LA CRISIS NO VENCE LA COQUETERÍA DE LA MUJER VENEZOLANA

Son famosas las frases, concursos y clichés comerciales que definen a las venezolanas como las mujeres más hermosas del mundo.

Maquillaje, tratamientos de belleza y cirugías estéticas las han “pulido” por años, pero la crisis llegó y con ella se han ido varios de estos sueños de reina de belleza y ha comenzado la era de la austeridad, el cambio de marca y la sustitución.

Parece que ahora para estar bella hay que ver… millones.

Cambiaron de marcas

Valentina Delgado y Karelys Reyes coincidieron en que se han visto forzadas a cambiar de marcas por unas de menor calidad y precio, siempre y cuando no sean imitaciones. “A veces las marcas buenas no se consiguen como antes y una debe optar por las mejorcitas. Eso sí, no compren imitaciones de las marcas buenas, porque son terribles y les va a causar problemas en la piel”, recomendó Reyes.

Lo del cambio de marcas reconocidas por marcas de menor precio y calidad, es lo que habitualmente está haciendo la mujer venezolana para seguir dándole color a sus facciones. Los implementos más usados para este fin son la base, el polvo, los labiales, el rímel y el conocido blush. En un breve recorrido por algunas tiendas comprobamos que adquirir todos estos productos, es un asunto millonario.

En un centro comercial del centro de Caracas ubicamos la base para maquillaje en un promedio de 1 millón 400 mil bolívares para las marcas más populares de cierta calidad. Los polvos oscilan entre 1 millón 800 mil y 2 millones 500 mil dependiendo del tamaño del empaque. El precio de los labiales “más o menos decentes” oscila entre el millón y millón y medio. El rímel de las marcas más populares, cuesta alrededor del millón 200 mil y los 2 millones de bolívares. Mientras que el blush o rubor, se consigue a partir del millón 500 mil.

Por supuesto que hay opciones más económicas, entre las que se consiguen imitaciones de “marcas” de origen oriental, que según las expertas no son muy recomendables. “Los productos ´copia´ son un riesgo para la piel por su mala calidad. Ya me he llevado algunos chascos”, asegura Martha Lezama.

Otras están “en modo ahorro”

Esther Ledezma es una joven trabajadora de 26 años. El maquillaje y los tratamientos de belleza han sido su vida desde que se conoce. Aún tiene una reserva de maquillaje que compró desde el año pasado y vive espantada cuando mira los precios en las vidrieras. “Antes me frisaba el rostro con base para maquillar, me la ponía hasta dos veces por día. Ahora me la pongo una sola vez y casi que con un gotero para rendirla”, comenta la chica mientras muestra sus implementos.

Para su amiga Martha Lezama la cosa ha sido todavía más traumática con el asunto de ponerle colores al rostro. “Yo me maquillaba a cada rato, no podía ir al baño sin mi estuche de maquillaje. Ahora me maquillo solo para ir y volver del trabajo. Eso es un trauma para mí, porque no me gusta estar así”, dice conmovida.

Valentina Delgado improvisó un fijador de maquillaje. “Cuando una va a una boda o reunión importante, opté por rociarme laca después de maquillarme. Así me puede durar el mismo maquillaje toda la noche sin necesidad de retoques”, asegura la joven.

Cambiaron de hábitos

Otras mujeres como Karelys Reyes tomaron posiciones más radicales y dejaron de maquillarse a diario, para usarlo solo en ocasiones especiales. “Ya dejé de comprar maquillaje. Con lo que aún tengo en casa me maquillo cuando me provoca o cuando la situación lo amerita”.

Muchas mujeres han tenido que cambiar otros hábitos de cuidados e higiene a los que estaban acostumbradas. Karelys Reyes se hacía las uñas de manos y pies todas las semanas y usaba tintes de variados colores en su cabellera. “Ahora sólo me hago las manos cada dos semanas, a veces me las arreglo yo misma. Dejé de pintarme el cabello y estoy que me lo corto porque ya está llegando el tiempo de las canas”, dice sonriente.

Mantener los rizos que usa Martha Lezama hoy en día cuesta Dios y su ayuda. “Yo usaba un producto importado especial para mis rizos, pero ahora trato de mantenerlos a punta de gel para el cabello”. Tras la desaparición momentánea de la acetona –ya “apareció”– para remover el esmalte de uñas, Martha comenta que ahora se quedó usando thinner.

El plan B: tratamientos de belleza en casa

Ante la desaparición de algunos productos, el encarecimiento de la mayoría y la necesidad de nuestras mujeres de siempre estar radiantes, han aparecido muchas opciones para hacer maquillajes y tratamientos de belleza en casa. También algunos se han dedicado a la tarea de dar estos cursos de cosmetología natural y se han hecho muy populares los tutoriales en YouTube para fabricar tus propios implementos de belleza.

Llama la atención el uso de elementos como el onoto para los labios, bases de arcilla de colores, carbón de almendras para las sombras, gel para el cabello teñida para las pestañas o vaselina para el brillo labial. Recomiendan también mezclar cremas hidratantes, bloqueador solar y algún polvo de maquillar triturado, para la fabricación de tu propia base de maquillaje, la cual resulta muy útil, sana y saludable para la piel.

Es muy importante que antes de proceder con algunas de estas estrategias para burlar la crisis económica, se consulte con un médico especialista para evitar enfermedades en la piel y en las mucosas. En cualquiera de los casos, las mujeres siguen demostrando ser unas grandes triunfadoras en el arte de ponerse más guapas.

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Por Randolph Borges / Supuesto Negado