ESTUDIANTES PRIVADOS DE LO PRIVADO

Migracion

Clodovaldo Hernández recuerda a quienes luchaban para que el Estado “no robará sus niños” y ahora les buscan cupo.


Nacionalizar la escuela. Los críticos del Gobierno dicen que está tan empeñado en adueñarse de las empresas privadas que hasta sin querer termina nacionalizando cosas. Una de estas nacionalizaciones en la práctica sería, según esa visión cuestionadora, la de la educación primaria y media. Claro, no es que haya expropiado instalaciones educativas, aulas y pupitres, sino que se está quedando, poco a poco, con los “clientes” de los colegios privados, es decir, con los estudiantes.

Privados de lo privado. Del lado revolucionario responden que no se trata de nacionalizar, sino de garantizar el derecho a la educación de los estudiantes que han sido privados del acceso a los colegios privados debido a la insuficiencia del más privado de todos los argumentos: la plata.

Se quedaron privados. Cuando los padres, madres y representantes se enteraron de lo que pensaban cobrarles en sus colegios, se quedaron, como quien dice, privados. “Son costos privativos”, dijeron algunos cuando se les pasaron los efectos de la privada, o sea, del patatús.

Fenómeno migratorio. Directivos de colegios del tope de gama aseguran que en los últimos años, 25% de sus estudiantes se han ido con sus familias al exterior. Por otro lado, este año, entre 5% y 20% fueron retirados por sus padres con la finalidad de inscribirlos en planteles privados más baratos o en institutos públicos. Es un fenómeno migratorio: los del primer lote, se fueron a residir a otros países, mientras los del segundo lote viven ahora en la verdadera Venezuela. (Tranquilos, muchachos, ya comprobarán que ese país no es tan feo como lo pintan).

Milagro. Muchos padres y madres han sembrado recelos y odios de clase social en las tiernas mentes de sus pequeños, pero ¡oh milagro de la infancia y la juventud!, con el favor de Dios, en las aulas cosecharemos concordia y amor.

Estilo doña Florinda. Nunca faltará quien le diga a sus hijos: “Tuvimos que inscribirte en esta escuela bolivariana porque el rrrégimen nos acorraló, pero ¡ya tú sabes, Tesoro, no te juntes con esa chusma!”.

Cambio de lema. El eslogan  de la clase media que se creía oligarca fue, durante muchos años, “Con mis hijos no te metas”. Ahora, cuando esa clase media quedó colgada de la brocha y se percató de que se parece más a los pobres que a los ricos, cambió el lema por “Mete a mis hijos (en la escuela pública)”.

Así paga el Diablo. Padres y representantes de colegios muy católicos defendieron a capa y espada (como en las cruzadas) a esas sagradas empresas educativas cuando el Gobierno pretendió regular las matrículas. Ahora han quedado damnificados, buscando escuelas más baratas, aunque sean laicas. Así paga el diablo a quien bien le sirve.

Todo cambió. Hace algunos años, a los colegios privados más prestigiosos había que llegar con una carpeta llena de recomendaciones y hacer una enorme cola desde la madrugada para concursar por un cupo. Y, aún así, no había garantía de ingreso. Hasta a las criaturitas aspirantes a Preparatorio les hacían exámenes de admisión, como si estuviesen aplicando para el Tecnológico de Massachusetts. Ahora, los mismos colegios se quejan de que cada vez tienen menos alumnos, y algunos hasta se han ido a la quiebra. Tal parece que, con todo lo que saben de negocios y alta gerencia, estos empresarios escolares terminaron matando a la gallinita de los huevos de oro.

Re-resentimiento social. Desde que el chavismo apareció en escena, las clases altas y medias altas han señalado a sus dirigentes y militantes como “resentidos sociales”. Tal vez, en muchos casos, tenían razón. Ahora, con situaciones como esta de verse obligados a llevar a los herederos a una escuela pública, surge otro tipo de resentimiento social: el de las clases medias venidas a menos.  Es un resentimiento contra los verdaderos ricos y, a la vez, contra los pobres. Un re-resentimiento. ¡Uy!