Contreras: Venezuela está en una lógica de “ficha de cambio” entre potencias globales

Aunque tenga reminiscencias de Guerra Fría, el conflicto de carácter global que se está dirimiendo alrededor de la situación política venezolana ya no es de carácter ideológico, sino que se mueve en el campo de lo pragmático, según la visión del sociólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela Miguel Ángel Contreras Natera.

De acuerdo al análisis del catedrático, esta es la explicación del rol que están desempeñando Rusia y China, como contrapartes de Estados Unidos en la crisis venezolana. Se trata de la muestra de un conflicto post-ideológico que podría conducir a un replanteamiento de los acuerdos que sustentan la geopolítica planetaria desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Contreras Natera (La Victoria, 1966), dialogó al respecto en exclusiva para Supuesto Negado.

¿La presencia activa de Rusia y China en el conflicto interno de Venezuela indica que estamos ante una nueva versión de la Guerra Fría?

El tema de Venezuela habría que relacionarlo con la actitud que tuvieron China y Rusia con respecto al conflicto de Siria. Allí hubo una diferenciación muy clara de ambos países respecto a su decisión anterior en el caso de Libia. En Libia, ellos permitieron, por decisión del Consejo de Seguridad, los sobrevuelos aéreos que fueron el punto de partida de la invasión de Estados Unidos y sus aliados, acción que conllevó a la secesión y fragmentación de esa nación y el asesinato de Muamar Gadafi. Después de esa decisión, tanto Rusia como China utilizaron su poder de veto en Naciones Unidas contra las decisiones que EE.UU. quiso imponer en el caso sirio. Ese fue el momento más dramático porque allí estaba el Estado Islámico, había conflictos militares abiertos, un ejército de mercenarios que logró inicialmente fragmentar el territorio sirio. Lo que está pasando ahora es que tanto Rusia como China han establecido una visión más clara sobre este tipo de conflictos y Venezuela entra allí en ese juego. A eso hay que añadir que estos dos países se han estado fortaleciendo en los últimos años, tanto desde el punto de vista militar, en el caso ruso, como en el industrial y tecnológico, en el caso chino. Lo que estamos viendo es la necesidad de replantearse a nivel global todo lo que fueron los acuerdos de Bretton Woods, de Yalta, del sistema de Naciones Unidas, los que hicieron posible la estabilidad en la posguerra. Estamos ante los intentos de ir construyendo ese nuevo mundo multipolar. Entonces, podemos afirmar que Rusia y China están jugando este papel no desde una perspectiva ideológica, sino pragmática, para el avance en la pelea global. Si se analizan los avances de la Ruta de la Seda de China con Italia o en materia de acuerdos comerciales que incluyen transferencia tecnológica con Alemania, se aprecia claramente que estamos en vías de construir una perspectiva de mediano plazo en la que China va a tener posiciones muy privilegiadas. Lo mismo puede decirse de Rusia, que seguramente recuperará el papel que en algún momento jugó la Unión Soviética, pero desde una perspectiva estrictamente militar.

La Guerra Fría anterior era una confrontación entre capitalismo y comunismo. En el caso de la Rusia actual, aunque mucha gente sigue anclada en ese discurso, la verdad es que se trata de un enfrentamiento entre diferentes fuerzas capitalistas. ¿Es así?

-Sí, estamos claramente en un conflicto post-ideológico. Eso significa que no se trata de una confrontación entre el capitalismo y una visión alternativa. Esa visión no existe. Son fuerzas económicas, comerciales y militares que se posicionan respecto a otras fuerzas. Ese es el elemento que aparece como mucho más claro. Obviamente Rusia no es un país socialista, está muy lejos de serlo. En el caso de China, aunque hay un partido único y otras características del sistema comunista, lo que se puede decir es que se trata de un capitalismo de Estado.

¿Al estar en medio de ese conflicto no se corre el riesgo de ser una ficha de cambio entre grandes potencias?

Ese podría ser uno de los riesgos principales. En épocas pasadas, los compromisos ideológicos definían áreas de influencia que suponían inclusive “ir a pérdidas” en el plano económico. En cambio, en un conflicto pragmático se corre el peligro de que en las negociaciones no aparezca Venezuela por sí misma, sino como parte de las diferencias globales, sistémicas que están teniendo China, Rusia y EE.UU. Por eso es que uno de los grandes esfuerzos en los que deberíamos estar enfrascados es en construir un espacio para debatir de nuevo el tema de la soberanía y la autodeterminación. Es importante porque estamos atrapados en una lógica de ficha de cambio en medio de la cual perfectamente podríamos incluso desaparecer. Tanto China como Rusia tienen intereses muy claros en Venezuela, pero ellos se inscriben en un marco más amplio de sus intereses globales militares, comerciales y políticos. Podríamos decir que, en ese sentido, el juego no está completamente en territorio nuestro.

La estrategia del gobierno paralelo, con designación de diplomáticos y supuestos representantes del país en organismos multilaterales ha traído una turbulencia general. ¿Cómo lo ve usted?

En principio, la estrategia de enero era de naturaleza diplomática y militar, basada en los principios de lo que los estadounidenses llaman diplomacia indirecta o transformacional. Se apoya principalmente en laboratorios de guerra psicológica. El respaldo de EE.UU. a Juan Guaidó, y el efecto que tuvo ese apoyo en otros países, sobre todo en espacios como el Grupo de Lima (que fueron construidos para discutir el caso venezolano) tuvo un primer impulso. Pero eso se ha venido debilitando porque para que sea presidente, Guaidó tiene que manejar recursos económicos y tomar decisiones que tengan resultados. Eso fue lo que se hizo en Siria (con el Consejo Nacional de Transición), donde existía una oposición a la que se le podía entregar recursos militares directos para que pudiera avanzar. Eso no lo han logrado en el caso venezolano. Lo que viene ahora es, según creo, una evaluación de esas decisiones que se tomaron sobre la base de la estrategia de la diplomacia transformacional que al parecer no surtió el efecto esperado. Eso lo pudimos ver en lo que pasó con el Fondo Monetario Internacional, donde se dijo que no estaba del todo claro el estatuto legal de la designación de Guaidó. También en la negación de la visa de Ricardo Hausmann (por China) que impidió su participación en la reunión del Banco Interamericano de Desarrollo. Allí se aprecia la importancia del peso de China en la región porque en el BID podía esperarse una decisión favorable a la estrategia de EE.UU., ya que allí están todos los países del Grupo de Lima, pero China es un gran inversor en América Latina y está cerca de tener la banca de inversiones más importante del planeta, de modo que cada país opta por manejarse pragmáticamente. Eso demuestra, otra vez, el carácter pragmático del conflicto planteado. Estamos entrando a una visión pragmática. Hay algunos intentos de ideologizar el conflicto con Venezuela, como los que hacen Iván Duque, Jair Bolsonaro y el mismo Donald Trump, movido por la guerra interna con Bernie Sanders. Pero está muy claro que estamos ante un conflicto de dimensiones post-ideológicas, más allá de los efectos retóricos de unos y otros actores.

Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado