DESCONÉCTESE POR MODA, O CONÉCTESE A CONCIENCIA

 

 

Los grandes empresarios de las Redes tienen a sus hijos en escuelas donde está prohibido el uso de la tecnología.


Dicen que está de moda prescindir de las redes sociales (RRSS).

Encuestasporacá estudiosporallá, patentan resultados en los que la mayoría de los entrevistados parecen estar de acuerdo con que pierden su tiempo en la web, se desconcentran de lo que importa, y con que casi en su totalidad desean abandonarlas. Al 78% de los estudiados por una empresa que vende “seguridad en la red” los retendría el miedo a perder el “contacto” con sus amigos y una extensión digital de sus “memorias” ¿Y, a usted, qué lo mantiene atado?

En Francia, por ejemplo, por Ley los empleados pueden desconectarse fuera de su horario de trabajo, para bajar los niveles de estrés que produce el uso del celular para conectar con los diferentes mecanismos tecnológicos de información y comunicación.

Porque según las más recientes investigaciones la sociedad actual ya sufre de “agotamiento virtual”, y tras el abandono de sus principales distracciones virtuales tipo Facebook, Twitter, Instagram, Youtube, Whatsapp, Snapchat, en una semana un adicto podría experimentar mejoras en su estado de ánimo. Así lo constata el Happiness Research Institute, que encabeza su estudio con una frase que podría definir lo que ocurre con el uso de las RRSS: “Las redes sociales son un gran canal de noticias 24 horas. Un flujo constante de vidas editadas que distorsionan nuestra percepción de la realidad”.

Estar desconectado podría significar una reconexión con la realidad. A los “desconectados” se les bautiza como una nueva tribu urbana. Y tienen una característica en común: desean vivir la vida real no por romanticismo, sino por salud, por mejorar su calidad de vida. Algunos se sintieron esclavizados, otros simplemente decidieron pasar del uso de las redes, olímpicamente, prescindiendo incluso del teléfono celular, del cable y su “diversidad” de canales de televisión.

Un dato que debiera llamar la atención es que diferentes escuelas a las que asisten los hijos de Silicon Valley, los creadores de las redes sociales, tienen prohibido el uso de la tecnología mientras se eduquen bajo sus tutelas.

Si desconectarse no le convence por salud, hágase una idea política.

En el “imperialismo virtual”, concepto que acuña el doctor en filosofía y profesor universitario español Enric Puig Punyet, “cuando compartimos (una información en las rrss) somos trabajadores sin salario para un jefe anónimo, generamos contenido para las plataformas y, por tanto, tráfico y visitas”. Algo así como llevar una marca en el pecho sin que te den un Bolívar por la “inocente” publicidad, mientras los propietarios se hacen ricos con el posteo de nuestros estados de ánimo en la red.

Se dan de baja cien y nacen miles. Parece una batalla que perdimos.

A propósito, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones -Conatel- informó que Venezuela aportaba en 2015 a los más de tres mil millones de conectados en el mundo la cantidad de 15 millones, que representaron casi un sesenta por ciento de penetración en la población.

La nación caribeña se encontraba en la novena posición en el mundo en uso de redes sociales. En el top 20 de los países con más usuarios en Facebook: 9 de cada 10 venezolanos tendrían una cuenta en esta red; y en el décimo tercer puesto en uso de Twitter: 7 de cada 10 recurren al pajarito. 5 de cada 10 se retratarían en Instagram y el 86% visitaría constantemente Youtube.

En Venezuela el movimiento en el que se inscribe la desconexión, el volver a los ritmos y tiempos naturales, todavía no desfila en las pasarelas; al contrario, todos los días los números han de crecer y las tarimas apuestan por diversificarse. Persiste la idea de la red, la que modifica el tráfico de los contenidos y el fin para el que se implementa.

Manifiesto

En el mejor de los casos, las redes sociales servirían como plataforma para la conformación de “comunidades virtuales”, objetivo que llamó a capítulo a un grupo de jóvenes, principalmente mujeres de diferentes lugares de la geografía nacional, para crear una tribuna alternativa (principalmente) al Facebook: Manifiesto.

De los fundamentos principales de esta red venezolana, según una de sus creadoras y actual directora general Adriana Cruz, figura la consolidación no solo de comunidades virtuales, sino y también servir como espacio a las ya establecidas en la realidad, como consejos comunales, comunas, colectivos sociales, grupos políticos, ecológicos, y hasta religiosos, para la liberación del conocimiento productivo, para la emancipación y el aporte a la sociedad venezolana.

Apuestan al uso del software libre como herramienta no privativa para edificar y mantener la red.

Alcanzan los casi siete mil usuarios a un año de haberse creado y pretenden diversificar sus mecanismos para atraer a más participantes.

Adriana era usuaria de las redes sociales que responden a fines comerciales hasta que se hartó y decidió batallar desde su idea de lo que debe ser un medio ético. No reculó, sino que decidió sumar a su causa a otras siete mil personas más.

En ese sentido, de lo que se trata al parecer es, como siempre, de darle el uso adecuado a las herramientas. Pero, y sinceramente, ¿le hace falta publicar esto en Facebook?

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Por Indira Carpio Olivo / Supuesto Negado