PRONTUARIO DE LA IGLESIA VENEZOLANA

No sabemos qué tiene la revista Supuesto Negado contra la cúpula eclesiástica que tan humildemente se comporta ante los necesitados.


Durante la cuarta y la quinta República, miembros de la Iglesia venezolana han incurrido en comprobados delitos y la actitud de la institución, lejos de repudiarlos, ha sido la de un encubrimiento cómplice. Eso pone de manifiesto algo que ya todos sabemos: la Iglesia venezolana es un factor de poder dentro de nuestra sociedad, que al llegar el chavismo, ha sido cuestionada. Ahora veremos el prontuario criminal, con algunos de los casos más conocidos, protagonizado por miembros de la Iglesia Católica y de los cuales nunca se han confesado o, por lo menos, arrepentido.

1. Luis Biaggi – Ungido para el fratricidio

Algunos conocerán esta historia por el libro 4 crímenes, 4 poderes, de Fermín Mármol León. Otros conocerán a Biaggi por la película Cangrejo II, dirigida por Román Chalbaud.

El 15 de octubre de 1961 fue encontrada muerta en su habitación Lesbia Biaggi, hermana del cura en cuestión. El sacerdote salió temprano e inusualmente apurado de su casa y cuando fueron a buscarlo para darle la noticia, sin recibir mayores detalles su respuesta fue “¿qué le pasó a mi hermana? (a confesión de partes…).

La PTJ envió sus mejores investigadores desde Caracas. Encontraron que Lesbia Biaggi murió desangrada por una puñalada en la parte media del tórax. Luego de muerta, recibió 3 puñaladas más. En su cuerpo había restos de semen y, fuera del cuarto, una huellas de sangre que conducían a la habitación contigua, la de su hermano “El Cura”, como ella le decía.

El 25 de octubre Biaggi fue detenido. La Iglesia rápidamente pidió se respetara “la dignidad” del párroco y afirmaba que el tratamiento del caso era “indignante”. Hicieron pública la amenaza de excomulgar a los funcionarios que llevaban las investigaciones.

Carlos Olivares (el inspector) murió en circunstancias extrañas el 31 de octubre. Algunas voces de la Iglesia calificaron su muerte como un “castigo de Dios”. Y, para no sacar de la ecuación a los medios de comunicación, Biaggi recibió un inusual apoyo de la Cadena Capriles. Luego de 3 años detenido, fue liberado por un juez, quien afirmó que “es mejor absolver a un culpable que condenar a un inocente”.

¿Confesó Biaggi? Por supuesto que no, porque ¿quién confiesa a los curas?

2. José Luis Gil – Una maleta llena de pecados

El 27 de abril de 1988, el párroco de San Mateo, José Luis Gil, fue detenido por funcionarios de la Disip. Llevaba en su maleta 21,4 kilogramos de cocaína con destino a Madrid. Este era el tercer encargo que hacía el cura y con el cual ya sumaba la nada despreciable cifra de 47 mil dólares.

Era el Robin Hood de San Mateo, pues prestaba dinero, compraba bolsas de comida, construía obras para la comunidad y pare usted de contar. Pero esto llamó rápidamente la atención de las autoridades y le empezaron a seguir la pista hasta detenerlo. Gil, presa del pánico, confesó todo en medio del llanto, dando nombres, direcciones y sumas. Estaba vinculado con un capo colombiano de nombre Serafín Carvajal.

Fue condenado a 10 años en La Planta, aunque la Iglesia pidió “compresión y caridad” para el cura. Sin embargo, la Iglesia logró colarse entre los años más turbulentos de la Cuarta República para lograr que Carlos Andrés Pérez, poco antes de abandonar Miraflores, firmara un indulto para un “pobre sacerdote” que lo único que hizo fue “invertir en su parroquia”.

José Luis Gil confesó, pero como no se enfrentó a la Iglesia, pasó liso.

3. Monseñor Jorge Piñango – Víctima de la ¿pasión?

Jorge Piñango en 2004 era subsecretario de la Conferencia Episcopal de Venezuela (CEV). El 24 de abril de ese año, Piñango fue encontrado muerto en la habitación 89 del Hotel Bruno, ubicado en la calle de los hoteles de Plaza Venezuela.

Un hombre de 26 años reservó la habitación, primero durante 3 horas y luego rectificó la reservación hasta el día siguiente. La recepcionista del recinto afirma nunca haber visto entrar al cura.

Piñango murió por asfixia mecánica, al parecer producida con una almohada. Se encontraron, además, restos de heces y lesiones en su ano. El Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) encontró rápidamente al implicado y el vehículo del sacerdote, que salió del hotel ese mismo sábado.

Pero luego de la declaración del Fiscal General, Isaías Rodríguez, fue cuando la Iglesia sacó su arsenal. Rodríguez había afirmado que se trataba de un crimen pasional. Siguiendo su guion, la CEV pidió respeto por la dignidad del sacerdote y denunció que el manejo del caso había sido “inhumano e indecoroso”.

¿Piñango confesó? Solo después de la muerte y sin que esa fuera su última voluntad.

4. Martín Zapata – El cura que confesó a medias

El 3 de septiembre de 2012, el rector de la Universidad Católica Santa Rosa (UCSAR) fue encontrado en el baño de su casa, de pie y agarrado con firmeza del lavamanos. Así de fulminante fue el infarto que se lo llevó, que el rigor mortis lo dejó parado.

De Zapata se dijeron muchas cosas, lo innegable es que fue un hombre polémico. El sacerdote terminó enfrentado con la CEV por el control de la UCSAR; al final el TSJ falló a su favor y continuó sus labores como rector. Fue tildado de chavista y así la Iglesia agregó la pizca política que necesitaba. Hasta el Papa Ratzinger se involucró en el caso.

El Nacional afirma que Zapata “colgó los hábitos”, aunque en realidad fue execrado de la institución. En algunos momentos piropeó al gobierno, en otros, lo atacó sin miramientos. Pero al menos en su discurso hablaba de la inclusión educativa que no practicaba la Iglesia.

De este (ex) cura se dijo de todo cuando murió, hasta el Padre José Palmar celebró su partida. Lo que sí es cierto es que a él la Iglesia no le defendió su “dignidad como sacerdote” porque él sí confesó, aunque haya sido a medias.

5. José Palmar – Negocios millonarios

La derecha, sobre todo mediática, apostó todo su capital político este año a que con los “Papeles de Panamá” iban a lograr tumbar a todos los gobiernos progresistas del continente y destapar incontables ollas alrededor del mundo. A conveniencia, por supuesto.

La jugada fue tan decepcionante para ellos que hoy en día el tema parece haber salido de los titulares. Y quienes salieron salpicados fueron actores políticos de la derecha. Casualmente, Rafael Poleo, adeco de vieja data, señaló en su periódico El Nuevo País, que el padre José Palmar, furibundo opositor, estaría asociado a la fundación “Hijos del Zulia”, que colocó 18 millones de dólares en una cuenta offshore en Panamá. “Me extraña”, agregó Poleo.

El cura Palmar negó rotundamente esta información y luego Poleo afirmó que eso jamás había sido publicado en su diario. Como los Papeles al final no son nada convenientes para la derecha, eso quedó enterrado ahí.

¿Palmar confesó? No, porque al final la Iglesia nunca confiesa sus pecados.

Simón Herrera

Supuesto Negado