CRISTINA Y LULA PUEDEN ABRIR UN NUEVO CICLO DE IZQUIERDA EN 2018

Diversas encuestas demuestran que la popularidad de los actuales gobiernos de Argentina y de Brasil está por el suelo. No solo sucede en estos dos países, la derecha y sus políticas están siendo fuertemente rechazadas por las mayorías.

En Argentina, desde que ganó Macri, el país sureño es una enorme olla en peligrosa ebullición, toda vez que las medidas implementadas por este han sido muy mal recibidas por las grandes mayorías, incluyendo a quienes votaron por él.

Muchos analistas auguran incluso que el empresario no será capaz de terminar su mandato, las protestas, a pesar de ser duramente reprimidas por las fuerzas de seguridad del Estado, son cada vez más intensas.

Las manifestaciones multitudinarias que últimamente han acompañado y mostrado su apoyo a la expresidenta Cristina Kirchner, en contraste con las recurrentes protestas en contra de las políticas macristas hacen posible pronosticar que en las próximas elecciones una coalición popular volverá a ser gobierno.

Aunque Cristina no había confirmado que se lanzaría como candidata, su participación política en todo lo que va de gobierno de Macri no había desmayado. Ahora fue confirmada su candidatura a senadora por la Provincia de Buenos Aires.

Este anuncio está revestido de mucha importancia, puesto que si logra buenos resultados en los comicios (tal como sugieren los indicadores) será la cabeza de la oposición a Macri y preparará así la plataforma perfecta para volver a la Presidencia en 2019.

La fuerza con que esta mujer convoca a las masas le ha bastado para desbordar estadios (el de Arsenal hace poco), así como para rechazar públicamente la gestión del actual presidente argentino: “Sobre la Argentina cayó el fantasma del desempleo, de la flexibilización laboral, la caída del salario, las tarifas impagables y ahora nos desayunamos con que nos quieren dar una deuda por cien años”.

Se hace especialmente patente el descontento de la gente hacia Macri cuando este ha descabalgado el terreno que en materia social habían recorrido las administraciones Kirchner, tanto de Néstor como de Cristina. La propuesta de ella es más bien profundizar lo que en 12 años logró.

Por otro lado, en Brasil Michel Temer enfrenta una turbulenta situación jurídica, acusado de graves delitos de corrupción, que pinta difícil de sortear, además de ser objeto del repudio de la inmensa mayoría del pueblo.

Ante estos hechos, la figura de Luiz Inácio Lula se presenta como alternativa real en el escenario electoral venidero, sobre todo si se piensa que el ascenso de Temer a la presidencia se hizo a través de un proceso arduamente cuestionado, que a miras de la opinión brasilera e internacional supone un golpe de Estado parlamentario a la presidenta Dilma.

Según encuestas realizadas recientemente por el Instituto Datafolha, sobre la intención de voto para las elecciones presidenciales en Brasil, el expresidente Lula lidera con un 30%, quien le sigue apenas cuenta con un 16% de apoyo.

De modo que hasta los momentos, y aunque aún Lula no es el candidato oficial del Partido de los Trabajadores, la realidad indica que en este inmenso territorio suramericano también es muy posible que retorne el ejercicio de una política alejada de la derecha neoliberal y más cercana a los postulados de la izquierda.

Es preciso recordar que en Nicaragua Daniel Ortega, representante del Frente Sandinista de Liberación Nacional, ganó en 2016 las elecciones con más de un 70% de votos, para ser reelegido presidente hasta el año 2022.

También se debe tener presente que en Ecuador, hace muy poco fue electo presidente Lenin Moreno, del Movimiento Alianza País, apoyado por el presidente antecesor Rafael Correa. Aunque el margen de votos entre las dos opciones (derecha e izquierda) fue bien estrecho, la Revolución Ciudadana permanece viva.

Una vez que se mira así el tablero latinoamericano, no se ve tan derrotada la izquierda, al menos no como han sentenciado diferentes analistas.

En el devenir político, tal y como sucede en el ajedrez, una situación de dramática inferioridad puede dar giros que volteen todas las condiciones del juego. Brasil y Argentina son prueba de ello.

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Por Julia Cardozo / Supuesto Negado