ESTE 30-J, EL CHAVISMO DISIDENTE SE ENFRENTA A UN SERIO DILEMA

La jornada electoral del 30 de julio encuentra al liderazgo del llamado chavismo crítico en medio del fuego cruzado, sin una propuesta que los diferencie claramente de la oposición. Sus seguidores -cuyo número no está muy claro- tendrán que optar entre volver a respaldar al gobierno del que disienten o alinearse con una oposición violenta e injerencista. Un dilema.

En una medición de fuerzas como la que tiene lugar en estos días entre el gobierno y la oposición, los factores que pretendan surgir como alternativas, muy probablemente, quedarán aplastados por el choque de trenes.

El chavismo crítico intenta oponerse a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) sin parecerse a la oposición, pero en un escenario polarizado al extremo de parecer una guerra, lo más probable es que caigan, víctimas del fuego cruzado, y que nadie se interese por sus cadáveres.

La oposición ha marcado la lucha contra la Constituyente con dos características muy controversiales: violencia permanente y estímulo a la injerencia extranjera. Esos dos elementos nuclean a los sectores duros ultraderechistas, pero ponen en fuga a los radicales libres del chavismo, que también están contra la ANC, pero que no pueden llegar al extremo de respaldar la insurrección sifrina ni de favorecer el intervencionismo de Estados Unidos y sus aliados.

Hay que acotar que la violencia desplegada por la oposición no es cualquier violencia, sino una marcada por el racismo, el supremacismo de clase social, la persecución política y otros rasgos distintivos del fascismo. Mal puede alguien que se declare chavista, aun siendo disidente, respaldar ese tipo de acciones.

En cuanto al favorecimiento del injerencismo, difícilmente pueda sintonizarse con el llamado chavismo crítico, que más bien cuestiona al actual gobierno por planes como el Arco Minero, al que consideran entreguista y antinacional.

¿Cuántos son?

Si el chavismo crítico tuviese bajo su dirección a una porción significativa del electorado, podría tener un rol decisivo en unos comicios como los del próximo domingo, pero no es esa la situación. El chavismo critico es básicamente un grupo de dirigentes sin dirigidos. Por eso, sus actos no son masivos, sino foros o ruedas de prensa. Es una remembranza de aquellos “partidos de cuadros” de la izquierda de los años 70 y 80, a los que lo único que les faltaba para llegar al poder era una militancia, esos de los que se decía que se reunían en un Volskwagen y quedaba un puesto vacío.

Puede que sus posturas sean respaldadas por una buena cantidad de personas comunes y corrientes, pero falta mucho para que sea realmente un movimiento político con alguna organicidad. En sus análisis y discursos, los líderes de esta corriente intentan asimilarse con el creciente sector nini, presentarse como si fueran sus líderes, pero eso no es más que una picardía o, tal vez, un autoengaño, pues solo una pequeña porción de los nini coincide con los planteamientos del chavismo crítico, en general bastante difíciles de digerir, a veces intragables, racionalmente hablando, tomando en cuenta que varios de los personajes estuvieron en el gobierno hasta hace poco. Ni siquiera los ex militantes rasos del PSUV asumen a estos personajes como sus dirigentes. Para muchos no son más que lo que el escritor español Manuel Vicent llamó una vez (refiriéndose a un sector de la política interna de su país) “un conglomerado de traidores, cada uno con sus ambiciones”.

La coincidencia entre la derecha y los disidentes del chavismo se refiere al objetivo de frenar la Constituyente, pero sus motivos son diametralmente opuestos. Ante la propuesta de la ANC, la oposición derechista y apoyada por las fuerzas imperiales se ha radicalizado hasta llegar a niveles de violencia inéditos. Alega este sector que el cambio constitucional es para acentuar el carácter socialista del modelo. El chavismo crítico la adversa precisamente por lo contrario. Entonces, su papel es complicado, como lo hubiese sido el de un sector aliado al ejército realista bajo el argumento de que Bolívar iba a instaurar un gobierno demasiado mantuano.

No ha sido fácil ese rol para los chavistas críticos, entre otras razones porque han tenido que ver cómo los voceros opositores intentan cortejarlos y oír como la canalla mediática los aplaude. Por ejemplo, cuando ofrecieron su rueda de prensa en contra de la ANC, hasta los medios más vomitivamente contrarrevolucionarios hicieron fiesta y le concedieron grandes espacios, incluyendo el ABC de Madrid y el Nuevo Herald de Miami. Un verdadero bochorno para cualquiera que se llame revolucionario.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado