duda poniendo una grada bastante nutrida en el escenario, de manera que hubiese gente suficiente como para hacer bulto. Detrás de esa especie de plana mayor ampliada proyectaron imágenes de las protestas, con ánimo de apología, naturalmente; y también otras de las grandes bellezas naturales y humanas de Venezuela.

El ambiente de película repetida, sin embargo, estuvo presente en todo momento. Una de las causas debe haber sido el discurso de Julio Borges, cuya escuela de oratoria socialcristiana remite siempre al famoso “rolo a rolo, tolete a tolete” calderista, pero con aplausos de utilería.

Lo reiterativo quedó subrayado con la remembranza del más sonoro de todos los antecedentes de estos pactos, el que se suscribió en la quinta Esmeralda, unas semanas antes del golpe de Estado de 2002. Fue aquella una ceremonia de gran relieve político en la que se observó a las claras la naturaleza de la alianza que se estaba fraguando: empresarios, sindicalistas y curas católicos en el primer plano; los dueños de medios de comunicación detrás de bastidores, moviendo los hilos, todos bajo la dirección del Departamento de Estado. Como actores de reparto estaban los partidos políticos de la derecha vieja y nueva y, a manera de extras, algunos de ultraizquierda, con apariencia de chatarras rescatadas de una chivera.

La consecuencia del tal acuerdo fue la serie de feroces embestidas que terminaron logrando su objetivo el 11 de abril, aunque sin una mínima sustentabilidad. Tal vez sea por ese éxito (efímero, pero éxito al fin y al cabo) que los líderes opositores han tratado varias veces de reeditar la experiencia del acto de supuesto consenso nacional, con “diversos factores de la sociedad civil”.

¿Y dónde se metieron los chavistas disidentes que debieron concurrir a esta cita en particular? La pegada que pudo tener este acto público dependía de la presencia de los disidentes, reunidos por primera vez con la oposición tradicional. No asistieron. Las preguntas quedaron en el aire: ¿estaban comprometidos y luego se rajaron; o fue que nunca dijeron que asistirían, pero los dirigentes opositores quisieron crear esa expectativa?

Chismosos de esos medios políticos dijeron que algunos de los dirigentes del chavismo disidente estaban determinados a ir, pero al final se les aguó el guarapo. Otros comentaristas especularon que no les hicieron una oferta lo suficientemente suculenta para sus egos hinchados. Ya se sabrá.

Otros remakes: consulta popular y transición

Obviamente, la MUD no pretende ganarse un premio a las soluciones originales. Es difícil porque tiene 18 años intentando cualquier cosa. Así vemos que la idea de una consulta popular al margen del Poder Electoral tampoco es una idea inédita. En 2003 intentaron forzar la realización del referendo revocatorio contra el comandante Hugo Chávez mediante un referendo informal que fue llamado “el Firmazo”.

En esa ocasión, aseguraron haber recogido millones de firmas. Fueron tan poco cuidadosos de las formas que declararon haber obtenido más firmas que el número de electores inscritos en el padrón. De ese tiempo, por cierto, surgió la lista de Súmate, que luego convirtieron aviesamente en la lista de Tascón, para criminalizar al diputado andino.

¿Y el acuerdo para la transición?

Otro viejo artilugio de la panoplia opositora es el acuerdo “nacional” para la transición. Cada vez que creen tener cerca la posibilidad de tomar el poder, desempolvan y aceitan esa arma. La única vez que pudieron usarla de verdad fue con el gobierno de Carmona Estanga y su decreto de tierra arrasada. No fue una buena carta de presentación y la mejor demostración de ello es que la tal transición duró menos de dos días.

Luego, han hecho toda clase de intentos, incluyendo uno adelantado por una Oficina para la Transición que, descaradamente, montó acá la embajada de Estados Unidos. El factor recurrente es que siempre han sido proyectos “nacionales” de transición, pero sin el chavismo, es decir, sin una porción enorme del país activo en política. Esta vez, si la jugada les salía bien, el acto de firma incluiría a algunos que pueden pasar por voceros del chavismo, aunque no sean sino individualidades sumidas en el reconcomio y agrupaciones que navegan sin brújula, llevadas por las mareas.

Ni eso lograron, así que el acuerdo sigue siendo una expresión interna de la oposición política, con sus aliados tradicionales del empresariado, la jerarquía eclesiástica y los medios de comunicación, y con el apoyo externo de los poderes hegemónicos mundiales. Sin duda son unos ingredientes muy poderosos, pero aún no han logrado sumar factores disidentes de peso. Todavía es arroz con pollo sin pollo, al menos “por ahora”, diríamos con la venia del comandante Chávez.

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Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado