Cinco semejanzas entre el paro petrolero de 2002-2003 y el apagón de 2019

Son numerosas las similitudes que pueden encontrarse entre el apagón que tuvo lugar el 7 de marzo de 2019 y el paro-sabotaje petrolero de 2002-2003.

Las semejanzas hablan de la reincidente línea de acción de la oposición nacional y global, pero también de la capacidad de resistencia y ajuste del pueblo revolucionario. Aquí van cinco semejanzas de ambos eventos históricos.

Primera similitud: la alianza oposición-EE. UU.

El paro petrolero de finales de 2002 y comienzos de 2003 y el apagón de 2019 tienen en común que han formado parte de una sucesión de intentos por derrocar a un Gobierno electo popularmente, esfuerzos desarrollados por una poderosa alianza entre Estados Unidos, sus países satélites y la derecha local.

En 2002, la oposición y EE. UU. venían de dos grandes derrotas. La primera había sido el golpe de Estado de abril, rápidamente respondido con un inédito contragolpe a cargo del pueblo y militares nacionalistas. La segunda había sido el montaje mediático de la plaza Altamira, destinado a dividir la Fuerza Armada.

En 2019, el apagón surge con apariencia de evento accidental, luego de años de guerra económica, de un intento fallido de magnicidio, de la autoproclamación de un Gobierno paralelo y del intento de introducir forzosamente al país un cargamento de ayuda humanitaria.

En ambos casos, los factores nacionales e internacionales involucrados usaron el evento en desarrollo para chantajear a la sociedad, al estilo de una situación de rehenes. En 2002, la arrogante meritocracia se ufanaba de que nadie más podría reactivar las refinerías ni mover los tanqueros anclados (uno de ellos fue presentado como una amenaza contra la ciudad de Maracaibo). En 2019, el autoproclamado Juan Guaidó emitió un tuit en el que dijo que la luz solo volvería al cesar la usurpación.

Segunda similitud: ataque tecnológico y multimodal

El paro petrolero tuvo como punto de partida un ataque al centro tecnológico de Petróleos de Venezuela, en el que intervino la empresa Intesa, transnacional que entonces tenía a su cargo esas operaciones.

Las denuncias formuladas por voceros del Gobierno indican que el ataque de este mes al cerebro de la central hidroeléctrica del Guri estuvo enfocado en el componente tecnológico, empleando el conocimiento del hardware y el software de la empresa canadiense fabricante de algunos de los equipos de la represa.

El plan de 2002 no se quedó en lo tecnológico. También incluyó otras formas de sabotaje como daños físicos a instalaciones de refinación, almacenamiento y transporte de petróleo y derivados. En el apagón, aparte del golpe al centro de control, se planificó un ataque por impactos electromagnéticos y ataques directos a estaciones y subestaciones.

Tercera similitud: malestar para generar caos

El paro petrolero de 2002 y el apagón de 2019 tuvieron efectos negativos sobre todo el país: el Estado, las empresas y las familias. En los tres niveles se experimentaron daños y pérdidas, en mayor o menor medida.

En el paro petrolero, las deficiencias en el suministro de combustibles tocaron a todos los niveles de la población y se aunaron a la escasez inducida de alimentos y bebidas en una época de alto consumo, como son los días navideños. En 2019, la falla eléctrica y sus secuelas (agua, comunicaciones, banca, comercio, transporte) significaron perjuicios para todos.

En las dos situaciones, el objetivo ha sido llevar a la población a un nivel tal de malestar que puede dirigirse luego contra el Gobierno o generar un caos de una magnitud lo suficientemente grande como para justificar el desplazamiento del Gobierno por una figura autoritaria. No dio resultado en 2002 ni tampoco lo ha dado esta vez.

Cuarta similitud: actitud ejemplar del pueblo

Los jefes del paro de 2002-2003 confiaron en los pronósticos de los dirigentes políticos y expertos de que la colectividad nacional no soportaría una situación tan complicada, especialmente en un final de año, y pronto se sumaría a la masa crítica contra el Gobierno. Sus cálculos estaban absolutamente errados porque la mayor parte de la población soportó estoicamente la prueba y el paso de los días terminó por desgastar a las bases de la oposición más que las del Gobierno.

En un escenario mucho más breve e intenso, un vaticinio parecido animó a quienes estuvieron detrás de la acción contra el sector eléctrico o, al menos, intentaron surfear sobre la falla general para convertirla en un evento desencadenante del derrocamiento del Gobierno. Tan pronto se produjo el blackout, apostaron a que la nación entera se volcaría en contra del presidente o que estallarían disturbios de grandes proporciones, suficientes para legitimar la tantas veces proclamada acción humanitaria extranjera. Tampoco esta vez funcionó de la manera prevista. El grueso de la gente asumió con serenidad el gravísimo problema y participó en la búsqueda de soluciones.

Quinta similitud: liderazgo presidencial fortalecido

Otra característica común de los dos terribles episodios es la solidez del liderazgo presidencial para el manejo de la crisis. Hace 18 años, el comandante Hugo Chávez salió fortalecido del trance y eventualmente se consolidó lo suficiente como para ganar el referendo revocatorio de 2004 y, posteriormente, las elecciones presidenciales de 2006 y 2012.

En la cadena de acontecimientos que se encuentra en curso, podría producirse un fenómeno parecido. Sometido a una campaña de desprestigio internacional incluso más brutal que la que se emprendió contra Chávez, Maduro ha logrado capear renovado impulso.

Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado