¿Cuáles son las fases de una intervención militar?

Trump había insinuado la posibilidad de una intervención armada en Venezuela que fue rechazada por varios países de la región al menos hasta el año pasado. Sin embargo, tras la autoproclamación del diputado Juan Guaidó esta semana, ha empezado a delimitarse un escenario de intervención verosímil.

Con todo esto muchos temen que la intervención, otrora un lugar común del discurso político venezolano, se haga realidad.

Pero si fuese así, ¿cómo saber cuándo una intervención es posible? ¿Cómo se van dibujando las intervenciones militares en nuestros días?

Echándole un ojo a las intervenciones dadas luego de la guerra fría hay una serie de constantes que se hacen visibles:

Definición del enemigo

Esta es la fase más larga y compleja de la intervención y puede durar décadas. Básicamente se trata de que, en un momento determinado, alguna potencia define que la única actitud posible con un gobierno o un estado es destruirlo. Esta decisión se toma debido a la acción de grupos de presión dentro y fuera de los EE.UU. Muchas personas creen que las enemistades entre países que afectan los intereses de los EE.UU. o la OTAN son inevitables, pero eso es mucho más complicado: gobiernos que son tachados de terroristas, autocráticos o estados fallidos pueden tener relaciones por muchos años con las potencias occidentales. Irak, Libia, Panamá y Siria tuvieron todos periodos de estrecha colaboración con los EE.UU.

La intervención entonces requiere que, a nivel mediático, un gobierno dado sea considerado por el público como enemigo, peligroso o criminal, un ejemplo clásico fue la mentira sobre las armas de destrucción masiva que supuestamente tenía Irak y otro más reciente, son las campañas contra Rusia por intervenir en elecciones en otros países, pero eso no basta: una serie de medidas específicas se ponen en curso para hacer que ese gobierno sea “intervenible”, es decir, para que la intervención militar no parezca un simple acto de fuerza.

Sanciones y presiones

Esta fase también puede durar años. Luego de que varios gobiernos, comenzando por el de los EE.UU., califican a un gobierno de peligroso o criminal, se ponen en juego sanciones tanto bilaterales como de organismos internacionales. Estas últimas prosperan según las correlaciones de fuerzas en organismos como la ONU, la OEA la Unión Europea, etc.

Hay sanciones legales o “morales” cuyo objeto es estigmatizar al gobierno al sancionar a algunos de sus representantes o de sus políticas o al excluirlo de ciertos foros. Pero las sanciones económicas como tales ya son una forma de ataque cuyo objeto es debilitar al gobierno enemigo al debilitar su economía y no siempre hay planes de seguirlas con ataques militares.

Esta fase también puede durar décadas, como lo demuestra Cuba, y alternarse con fases de distensión o con episodios armados: Las sanciones que destruyeron la economía de Irak siguieron luego de la Guerra del Golfo, Zimbawe ha estado sancionado por muchos años sin que haya intervención y el bloqueo económico a Cuba fue interrumpido por un par de años, las de Irán terminaron con los acuerdos nucleares.

En ciertos casos esas sanciones pueden estar acompañadas o precedidas por actos de sabotaje u “operaciones encubiertas” pero eso depende mucho del riesgo que corran los agresores si son descubiertos haciéndolo, es decir, es más probable que eso pase en la pequeña Cuba o Siria que en Irán o Rusia. Pero en algunos casos el sabotaje puede derivar en toda una intervención indirecta como ocurrió en Nicaragua en los ochenta y en Siria hace unos años.

Definición de alianzas

Aunque la función de las sanciones es, supuestamente, hacer que un gobierno determinado “cambie de actitud” obviamente ninguno lo hace y, aunque pasara, no importaría porque el objeto de las sanciones es otro: por el lado del discurso estigmatizar al gobierno y al país como dignos de un ataque militar, por el lado de las relaciones de fuerzas ir debilitándolo.

Cuando los operadores internacionales (estos no pertenecen a un solo país y forman redes que abarcan distintas regiones como ocurre con el lobby cubano o el sionista y, más recientemente, el venezolano nacido a la sombra del cubano) deciden que tienen que usar las armas contra el gobierno enemigo se abren dos escenarios: la intervención directa y la indirecta.

En el primer caso las potencias ponen tropas y equipos en el terreno, en el segundo mueven ejércitos o fuerzas locales. Libia y Siria son un ejemplo de la escala que pueden llegar a tener las intervenciones indirectas allí donde existen las condiciones (es decir, fuerzas locales que pueden ser capacitadas para la guerra).

Cuando no es así, como en Irak o Afganistán, se ponen en juego alianzas ya no solo diplomáticas sino militares entre países que pueden y quieren arriesgar vidas y equipos en operaciones armadas.

En muchos casos estas alianzas solo están para dar legitimidad a la intervención como ocurrió con el apoyo de Alemania y España a las guerras en Irak y Afganistán, en otros como en el de Inglaterra y Francia si son elementos operativos importantes.

Igual que una intervención puede hacerse por medio de “proxis” es decir, de fuerzas militares distintas a las de los EE.UU. o la OTAN, también puede hacerse usando a otros países, por ejemplo, Irak e Israel han servido para atacar a Irán. Por otro lado, Irán y Arabia Saudita se han enfrentado indirectamente en Siria y Yemen, Rusia y la OTAN lo han hecho en Ucrania.

Escalamiento del conflicto

Esta es una fase intermedia en que ciertos acontecimientos son utilizados para que las hostilidades inicien o se profundicen. En nuestra época de guerras aeronavales e irregulares estos escalamientos consisten sobre todo en infiltraciones de grupos irregulares o en bombardeos. El pretexto es un “exceso” del gobierno agredido. Este puede ser real o ficticio, da lo mismo porque ya la decisión ha sido tomada.

Irak y Afganistán, que muchos toman como modelos, son excepciones: las intervenciones de los EE.UU. y la OTAN con desembarco de tropas son raras, las grandes potencias prefieren el ataque a distancia y el uso de proxis o de fuerzas especiales o grupos de despliegue rápido y puntual como los marines o paracaidistas. Como hemos visto las dos últimas grandes intervenciones de los EE.UU. en Siria y Libia se hicieron usando grupos armados locales, fuerzas especiales y bombardeos.

Esta forma de hacer la guerra es especialmente caótica y los EE.UU. aprendieron durante la Guerra de Irak y Afganistán a no comprometer en exceso a sus tropas en el caos que se crea en los países intervenidos.

Intervención plena

Como vimos arriba muchas intervenciones militares no requieren que las grandes potencias desembarquen y desplieguen tropas a gran escala. Así que la intervención plena puede significar bombardeos intensivos, desembarco en puntos específicos, o despliegue sistemático de fuerzas irregulares o de países aliados de acuerdo a un plan definido por el Pentágono y la OTAN.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado