EL CHAVISMO “DISIDENTE” SE ALIMENTA DEL TRASFONDO DE DESCONTENTO

A primera vista, la afirmación del título de este artículo tiene carácter de provocación. Y es una provocación porque en el llamado campo chavista no se percibe una separación de una común doctrina o de una creencia, sino más bien la necesidad de recuperar un sentido de identificación debilitado luego de la pérdida física de su principal referente discursivo, imaginario y simbólico: Hugo Chávez.

Lo que sí indican las encuestas, y las más serías, es que el crudo descontento frente a la gestión y liderazgos vicarios (o liderazgos delegados) de los dispositivos y aparatos dirigentes del Chavismo está viviendo un sacudimiento a cámara lenta, un proceso larvado y latente de desaliento y repliegue de la política, atravesado por la falla sísmica de la crisis económica y social.

Que estos dos hechos, un sentimiento de orfandad político-ideológica y la crisis económica y social, vayan a generar una fractura del chavismo, eso es parte de la prospectiva política y de la exploración de futuro, porque por ahora lo que ha ocurrido son desafecciones puntuales, con escasa articulación orgánica de masas; más bien, retornos a los hilos de cada una de las filigranas deltaicas que confluyeron en la síntesis política que consolidó Hugo Chávez.

El primer “analizador” de una posible crisis interna del chavismo fue Temir Porras, cuando intentó construirle un perfil propio y diferenciado al liderazgo de Maduro frente a su mentor Hugo Chávez.

El segundo “analizador” fue el exministro Jorge Giordani quien tradujo lo que a su juicio son los vectores de una crisis de liderazgo y hegemonía que recorre las estructuras de comando y control del movimiento bolivariano. Junto con Giordani es posible caracterizar a una estela de exministros y exministras que actualmente confluyen en la denominada Plataforma en Defensa de la Constitución.

El tercer “analizador” de las tensiones internas del campo chavista es la acción política y el discurso de la corriente de filiación trotskista Marea Socialista, quienes desde tiempos de Hugo Chávez enfilaban sus críticas sintetizadas en la consigna: ¡Ni Burocracia ni Capital!, y quienes intentando construir un arco más amplio de alianzas y movimientos bajo el proyecto de “Patria Socialista”, luego del fallecimiento de Chávez, terminaron dividiéndose en tres bandas: Luchas (que sigue apoyando a Maduro, dirigido por Stalin Pérez), Marea Socialista (que asumió una postura antagónica frente al gobierno a partir de decisiones continentales del trotskismo sobre si seguir o no acompañando los “proyectos progresistas”) y sus propios NI-NI

Un cuarto “analizador” de la situación del campo bolivariano nos retrotrae al análisis de la amalgama originaria del proyecto bolivariano. El chavismo ha sido un proyecto político nacional-popular y cívico-militar marcado por las tensiones del clivaje democratización-autoritarismo, pues ha sido un proyecto contradictorio.

Si de disidencias se trata, entonces no todas tienen puntos en común, y esas contradicciones están aflorando a plenitud. Un sector del chavismo defiende la Constitución de Hugo Chávez y se ha sentido impactado por las decisiones 155 y 156 del TSJ del año 2017, hasta el punto de inquietarse sobre el devenir autoritario del propio gobierno.

Ambas sentencias tocan dos aspectos gruesos del proyecto bolivariano que aparecen cada vez más desdibujados, luego de la estrepitosa derrota electoral de diciembre del año 2015. La primera, si acompañar o no a la jefatura del gobierno en un curso de acción que a la postre deriva en la anulación de facto de la separación de poderes y del espacio de la Asamblea Nacional. Esto, por demás, afectaría en lo interno a las propias corrientes y organizaciones políticas minoritarias del GPP-SB, que anticiparían en el actual bloqueo político a la oposición venezolana los propios métodos para el tratamiento de las contradicciones no antagónicas a lo interno del campo bolivariano. La segunda, si acompañar o no al gobierno en un curso de política económica que conduce a una convivencia con el gran capital nacional e internacional, en materia de endeudamiento, importaciones, zonas económicas especiales, política cambiaria y arco minero del Orinoco; lo cual fortalecería inevitablemente a una nueva fracción de la boli-burguesía que bajo el pretexto del desarrollo de las fuerzas productivas alcanzaría una mayor cuota de gravitación en las decisiones políticas.

De este modo, si existen factores detonantes para acelerar la expresión de disensos en el interior del campo bolivariano, estos fueron la derrota del 2015, las sentencias 155 y 156, conjuntamente con el tratamiento de validación de los partidos minoritarios del GPP, hechos que operan en el trasfondo de un tenebroso deterioro económico y social, que va echando por tierra las conquistas históricas de las sucesivas gestiones de Hugo Chávez.

No hay que olvidar que el chavismo nace de acontecimientos cismáticos, tanto sociales: 27-febrero de 1989, como político-militares (4-F, 27-N 1992) que resuenan con las luchas y protestas anti-neoliberales como contra la partidocracia nacida al calor del pacto de Nueva York. Cualquier hecho, evento o acción que resuene con tales situaciones originarias afectará las placas tectónicas que sostienen el chavismo como movimiento conformado por las siguientes fuerzas de un aluvional grupo de personalidades, organizaciones y movimientos que apoyaron el ascenso electoral del entonces candidato presidencial Hugo Chávez:

1. Un bloque social, democrático y popular proveniente del desprendimiento de las bases electorales de AD, COPEI y otras organizaciones de izquierda, como el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y de grupos de izquierda revolucionaria que participaron en la lucha armada de los años 60, pero que habían experimentado una evolución ideológica que los acercaba hacia concepciones más abiertas.

Muy críticos del régimen anterior de AD-COPEI y comprometidos con impulsar transformaciones democratizadoras inspiradas en los programas de la Causa R o de los mejores momentos del MAS, intentaron ampliar los lastres más negativos de la democracia representativa venezolana, avanzando en una formulación de profundización democrática que a la postre dio vida a la democracia participativa y protagónica. Este fue el sector clave en el triunfo electoral de Chávez en 1998, en la redacción de la Constitución de 1999, y ha encarnado a un chavismo democrático en sus convicciones y consciente de los eslabones de una revolución democrática, constitucional, pacífica y electoral.

2. Los partidarios de una mayor figuración del factor militar para reconstruir a una Venezuela herida por el sistema de partidos tradicionales, compuestos por los camaradas de armas de Chávez. Quizás menos numerosos que el sector anterior, pero que tomaron la iniciativa desde los años de la conspiración, pasando por el alzamiento militar del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992, hasta su etapa de presidio, y por sus vinculaciones personales dentro de las Fuerzas Armadas. Este era un grupo nacionalista, inicialmente muy crítico de la corrupción de los gobiernos bipartidistas.

3. El grupo perteneciente a las tradiciones partidarias del archipiélago de organizaciones de la izquierda revolucionaria (PRV, Liga Socialista, Bandera Roja), que nunca dejó de aspirar a emular en Venezuela un modelo similar al instaurado en Cuba por el movimiento 26 de Julio bajo el liderazgo de Fidel Castro, que justificó la aplicación de la combinación de las formas de lucha y que no se hacía grandes ilusiones con el sistema institucional-legal de la democracia liberal.

Estos tres sectores se amalgamaron, no sin tensiones, bajo el liderazgo indiscutible de Hugo Chávez. Al interior de cada uno de estos sectores también existen corrientes y tendencias ideológicas heterogéneas. El fallecimiento de Hugo Chávez significó la virtual eclosión de todas estas diferencias. No fue casual que el 8 de diciembre de 2012 el mensaje más reiterado de Chávez fue el de mantener la unidad política interna para defender la independencia nacional.

No son casuales que aparezcan diferencias ahora tan abiertas como la del exjefe de los servicios de inteligencia (el SEBIN) de Chávez, general del Ejército Miguel Rodríguez Torres, quien en 2014, siendo ministro del Interior, fue cesado por Maduro. Alrededor de Rodríguez Torres se nuclea un variopinto grupo de fuerzas civiles y militares que consideran que el gobierno de maduro ha perdido la brújula de la política económica y el terreno para una concertación de centro-izquierda moderada y de inclinación más profesional, alimentada por una corriente ética sustentada en el cristianismo (movimiento amplio-desafío de todos).

Otras figuras militares como Cliver Alcalá se vinculan más al sector de exministros de la “Plataforma en Defensa de la Constitución, Auditoria de la Deuda, contra el Arco Minero y en Defensa de la Democracia”.

La habilidad y carisma de Chávez permitió mantener unidos a estos grupos, pero no hay que olvidar que si de disensos se trata, el proceso bolivariano experimentó históricamente iniciales desafecciones de sectores del MAS, con el miquelenismo y con el PPT, así como de sectores militares inicialmente simpatizantes del proyecto. De modo que todo proceso político está caracterizado por estructuraciones e impulsos integradores, como por desestructuraciones e impulsos disgregadores.

No hay que escandalizarse por los disensos, pero sí valorar su impacto político, porque no significa lo mismo disensos con 60% de respaldo popular, que disensos con 25 % de apoyo popular y en medio de una severa crisis económica y social.

La situación política y económica que vive Venezuela es la más difícil, no solo desde 1999, sino a lo largo de la historia de la democracia venezolana en el siglo XX. En el caso venezolano, la caída de los precios del petróleo, los intentos por controlar las riquezas en suelo venezolano, el sabotaje económico y la crisis de la experiencia democrática revolucionaria venezolana que encarna el chavismo está generando un cuadro severo y complicado.

El antichavismo tradicional de derecha no ha sido y no parece ser capaz de erigirse como una referencia política hegemónica para la mayoría de la población, por su origen de clase y el contenido neoliberal de su programa de gobierno. Pero sus oportunidades aumentan en un cuadro de fractura, división, desmovilización y desmoralización del campo chavista. El objetivo del imperialismo y de la derecha tradicional siempre ha sido derrotar al chavismo minando sus bases materiales, espirituales y simbólicas.

Ahora bien, ¿será la crisis económica y social y los disensos internos del campo chavista los que socavarán, en definitiva, la legitimidad del gobierno? Pues, todo depende de cómo se manejen ambas variables. De acuerdo a los últimos sondeos, ya el PSUV no es la principal fuerza política del país frente a la MUD. El chavismo de base se encuentra sobre todo muy golpeado material y moralmente, a la expectativa, compartiendo con la mayoría de la población el rechazo generalizado a la clase política. Ya comienza a ser medido un rechazo de alrededor de 25-30%, del propio chavismo, hacia el presidente Nicolás Maduro. Un mal tratamiento de las diferencias y tensiones internas oxigena y catapulta a cualquiera de las figuras del chavismo no alineado con Maduro a pretender capitalizar tal descontento.

El cuadro actual de la propuesta presidencial constituyente ha detonado la filigrana de expresiones de malestar, descontento y tensiones políticas. ¿Hacia dónde va el chavismo descontento? Esa es la pregunta, y no la inquietud sobre el “chavismo disidente”.

El chavismo ha sido siempre irreverente, disidente y crítico. Lo que no había sufrido era la prueba dura de una realidad con tendencia al deterioro, con su efecto en la génesis y propagación del malestar y el descontento.

Si usted quiere evitar las situaciones terminales de fractura, se requieren operaciones políticas de alto vuelo para administrar las diferencias y recuperar la senda del bienestar que luce hoy como algo irremediablemente perdido.

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Por Gokai Moreno / Supuesto Negado