Destrucción de bienes culturales es otro “daño colateral” en intervenciones militares

Cultural

Cuando llegan los marines y caen las bombas gringas no se salva nada ni nadie. De eso saben bastante pueblos tan distintos como los de Vietnam o Irak, contra quienes los norteamericanos se han ensañado con sus bien conocidas excusas humanitarias.

Estas invasiones han dejado tras de sí no solo muerte y dolor, sino la pérdida insalvable de obras y documentos históricos, que en muchos casos daban cuenta de los inicios de la civilización tal y como la conocemos.

Varias normativas establecidas por la ONU obligan a proteger el patrimonio cultural de los lugares en conflicto, la más importante es la Convención de La Haya (1954); sin embargo, la historia reciente de las invasiones estadounidenses certifica que son letra muerta.

Y es que el saqueo, la expoliación, la destrucción del patrimonio cultural y el aniquilamiento de la memoria histórica son parte intrínseca de la guerra, tal como la concibe EEUU, para quien estos actos no son daños colaterales, sino objetivos en sí mismos.

Este breve recuento con ejemplos emblemáticos da cuenta de los crímenes gringos contra la cultura de pueblos que ha pretendido borrar:

En Vietnam

Las estimaciones más tímidas dicen que al menos 1 millón de vietnamitas murieron en la arremetida gringa contra ese país entre 1955 y 1975. Los norteamericanos usaron armas químicas para aniquilar más eficientemente a grandes cantidades de personas, aun así los asiáticos nos desmayaron hasta echar al invasor de sus tierras, propinándoles una monumental derrota que hoy todavía resienten.

La ciudad imperial de Hue fue una de las víctimas culturales, bombardeada durante semanas en la llamada Ofensiva del Tet, en 1968. Tras la operación, solo el 10 por ciento de sus edificios quedó en pie.

El lugar es Patrimonio Cultural de la Humanidad y la Unesco se ha dedicado por décadas a su restauración pero es mucho lo que se perdió para siempre.

Otro monumento arrasado fue el santuario de My Son, construido entre los siglos IV y XIV. Este completo también ostenta su declaratoria como Patrimonio de la Humanidad. Albergaba más de 70 templos de piedra y ladrillo, de los cuales EEUU destruyó 50.

También sufrió daños irreparables el patrimonio natural. El bosque de manglar del Delta del Mekong, uno de los mayores del mundo, fue bombardearlo con napalm y herbicidas para evitar que los soldados viernamitas se ocultaran en su vegetación.

Con esta acción, los gringos arrasaron por completo con su flora y su fauna y las estimaciones indican que aún tardará décadas en recuperarse.

En Bosnia

EEUU y la OTAN invadieron el territorio de la antigua Yugoslavia entre 1991 y 1995, con la excusa de salvaguardar los derechos humanos de esa población en conflicto. Esta intervención alcanzó un nivel nunca antes de visto de destrucción al patrimonio histórico y religioso

El Tribunal de La Haya llevó a juicio algunos de los casos más emblemáticos, pero la mayoría quedó impune. Por ejemplo, nadie fue responsabilizado por la destrucción total de Vukovar, una ciudad barroca al este de Croacia.

Hasta ese momento, lo hecho con el patrimonio yugoslavo solo pudo compararse con los crímenes culturales de la Segunda Guerra Mundial. Así mismo lo calificó la Unesco.

Las demoliciones afectaron sobre todo al patrimonio otomano e islámico de Bosnia, donde fueron destruidas más de 1.200 mezquitas, de las que unas 20 databan del siglo XVI. Igual suerte corrieron 150 iglesias católicas, 15 iglesias ortodoxas, cuatro sinagogas y otros mil monumentos.

Fue bombardeada la Biblioteca Nacional y Universitaria de Sarajevo, cuyos vecinos corrieron a salvarla al verla en llamas. Miles de personas arriesgaron su vida –y algunas la perdieron en el fuego y por francotiradores- para rescatar libros. En total, 188 bibliotecas fueron atacadas y 43 completamente destruidas.

En Irak

En 2003 EEUU invadió Irak bajo la acusación de tener armas de destrucción masiva (que nunca se encontraron).

Ocho años después del retiro oficial de las tropas norteamericanas, el país donde se asentó la antigua Mesopotamia sigue sumido en el caos. Su patrimonio, que fue saqueado y destruido en la guerra, hoy se mantiene en riesgo por la alta conflictividad que sigue presente en ese territorio.

Apenas comenzando la invasión, en 2003, se llevó a cabo el saqueo de unas 10 mil piezas de los museos nacionales, especialmente del Museo de Bagdad. También se redujo a cenizas la Biblioteca Nacional de Bagdad. A pesar de las denuncia por parte del gobierno y pueblo iraquíes, e incluso de la propia Unesco, el desvalijamiento se llevó a cabo impunemente.

Sin pruritos se destruyeron lugares históricos como Nimrud, antigua capital del imperio asirio que data del siglo XIII a.C.  La destrucción fue calificada por la Unesco como un “crimen de guerra”.

Otro monumento milenario víctima de la ofensiva fue la Mezquita de Samarra, de más de 1200 años de historia. El lugar era usado por los soldados gringos como torre de vigilancia, en donde se apostaban francotiradores, así que naturalmente se convirtió en sitio de combate y parte de su estructura quedó hecha ruinas.

En Libia

En 2011 EEUU se metió en Libia, supuestamente para liberar al pueblo del régimen de Muammar Al Gadafi. Con la invasión, el país pasó de ser uno de los más prósperos de África a un territorio sin ley.

Debido a esa inestabilidad, en 2016 cinco lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco fueron incluidos en la lista de Patrimonio en Peligro.

Se trata de los sitios arqueológicos de Leptis Magna, Sabratha y Cirene, las pinturas rupestres de Tadrat Acacus y la ciudad vieja de Gadamés, todos declarados Patrimonio en la década de 1980.

Vale destacar que el Museo de Trípoli, en la capital libia, no corrió con la lamentable suerte que el de Bagdad, en Irak. Al conocer sobre la inminente invasión, su personal selló el edificio, se apertrechó y protegió sus tesoros, incluso enterrando lo más valioso. Sufrió afectaciones, pero las principales posesiones del recinto fueron salvaguardadas.

En Siria

El conflicto bélico que mantiene en Siria desde 2011 y que ha sido aupado y apoyado por EEUU ha hecho arraso en lo que respecta al patrimonio de ese pueblo, que se ha mantenido en resistencia ante la amenaza permanente de una invasión.

Oficialmente la Unesco inscribió a seis lugares sirios Patrimonio Cultural de la Humanidad en la lista de Patrimonio en Peligro: la Ciudad Vieja de Alepo, la Ciudad Vieja de Damasco, la Ciudad Vieja de Bosra, el Crac de los Caballeros y Qal’at Salah Al Din, el Sitio de Palmira y las Aldeas antiguas del norte de Siria. Algunos de estos lugares tienen más de 4 mil años.

Entre los lugares que han sufrido afectaciones está el Zocco de Alepo, el milenario  mercado de la ciudad, que se convirtió en sitio de combate, y la mezquita Khaled Ibn Walid, que fue completamente destruida. Como ella, cientos de edificios sagrados para la religión islámica han sido devastados total o parcialmente.

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Por Rosa Raydán / Supuesto Negado