AL FIN POLAR SE PRIVATIZA: ¡QUÉ BUENO!

Estaba investigando para escribir sobre la nacionalización de Polar cuando, providencialmente, me llegó la información de que Polar se privatiza. “¡No puedo creerlo!”, grité, y la gente a mi alrededor confirmó su vieja tesis de que la política y el periodismo me están volviendo loco.

Les debo una explicación: lo que leí, decía que Empresas Polar le había pedido prestado a un banco 35 milloncejos de dólares para comprar la materia prima y reactivar sus plantas de cerveza y malta. La nota de prensa, emanada del departamento de Asuntos Públicos del emporio pelucón, explicaba que la corporación había puesto como garantía unas acciones que tiene (desde hace más de 30 años, se apresuraron a aclarar) en un banco de las Antillas Neerlandesas.

“Esto sí es una noticia”, volví a decir, pero esta vez traté de hablar pa’ dentro. Una empresa privada nuestra que se comporta como empresa privada y va a buscar sus reales en un banco, poniendo como garantía sus haberes. ¡Dios mío, por fin las empresas privadas venezolanas van a privatizar algo más que sus ganancias!

En rigor, las empresas que funcionan en Venezuela, sean nacionales o extranjeras, actúan como si fueran del Estado. Claro, no lo hacen en el sentido que sería positivo para el país, es decir, no le dan sus ingresos ni venden a precios justos ni tienen una visión social de avanzada. Todo lo contrario, salvo honrosas excepciones. En lo que se comportan como un ministerio es en que actúan como si fuera responsabilidad del sector público el mantenerlas en funcionamiento, conseguir las divisas para los insumos y las maquinarias y, a veces, hasta para pagarles a sus trabajadores. ¡Qué manguangua!

Aclaremos que esto no es nada nuevo. Se remonta hasta los pininos de estas grandes compañías que ahora presumen de ejemplos del espíritu emprendedor. Ya aquellos pioneros aprovecharon sus conchupancias (de esa época data a palabreja) con Gómez y otros tiranos para echar a andar sus negocios. Durante dictaduras y pseudodemocracias se nutrieron del billete gordo del petróleo. Y lo peor es que llegó la Revolución y siguieron haciéndolo.

Es así como llegamos a este momento en el que el niño mimado del empresariado venezolano se puso bravo y cerró sus cervecerías porque el Estado no le dio la mesada. Es así como llegamos a creer que la alternativa a la Polar pelucona que chantajea al país, parece ser una Polar bolivariana que le venda barata la harina, el arroz, la pasta y el jabón al pueblo. Y que, de paso, lo emborrache con estilo socialista.

Pues no, la alternativa real ha surgido esta semana y es que el magnate se asuma como tal y comience a ejercer de empresario privado en toda la línea, corriendo sus riesgos y, en caso extremo, pagando los errores con su propio (inflado) bolsillo. Ojalá en este caso, otros sigan el ejemplo (este ejemplo específicamente) de Lorenzo Mendoza: Si quiere que su fábrica produzca y necesita dólares, vaya usted a un banco, señor, y pida prestado.


Por: Clodovaldo Hernández.