CHINA MUESTRA CONFIANZA EN VENEZUELA Y VUELVE A APOSTAR POR MADURO

China

En junio pasado, la prensa opositora nacional y global producía grandes titulares acerca del cierre del grifo en los préstamos chinos hacia Venezuela.

Según Diario de las Américas, esta actitud era un indicador de “la creciente preocupación del gigante asiático sobre la sostenibilidad de sus inversiones y la capacidad del régimen de Nicolás Maduro de devolver lo prestado”.

Aunque el reportaje no presentaba fuentes con nombres y apellidos (solo declarantes anónimos) se argumentaba que la negativa de los chinos se debía a que Venezuela había prometido pagar los préstamos con petróleo, pero la caída de los precios internacionales, por un lado, y de la producción de crudo en el país, por el otro, habían generado muchas dudas respecto a la capacidad de cumplir los compromisos.

Si se tomaran como válidos esos argumentos, emitidos hace apenas tres meses, habría que concluir que China recuperó la confianza en la capacidad de pago de Venezuela, en la estabilidad del gobierno de Maduro y en la sostenibilidad de las inversiones. Lo que vale para un razonamiento debería valer para su contrario, cambiando las premisas.

Por supuesto que la prensa opositora jamás dirá algo así porque su postura es militante contra el gobierno bolivariano. Los voceros que esa prensa consulta habitualmente tampoco pueden admitir que China tenga una perspectiva positiva de Venezuela. Tratando de hilar fino, el economista Asdrúbal Oliveros aseguró que, en realidad, el gobierno de Xi Jinping no fue nada condescendiente con Maduro porque no accedió a su supuesta solicitud de refinanciar la deuda previa (estimada en unos 70 mil millones de dólares) y solo otorgó préstamos muy atados a las empresas mixtas sino-venezolanas, especialmente las de los ámbitos de petróleo y minería.

En todo caso, suponiendo que de verdad, como lo afirmaban los analistas y lo vociferaban esos medios, China había perdido la confianza (hecho evidenciado en año y medio sin emitir préstamos), y pensando en que la recuperó (situación demostrada en el otorgamiento de 5 mil millones de dólares en septiembre), es lógico preguntarse qué cambió en el escenario político para generar una percepción de renovada confianza.

Consolidación de Maduro, colapso opositor

En primer lugar, la decisión de China respecto a las finanzas puede entenderse como el resultado de varios eventos políticos ocurridos a lo largo de este año, con las elecciones presidenciales en primer término.

El presidente Maduro logró revalidar su mandato hasta 2025, lo cual, en términos pragmáticos implica un horizonte temporal mucho más prolongado que el de casi todos los gobiernos de la región.

Ahora bien, la respuesta positiva del gobierno chino se produjo casi cuatro meses después de las elecciones, no de inmediato. Esto quizá se debió al hecho de que la reelección por sí misma podría no haber sido suficiente si no se hubiese producido en un contexto de debilitamiento extremo de la oposición, que salió del proceso electoral más dividida y desprovista de liderazgo y de planes coherentes que nunca antes en veinte años de proceso revolucionario.

Las amenazas de boicot a los préstamos chinos, proferidas por las fuerzas opositoras en 2016, cuando recién habían asumido la mayoría en la Asamblea Nacional, han perdido potencia debido, en parte, a la ya mencionada división opositora y, en parte, a la consolidación de la ruta constituyente. En la práctica, la Asamblea Nacional Constituyente ha asumido las funciones que la AN, declarada en desacato por el Tribunal Supremo de Justicia y muy deslegitimada ante el país, no puede desempeñar su propósito. Los chinos, que en un principio pueden haber pensado en protegerse de un posible desconocimiento de sus préstamos (por no tener la aprobación parlamentaria), parecen haber superado esos temores.

Esta actitud de las autoridades chinas se mantiene a pesar de que tienen plena conciencia de que la postura de no reconocimiento de las deudas, en las que insisten los voceros de la oposición, cuentan con el respaldo tanto del gobierno de EE.UU. como de las corporaciones financieras. Se trata de una apuesta fuerte y decidida.

La extrema debilidad de la oposición se hizo aún más evidente tras el intento de magnicidio, pues quedó demostrado que los atajos violentos parecen ser su única opción y solo pequeños sectores políticos se atrevieron a repudiar el atentado. Las grandes potencias, entre ellas China, tienen mecanismos de inteligencia apropiados para saber con lujo de detalles lo que estaba detrás del magnicidio frustrado, y para entender que estaba muy lejos de corresponder con sus intereses.

Aval al Plan Económico

Los chinos tal vez aplazaron su decisión de reanudar el otorgamiento de créditos hasta ver el contenido del Plan de Recuperación Económica, Crecimiento y Prosperidad, reiteradamente anunciado por el presidente Maduro desde antes de las elecciones, pero que solo se concretó en la segunda quincena de agosto.

Sin duda que el programa aporta datos muy significativos acerca de lo que va a ocurrir en el futuro inmediato y a mediano plazo en el campo económico, y los chinos deben haber considerado que esa perspectiva es positiva para ellos.

Es posible que las nuevas normas para la inversión extranjera, flexibilizadas considerablemente, hayan sido el factor decisivo para que la superpotencia reabriera el chorro con un préstamo que, más allá de su cuantía, contribuye a su vez a generar la sensación de recuperación de la confianza y envía un mensaje geopolítico claro en un hemisferio en el que, adicionalmente, los gobiernos de derecha confrontan problemas serios de viabilidad.

El rol protagónico que tiene el petro en el Plan de Recuperación puede considerarse como uno de los elementos clave para lograr de nuevo el apoyo financiero de China. Si la criptomoneda venezolana cristaliza, será un factor de debilitamiento del dólar como moneda mundial, lo cual favorece la proyección de China como potencia económica a corto plazo.

Pisando terrenos de EE.UU.

El gesto de Pekín tiene también su interpretación en el contexto de la guerra comercial que libran Estados Unidos y China.

Bajo la administración Trump, EE.UU. se ha enfrascado en una confrontación económica con los asiáticos, principalmente referida a los aranceles de las exportaciones, pero que comienza a agudizarse y abordar aspectos que tienen que ver con las áreas de influencia de cada potencia. Para Washington, los acercamientos de China (y de Rusia) a países latinoamericanos y del Caribe es una especie de invasión.

China pareciera estar dispuesta a mantener las picas que ha puesto en Flandes, como parte de su ajedrez de política internacional. En ese sentido, una actitud benevolente como prestamista sería apenas un costo en la batalla geopolítica entre titanes.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado