Comprender el suicidio en la Venezuela actual

La constante efervescencia política en Venezuela –y su correlato económico caracterizado por la hiperinflación y el bloqueo financiero internacional– eclipsa otros temas trascendentes que impactan cada día en la vida de los habitantes del país petrolero.

Junto a los indicadores negativos que impulsa la crisis multifactorial que atraviesa la cuna del Libertador de América, recientemente apareció uno que enciende otra alarma porque se instaura como un problema de salud pública silencioso: Venezuela superó por mucho la tasa media de suicidios anuales en el mundo (16 X cada 100 mil habitantes) y el estado Mérida presentó la más alta del país en las últimas tres décadas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó este mes su último informe con los datos mundiales de 2017 sobre este flagelo y el documento establece que en Venezuela la media alcanzó 28 x cada 100 mil habitantes.

Recordemos que actualmente en el mundo se producen 800 mil muertes por suicidio al año, lo que evidencia un dato aterrador: un deceso cada 40 segundos.

De hecho, es la principal causa de muerte no natural en el mundo y la segunda entre los jóvenes de 15 a 29 años (después de los accidentes de tránsito) y la tercera entre los niños (después de los accidentes de tránsito y la violencia interpersonal).

Claro, su prevalencia y los métodos utilizados varían de acuerdo al país. En Venezuela los más comunes son por asfixia mecánica (ahorcamiento) por ingesta (agrotóxicos y cáusticos) y por precipitación (desde puentes o a las vías del metro).

El deseo no es morir sino detener el sufrimiento

El suicidio como todas las enfermedades es democrático y puede presentarse en personas de cualquier edad, sexo y estrato social. Hay algunos grupos de riesgo, por supuesto.

Sin embargo, alguien sin antecedentes psiquiátricos puede ser víctima de suicidio, explicó a Supuesto Negado, Alejandro Mata Escobar, médico jefe de la Unidad de Psiquiatría del Hospital de los Andes, en Mérida.

Este dato se corrobora cuando repasamos los últimos suicidios más sonados en el país recientemente: el del concejal del partido Primero Justicia, Fernando Albán, (quien sospechosamente se lanzó del edificio del Sebin según anunció el fiscal general), el de Juan Carlos Márquez, exgerente de PDVSA (en España) y el del migrante venezolano José Gregorio Araque (en Ecuador).

“En función de las emociones, la principal motivación para que una persona intente suicidarse es la angustia intensa, sostenida e incoercible. En segundo lugar, la tristeza o desesperanza”, apuntó el galeno merideño.

Históricamente, Mérida mantiene la tasa de suicidios más alta del país. En 2017 más de 150 personas se quitaron la vida. La tasa cerró en 19,09 por cada cien mil habitantes.

Como en la mayoría del país y del mundo, el segmento poblacional de mayor riesgo está en los extremos de la vida: o muy jóvenes o muy viejos. Además, prevalecen los varones solteros, divorciados, desempleados y adictos (alcohólicos o farmacodependientes).

“Las mujeres se suicidan en mucha menor proporción. Si son jóvenes o con edad media, tienen hijos, con relación de pareja –aunque sea de mala calidad– con trabajo o religiosas el riesgo es mínimo”, acotó el doctor desde su consultorio en el primer piso del principal hospital del estado andino.

Detalló, además, que en el sexo femenino son comunes los mecanismos de intentos (intención franca) o el gesto (simulación) para llamar la atención o agredir al otro.

“Tener ideas suicidas o de muerte es muy común. Es un síntoma más de las enfermedades afectivas o de ansiedad que trabajamos acá. Sin embargo, la proporción que hay entre las personas que alguna vez piensan en la muerte por el malestar y quienes efectivamente lo llevan adelante es muy grande”, puntualizó.

Finalizó resumiendo que quienes deciden suicidarse padecen un sufrimiento tan profundo que buscan salidas rápidas. “No es desprecio a la vida sino el deseo de alivio inmediato, de dejar de sufrir”.

Investigación posterior

Precisamente en el momento de solicitar la entrevista en la delegación de Homicidios del CICPC en Mérida para la realización de este trabajo, una comisión se dirigía al sector El Chama (ubicado en la parroquia Jacinto Plaza) para levantar el cadáver de una persona ahorcada.

Según datos del ente en los últimos 5 años se han registrado 553 suicidios en el estado.

Junior Arellano, inspector agregado, del órgano policial encargado de acudir en estos casos, aseguró que reciben dos o tres llamadas a la semana por este particular y “deberían ser más”, pero en algunas ocasiones quienes encuentran al occiso lo trasladan al hospital con la esperanza de poder salvarlo.

“Una vez recibimos la llamada, se traslada al lugar una patrulla con un funcionario del CICPC y un médico forense. Allí se realiza la pesquisa que consiste en ver con detalle cómo se suicidó la persona (el hecho deja vestigios en el lugar en que se produce) para reconstruir lo ocurrido y comprender lo que sucedió. Además, esta investigación descarta que lo hayan matado y quieran simular que fue la misma persona que se quitó la vida”, detalló.

El inspector comentó que la mayoría de las veces el suicida deja una carta explicativa con las razones de su conducta y además instrucciones sobre qué hacer con determinados bienes, familiares cercanos o mascotas.

De acuerdo a lo observado en el entorno familiar recomiendan apoyo psicológico.

Resaltó que el viaducto Campo Elías, en el centro de la llamada Ciudad de Los Caballeros, era uno de los lugares escogidos para precipitarse al vacío y por eso ya hace varios años se colocaron una rejas de protección. Esta medida también se puede observar en otros estados como Táchira y Valencia, acotó.

La biblia y el Corán dicen que…

A pesar de las grandes diferencias entre el cristianismo y el islamismo –dos de las principales religiones monoteístas– ambas coinciden en la prohibición expresa a quitarse la vida.

Luis Dávila, escritor cristiano, explicó que en cada área de la vida se obedece al bien o al mal (Dios o Satanás según la escogencia) y quienes se suicidan están bajo la influencia del segundo.

“El verdadero problema es que después de la muerte por suicidio no hay alternativa posible de que pueda ir al cielo. Pudo haber sido un predicador, haber hecho milagros, pero si tomó esa decisión va al infierno”, sentenció.

Dávila subraya que la falsa promesa de acabar con el sufrimiento con la muerte es una trampa: “¡Con el suicidio el sufrimiento apenas comienza! ¿Por qué? Porque en el infierno el sufrimiento es eterno y permanente.

Por su parte, David Riveros, musulmán difusor de la escuela chía, explicó que en el Islam también está prohibido el suicidio porque atenta contra el derecho principal que es vivir en plenitud.

“La consecuencia es que el Día del Juicio Final el dictamen será muy posiblemente la negativa de entrar al cielo, es decir esa persona irá al infierno. Sin embargo, el único que sabe cuál será su paradero es Dios”, precisó.

Sobre los atentados suicidas atribuidos a musulmanes aclaró que estos son grupos terroristas que han interpretado erróneamente la Ley del Islam verdadero. “No puedes quitarte la vida y mucho menos atentar contra otros. El Corán dice que matar a un inocente es como asesinar a la humanidad”, advirtió.

Contra viento y marea ¡Impulsar la vida!

No es un dato menor que los suicidios, como muchas enfermedades, pueden prevenirse con herramientas específicas, prácticas y fáciles de aprender inclusive para personal no médico.

Contrariamente a lo que pueda pensarse, hablar del suicidio ayuda a prevenirlo porque permite a la persona que sufre liberar su angustia y expresar aquello que le preocupa.

A nivel gubernamental, por tratarse de un problema de salud pública creciente, los indicadores actuales deben impulsar una estrategia nacional seria y eficaz para su prevención.

La angustia por la crisis y el padecimiento diario impulsa indiscutiblemente esta fatídica decisión final.

Edgard Ramírez Ramírez / Supuesto Negado