Beber en crisis: caraqueños hacen cola buscando ofertas en alcohol

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La fila de gente supera lo que la vista alcanza y dobla en la esquina. Las personas comentan amenamente, hay intercambio de información, sonrisas y gestos cómplices. No se trata de cualquier fila, ésta no es habitual. No es para comprar el pan, el arroz regulado o la cola para recibir la bolsa del CLAP, esta cola es para comprar “caña”.

La licorería “Los Da Silva”, una franquicia de Prolicor ubicada en la urbanización Bello Monte, tiene una receta desconocida para atraer los clientes. Y decimos “desconocida” porque mantener unos precios tan competitivos en plena crisis económica, con hiperinflación incluida, no encuentra una explicación sencilla.

Entrar al local sin hacer la cola es una tarea imposible, así que tuvimos que identificarnos como trabajadores de la prensa para ingresar en el sitio, y aunque el trato fue muy cortés, el encargado y los empleados se mostraron reacios a dar declaraciones. “No estoy autorizado para hablar con la prensa, hermano. Pero la razón de todo este alboroto es obvia, se debe a los precios”, dijo el encargado que ni su nombre quiso dar.

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Un breve paseo por los anaqueles nos basta para comprobar que los precios están más bajos que en otros sitios, aunque con la hiperinflación que afecta nuestra economía, todos los precios siguen luciendo escandalosos cuando los marcan en “millones” de bolívares. A diferencia de cualquier establecimiento de licores en una zona popular, éste local tiene un inventario envidiable y muy variado, lo cual deja en evidencia que el negocio mueve plata pareja.

Mientras recorríamos los anaqueles, carruchas cargadas con cajas de whisky pasaban hacia los depósitos del local, pero al mismo tiempo un dependiente de la tienda llenaba una camioneta último modelo con unas cinco cajas de buen escocés y otras tantas de ron añejo. Una segunda oleada de clientes ingresó y nos tuvimos que salir.

En la puerta del negocio logramos hablar con uno de los empleados que nos dio acceso inicialmente. “Esto es todos los jueves, viernes y sábado. A veces la cola casi da la vuelta a la cuadra”, dijo el muchacho con una suerte de emoción infantil reflejada en su rostro. “El resto de la semana se mueve la venta, pero cuando llegan los fines de semana esto es una locura. Eso sí, la gente es muy ordenada y no hay mayores problemas”, puntualizó.

Haciendo la cola

Luego de salir del negocio decidimos ponernos en la piel del comprador y fuimos a hacer nuestra fila. Allí uno escucha de todo y pregunta lo necesario. Con unas 30 personas por delante escuchamos a una pareja que aún no se decidía qué comprar, ante lo cual la chica hizo una llamada telefónica: – “Chama, estamos en la licorería de Bello Monte ¿qué llevamos?… La de ron me dicen que está 500 mil bolívares más barata ¿La llevo?… Que lleve dos de ron”, terminó diciendo la muchacha a su acompañante.

Otro señor que estaba adelante conversó con nosotros sobre lo caro que está todo, pero aseguraba que a la hora de comprar licores, él prefiere esa tienda.

  • ¿De cuánto es el descuento que manejan aquí?, preguntamos
  • No sé, pero déjame preguntar algo…

Mientras guardamos su lugar en la fila, el hombre se asomó al interior del local y le perdimos de vista algunos segundos. Al volver, su cara de satisfacción nos confirmó porqué prefiere comprar en ese establecimiento.

  • No tengo idea de porcentajes en los descuentos que hacen, pero la botella del whisky que yo tomo cuesta aquí 10 millones menos.

Tratamos de ocultar nuestra cara de pobre entre las demás personas mientras vimos cómo llenaban otra camioneta último modelo de cajas y cajas de whisky y ron. Antes de retirarnos, unos jóvenes que llegaron a bordo de una moto recontaban dinero en efectivo mientras se incorporaban a la fila.

  • Chamo, aquí coronamos dos botellas por lo que cuesta una sola por la casa – dijo uno de ellos.
  • Toma mi tarjeta y compra dos más. Te mando la clave por guasá – indicó el segundo mientras daba la vuelta a la esquina en la motocicleta.

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Por Randolph Borges / Supuesto Negado