¿QUÉ DIRECCIÓN TOMARÁ EL DIÁLOGO GOBIERNO-OPOSICIÓN? POSIBILIDADES Y RETOS DE LA NEGOCIACIÓN

DIÁLOGO GOBIERNO OPOSICIÓN

Múltiples expectativas se han creado sobre la nueva ronda de diálogo entre el gobierno y “sectores mayoritarios de la oposición política venezolana” convocada para el 1 y 2 de diciembre en República Dominicana.

Y enfatizamos lo de “sectores mayoritarios de la oposición política venezolana” pues en ellos recae la responsabilidad de deslindarse de aquellos otros sectores de la oposición política que intentan legitimar una agenda de injerencia externa, de retorno a la desestabilización política y de reedición de la protesta violenta de cara a las elecciones Presidenciales del 2018.

Los sectores desestabilizadores siempre calificarán al diálogo político como “fraudulento”, pues para ellos la estabilidad política, la recuperación económica y las expectativas de defensa de las conquistas sociales alcanzadas hasta hoy, los dejaría sin oxígeno político.

De este modo, la agenda de sanciones internacionales, tanto de la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá van en sentido contrario del diálogo democrático, la independencia económica, la justicia social y la soberanía nacional, porque ya han marcado una decisión de intentar estrangular y derrocar al gobierno de Maduro y configurar una situación para calificar al Estado venezolano como un “Estado fallido”.

Los sectores radicales de la oposición plantean la ruta señalada por Washington: un proceso de “transición post-chavista” bajo el barniz de “una negociación representativa de las fuerzas democráticas y de la disidencia del chavismo que le ahorre dolor a la sociedad venezolana”.

Mientras la oposición política mayoritaria está negociando condiciones para lograr un Consejo Nacional Electoral (CNE) que le otorgue incentivos a la participación electoral, la oposición radical intenta atacar al árbitro electoral y a todo el régimen político-constitucional.

La oposición mayoritaria en República Dominicana intenta dar muestras de búsqueda de escenarios de “alternabilidad democrática” dentro del proceso político constitucional y de gobierno, mientras la oposición radical sigue atornillada en su consigna de “Cambio de Régimen”, siguiendo el hilo de la injerencia de EEUU.

Por su parte el gobierno se enfrenta a un marco de restricciones económico financieras, que pudiera destrabarse parcialmente si ambos actores intentan una normalización institucional de las competencias y atribuciones de la Asamblea Nacional, sobremanera las referidas a la aprobación del presupuesto y el manejo del endeudamiento externo.

Un entendimiento mínimo con las fuerzas mayoritarias en la AN permitiría una fase de cohabitación entre gobierno y oposición que permitiría encauzar al país a condiciones favorables para unos comicios presidenciales en paz, así como para concertar políticas para la recuperación económica del país.

Estados Unidos y Colombia, junto con el Grupo de Lima, el Secretario de la OEA, Luis Almagro y España son favorables a la tesis de condicionar el diálogo, hablando de “soluciones concretas”, como unos comicios con observación internacional y un cambio de la integración interna del Consejo Nacional Electoral (CNE).

El cinismo de tal posición ha sido expresado por España: el ministro español de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, afirmó este martes que las sanciones impuestas hace unos días por la Unión Europea (UE) a Venezuela quieren ser “un acicate, un aliciente para promover el diálogo” en ese país.

Es posible entonces comprender más allá de las apariencias de la escena de las declaraciones políticas en los medios, que el diálogo está enmarcado en un conjunto de iniciativas que simultáneamente intentan cercar y estrangular a Venezuela:

La intervención directa de Estados Unidos en Venezuela es así precedida o disimulada por su intervención o su amenaza tercerizada desde las fronteras: los países circundantes encargados del “rescate humanitario” de un pueblo que, por lo demás, en cada elección, en cada momento de riesgo, en su dificilísima lucha cotidiana, confirma que no quiere ser “rescatado”, sino libre de vivir con lo suyo eligiendo su modo, a su manera autodefinida como bolivariana”.

Para los autores del estudio citado, todos los elementos enumerados permiten afirmar “que existe un operativo organizado que tiende a la desestabilización general de Venezuela”.

Por tal razón, el Gobierno ha tenido que defenderse de las amenazas, sanciones y agresiones de EEUU y sus aliados regionales en diferentes foros multilaterales, intentando además estrechar alianzas con Rusia y China, entre otros aliados, en la búsqueda de un equilibrio de fuerzas.

De cara a la nueva ronda de diálogo en República Dominicana, la oposición presentó sus exigencias: a) la apertura de un “canal humanitario”; b) la liberación de presos políticos; c) elecciones presidenciales limpias y transparentes; y d) un nuevo CNE.

Desde la otra acera, el presidente Maduro, ha exigido a la oposición que brinde “garantías económicas”, que no contribuya a las sanciones económicas de Donald Trump así como negociar un acuerdo para que exista una mutua convivencia y reconocimiento por parte de la ANC y la AN para normalizar el funcionamiento de las instituciones del Estado venezolano, en temas como acuerdos de inversión y créditos externos sensibles para la economía venezolana.

La carta fundamental de negociación de la oposición presente en la mesa de diálogo es su relativo control de la Asamblea Nacional para favorecer o bloquear los acuerdos externos que estabilicen la economía nacional.

Sin embargo, en el seno de la propia Asamblea Nacional, los sectores radicales de la oposición van trenzando su alianza (amparados bajo los acuerdos del ahora exilado Antonio Ledezma y María Corina Machado) para conformar una nueva fracción parlamentaria distanciada de las tácticas políticas de AD y sectores de PJ:

Richard Blanco, diputado a la Asamblea Nacional (AN), informó que un grupo de 13 parlamentarios, incluido él, crearon una nueva fracción parlamentaria que lleva por nombre “16 de Julio”: “Esta nueva fracción hará valer las libertades políticas y el mandamiento de los siete millones de venezolanos que votaron en el plebiscito del 16 de julio”, indicó en una rueda de prensa desde el Palacio Federal Legislativo.

Desde la oposición negociadora, Carlos Ocaríz ha planteado que “La primera exigencia es la designación de un nuevo CNE. No es posible realizar elecciones con este CNE fraudulento que, además ya está vencido”.

Por su parte, Stalin González ha reiterado que el avance del diálogo dependa de que haya garantes del proceso: “Hay tres cancilleres por cada una de las partes. Hay expresidentes en el proceso (…): Estamos proponiendo cuatro puntos: 1) La defensa de los DDHH y la liberación de presos políticos, 2) Apertura de canal humanitario 3) Elecciones libres y justas, 4) La economía sana para Venezuela”.

Mientras voceros de la oposición intentan construir condiciones para avanzar en el diálogo político, Antonio Ledezma denuncia que el diálogo es una trampa:

“Yo voy a hacer aquí una confesión. A mí me llamó por teléfono el señor secretario de la OEA, Luis Almagro, y me dijo: alcalde yo sé que usted tiene acceso a los líderes de la MUD, yo quiero que usted le transmita esta información, eso fue un día miércoles, dígale que le tienen montada una trampa en República Dominicana. Esa trampa persigue cuatro objetivos. El primero objetivo es que afloren diferencias entre ustedes, entre la Unidad. El segundo objetivo es boicotear mi informe. El tercer objetivo es que Maduro gane tiempo. Y el cuarto objetivo es que quieren comprometerlos a ustedes con un plan económico que está elaborando el expresidente Leonel Fernández con algunos asesores”.

Ledezma acusa al ex presidente Fernández y a Zapatero de formar parte de una tramoya tramposa:

“Desde que el señor Zapatero se incorporó a este diálogo ha habido más presos políticos. ¿Y saben lo que han hecho?, la figura de la puerta giratoria. Que antes que se inicie el diálogo meten 20 presos, para liberar después 10. Durante la gestión de ese diálogo lo que hubo este año fue 130 muertos”.

Es visible, que los propios actores y corrientes que se mueven en la oposición, muestran sus severas diferencias internas y que no es el gobierno el que hace algo para que ellas se expresen. La coalición opositora es la que debe resolver sus dilemas existenciales sobre el tipo de relación que desean establecer con el Gobierno de cara al presente y futuro del país.

Otros sectores sociales, como la Iglesia Venezolana, que ha mantenido una postura de confrontación frente al Gobierno plantean que:

“El diálogo tiene que tener bien clara una fundamentación y el pueblo tiene que conocerla, y en eso creo que ha habido una falta de comunicación de parte de la Asamblea Nacional o de la oposición donde manifiesten con claridad los puntos que se van a llevar y qué garantías hay de que se va a tener un resultado positivo”.

Así mismo señaló:

“El problema no está en el diálogo como tal, sino que hoy eso se ha desvalorizado precisamente por la desconfianza que tiene en general el pueblo en los actores del diálogo, nadie le cree al Gobierno, ellos no garantizan sinceridad y tampoco a la oposición le cree todo el mundo, tampoco garantizan sinceridad porque hay agendas ocultas”.

Es precisamente el tema de las “agendas ocultas” entre los actores presentes en el diálogo lo que puede generar una situación de contingencia y riesgo político. Con la finalidad de disipar los nubarrones de desconfianza a los cuales se enfrenta el proceso de diálogo el representante de la oposición en los encuentros preparatorios Vicente Díaz ha señalado:

“(…) es responsabilidad de la oposición construir el piso político dentro de los sectores adversos al Gobierno y es responsabilidad del Gobierno conseguir el piso político dentro de los sectores favorables al Gobierno (…) están en ese proceso, hasta ahora, los 4 partidos que tienen más del 80 % de los votos de la oposición y adicionalmente a eso son quienes tienen el control parlamentario de la Asamblea Nacional. Es decir, está representado tanto el Gobierno y la oposición”.

Aquí es interesante seguirle la pista a las declaraciones de Vicente Díaz que en una entrevista a un medio italiano dijo:

“El gobierno se opone a discutir este tema (crisis humanitaria) porque cree que es un preámbulo de una invasión extranjera”.

Díaz ha filtrado la tesis de que el gobierno ha incluido en la agenda, el tema de que la oposición reconozca a la ANC como un cuerpo constitucional. Díaz ha dicho que este es un tema espinoso dada la ilegitimidad del origen de ANC, que “es un organismo buscado por Maduro para controlar el país y cuestionado no solo por la oposición, sino también por la comunidad internacional”.

Díaz agregó que la oposición esperará a que llegue la fecha de la reunión para discutir con el Gobierno “lo que quieran hacer con el Constituyente”.

De este modo, las posibilidades de avance del diálogo pasan de nuevo por la resolución del grave “conflicto de poderes” que afecta a la Sociedad y al Estado venezolano.

También otros voceros de la línea radical de oposición, como Andrés Velásquez han señalado:

“(…) hay que incorporar algunos elementos como el tema de los presos políticos y yo agregaría el tema de la ANC, porque aquí el Gobierno se ha venido haciendo el loco, la ANC actúa como le da la gana sobre cualquier área, decide sobre leyes, sobre inmunidad parlamentaria, sobre lo humano y lo divino, y nadie está diciendo hasta cuándo dura esto”.

Pero a diferencia de María Corina Machado y Antonio Ledezma, en sus críticas frontales al diálogo en República Dominicana, Velásquez ha señalado sobre los comentario de Antonio Ledezma en referencia a la oposición venezolana, cuando dice que la MUD necesita purgarse: “Me parece que purgar no es la palabra ni esos son los términos que se deben usar si se quiere fortalecer una unidad interna en los factores democráticos y adicionalmente una unidad que trascienda más allá de los partidos políticos y hablar de una purga realmente no suena correcto”.

Los retos y posibilidades del diálogo son bastante complejos ante tal cuadro de diferencias en el seno de la oposición, ante las presiones internacionales y ante la inclusión de temas álgidos en la agenda.

Si en realidad no existe un interés genuino por lograr acuerdos básicos con mecanismos de seguimiento y verificación de los mismos, el llamado “diálogo” abrirá un nuevo ciclo de confrontación abierta.

Asímismo, si no hay una “metodología adecuada” para acordar términos y si no hay un “piso político” para concretar resultados, el escenario que se abre para el 2018 resulta harto problemático no sólo desde el punto de vista económico sino además desde el punto de vista político.

No es casual que los sectores más radicales (Plataforma Soy Venezuela y el Movimiento Libertadores), con apoyo de factores internacionales ya mencionados exijan la disolución de la ANC como condición para abrir un diálogo con la revolución bolivariana.

La plataforma exige para volver a sentarse a negociar con el Gobierno “el cese inmediato de la Asamblea Nacional Constituyente” y que sean “declarados nulos todos sus actos” desde su instalación en agosto, que Soy Venezuela considera un “fraude”.

Si bien en la negociación de Santo Domingo acudirán los cuatro partidos de más peso electoral y organizativo dentro de la MUD: Primero Justicia (PJ), de Henrique Capriles; Acción Democrática (AD), de Henry Ramos Allup; Voluntad Popular (VP), de Leopoldo López y Un Nuevo Tiempo, de Manuel Rosales, no es la primera vez que la agenda política sea marcada por factores radicales de oposición.

Voceros de AD como Edgar Zambrano intentan marcar distancia con tales factores:

“En primer lugar hay que establecer la voluntad política y democrática de las partes para resolver la grave crisis que vive el país; en segundo lugar no satanizar el diálogo, darle al diálogo en su exacta dimensión el espacio que tiene en la decisión de resolver a través de la fuerza de la palabra la grave crisis que padecen los venezolanos”.

Los matices en los enunciados de los actores de oposición reaparecen cuando se toca el tema de reconocimiento de la ANC. Edgar Zambrano (AD), consideró que la oposición venezolana podría “reconocer” a la Asamblea Nacional Constituyente en el diálogo que se desarrollará en República Dominicana con el gobierno nacional los días 1 y 2 de diciembre:

“Si en el transcurso de esta discusión, de este diálogo, se presenta un argumentación (reconocimiento a la ANC) que pueda ser valorada por la oposición, pues eso, será del conocimiento de la opinión pública”.

Nosotros resumimos la propuesta llevada a cabo en República Dominicana en cinco grandes aristas que son: crisis humanitaria, ruta electoral, tema económico, presos políticos y exiliados y la grave crisis social del país”, dijo Zambrano en una entrevista para Globovisión.

Uno de los retos es traducir las ambivalencias, entrelineas y eufemismos de la oposición frente a las exigencias del Gobierno. Como sugiere Edgar Zambrano:

“Se ha analizado de alguna forma u otra reconocer a la ANC o trabajar con ella. Es una de las posibles estrategias que manejamos dentro del diálogo”.

¿Se llegará entonces a los acuerdos mínimos necesarios? ¿Bajo cuáles condiciones? ¿Qué peso tendrán los actores internacionales que en este momento pretenden quitarle tiempo, oxígeno y margen de maniobra al Gobierno?

Los escenarios del diálogo se mueven entonces caóticamente entre dos polos o atractores: la tesis de la confrontación con un Estado Fallido, la llamada por Trump como “opresión socialista del régimen de Maduro” o la posibilidad de estabilizar una solución de compromiso político gobierno-oposición que le abra las compuertas a una relativa normalización institucional y a las condiciones para afrontar con mayores márgenes de maniobra la agobiante situación económica que vive el país.

La apuesta obviamente implica asegurar la ruta del segundo escenario y quizás en la nueva ronda de diálogo se verá si es o no posible hacerlo.

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Por Gokai Moreno / Supuesto Negado