Detenido sobrino de Ravell por tráfico de droga en Estados Unidos

El comediante venezolano (y acérrimo antichavista) Jóse Rafael Guzmán, presuntamente se encuentra privado de libertad “sin derecho a fianza” en Estados Unidos por transportar en su carro un kilo y medio de marihuana en la carretera de Texas, según se informó en un par de programas de la televisión estatal criolla, Zurda Konducta y Con el Mazo Dando.

Este humorista caraqueño −del grupo de Luis Chataing, Led Varela y el Profesor Briceño− hizo Stand Up, radio y colaboró en páginas satíricas criollas.

Recordemos que su constante campaña en redes sociales con mensajes cargados de odio e intolerancia contra los chavistas (algunas veces sugiriendo la idea de su satisfacción en matarlos) generó severos señalamientos por sus llamados a golpear, escupir y humillar a los afectos a la Revolución Bolivariana.

Hace unos meses, Guzmán hizo unos videos sobre la migración venezolana y más recientemente comenzó una gira promocional por algunos países centroamericanos y Estados Unidos que canceló sin explicación alguna.

Aunque muy activo en las redes sociales, la última publicación de Guzmán fue el pasado 12 de agosto, lo que genera aún más suspicacias sobre su captura y detención.

Hasta el momento ni el humorista ni su mánager han dicho pío acerca de su ausencia.

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Marihuanero confeso

A pesar de que no es lo mismo ser traficante que consumidor (difícilmente un fumador habitual lleve kilo y medio de hierba), durante un programa en vivo con el presentador Jaime Bayly, Guzmán confesó que en su caso la marihuana lo pone creativo: “Me pone a botar candela por la boca. No soy de la gente que consume alcohol, soy de las personas que consumen marihuana”.

https://twitter.com/rbcmarcano/status/1179221010127695872?s=20

Sin embargo, esta adicción no es lo más negativo de su conducta (igual que en el caso de Freddy Guevara, el político de Voluntad Popular quien también declaró su afición por la marihuana), sino que el problema radica en sus continuos comentarios en redes sociales que impulsan a sus seguidores a cometer delitos.

Porque seamos claros, una cosa es la libertad de expresión (con ánimo de desahogarse o de manifestar malestar social) y otra el hostigamiento, discriminación y violencia contra personas o grupos específicos.

No es un dato menor que los haters de la derecha criolla se sienten guapos y apoyados, sobre todo ante las amenazas de intervención militar de EE.UU., a pesar de la reciente Ley contra el odio, por la convivencia pacífica y la tolerancia o el Código Penal Venezolano.

La Ley contra el odio promueve y garantiza (en teoría) el reconocimiento de la diversidad, la tolerancia y el respeto recíproco, “para prevenir y erradicar toda forma de odio, desprecio, hostigamiento, discriminación y violencia”.

De hecho, señala puntualmente la responsabilidad en las redes sociales (artículos 14 y 20) de quienes promuevan la guerra o inciten al odio nacional, racial, étnico, religioso, político, social, ideológico, de género y orientación sexual. La pena prevista es prisión de diez a veinte años y −oído al tambor− tienen carácter imprescriptible por tratarse de violaciones graves de los derechos humanos (Art. 25).

Además, en el Código Penal Venezolano está establecido en el artículo 285 que aquel que estimule “el odio entre sus habitantes o hiciere apología de hechos que la ley prevé como delitos (…) será castigado con prisión de tres años a seis años”.

En estos tiempos convulsos no está de más insistir en que la libertad de expresión impone la tolerancia de (casi) todo tipo de ideas, lo cual no significa necesariamente condescendencia o aceptación, sino simplemente que las ideas, como tales, no deben ser perseguidas penalmente.

Por Edgard Ramírez Ramírez / Supuesto Negado