LOS DILEMAS DEL GOLPE DE TIMÓN

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Clodovaldo Hernández aclara qué tiene que ver el Golpe de Timón con la canción La pulga y el piojo.


Como la pulga y el piojo. Esto de la necesidad de enmendar los errores y buscar nuevos rumbos se parece al tema infantil en el que la pulga y el piojo se quieren casar, pero no lo hacen porque siempre les falta alguna cosa. A medida que avanzan las estrofas, consiguen lo que les falta, pero surge otra carencia.  

¿Por falta de plan? El líder y sus seguidores quieren rectificar / pero no rectifican por falta de plan. Esto es algo que jamás podrá decirse (ni cantarse). Cuando se haga un recuento exhaustivo de los intentos de rectificación de la Revolución se verá que no es por falta de planes que las enmiendas no han ocurrido. Si fuera por planes, la de Venezuela sería la más exitosa de todas las revoluciones.

¿Por falta de liderazgo? Ya no es por el plan / que ya lo tenemos / ahora es por liderazgo / ¿dónde lo hallaremos? Por más que tiene ritmo, esto tampoco podría incluirse en la letra de la canción sin faltar a la verdad. Veamos por qué: los primeros intentos de rectificación fueron planteados nada menos que por el comandante Hugo Chávez en el esplendor de su liderazgo. Él habló de “las tres erres” en 2008, luego de la derrota en el referendo de la reforma constitucional. Con su enorme fuerza pedagógica, propuso que todos los revolucionarios, desde lo más alto del Gobierno hasta el piso de la pirámide, el naciente Poder Popular, se enfocaran en revisión, rectificación y reimpulso. Luego de muchos fuegos artificiales en los primeros días, el ambicioso proyecto se tornó anecdótico. Valga el estribillo parafraseado: No fue por liderazgo / que no rectificamos, ¿será por el seguimiento/ dónde lo hallaremos?

Erres al cuadrado. Chávez fue consciente de que lo de las tres erres no se había cumplido tal como él lo había soñado y ordenado. En 2010, luego de las elecciones parlamentarias en las que el Gran Polo Patriótico logró una sólida mayoría, les habló a los nuevos diputados para relanzar su propuesta de revisión, rectificación y reimpulso, esta vez con las tres letras elevadas a la 2, pues le añadió recuperar, repolarizar, repolitizar. Se le llamó “las tres erres al cuadrado” y despertó las esperanzas de muchos, sobre todo por un detalle nada pequeño: era una propuesta de rectificación luego de una victoria, no después de un fracaso. Vino el año 2011, cuando se conoció la enfermedad del comandante, y después, el intenso 2012, de campaña electoral doliente. El plan al cuadrado se desdibujó igual que su antecesor. Quedó claro que no era por razones matemáticas que no rectificábamos… ¿entonces… sería necesario las tres erres al cubo?

¿Por falta de pueblo? Chávez, como se dice en deportes, dejó la piel en la cancha electoral. En una batalla heroica contra sus adversarios (el cáncer y la derecha local y mundial) salió de nuevo victorioso. Y una vez más llamó a rectificar en pleno momento de victoria. En octubre de 2012 convocó al Golpe de Timón. La dramática situación del líder parecía ser un acicate para que, esta vez sí, se concretara el tan ansiado plan de enmienda. El pueblo que había dado su respaldo electoral a Chávez aplaudió su determinación. Quedó demostrado que no ha sido por falta de votos que la rectificación ha quedado pendiente. Surge entonces las tesis de que es por la tragedia de la desaparición física del líder que todo ha seguido la ruta del deterioro.

¿Es por la falta de Chávez que no rectificamos? Luego de aquel octubre, nuevamente, los hechos sobrevenidos, esta vez trágicos, metieron al movimiento revolucionario en otras dinámicas. Se produjo la recaída del presidente, las elecciones regionales en ese complicado contexto, la sucesión presidencial, el enfrentamiento de la “calentera” caprilista, las elecciones municipales, la respuesta a la guarimba, y la guerra económica ya desatada en toda su crueldad. Dentro de semejante cuadro, mucha gente opta por la salida fácil de decir que si Chávez estuviera vivo, ya se habría rectificado. El recuento anterior desmiente esa idea, pero siempre quedará la duda.

¿Será por Maduro que no rectificamos? Al presidente Nicolás Maduro se le pueden criticar muchos pecados de pensamiento, palabra, obra y omisión, pero sería injusto acusarlo de no haber promovido iniciativas para rectificar algunos de esos errores. Tristemente, le ha ocurrido lo mismo que a su antecesor y líder: sus llamados, y aun sus órdenes, han encontrado muy poco eco en el aparato estatal. Prácticamente desde su llegada al poder ha planteado la necesidad de aplicar esa otra parte del legado de Chávez que es, justamente, el golpe de timón, pero los que no le hicieron caso al padre, ¿por qué habrían de hacérselo al hijo?

¿Será por los enemigos que no se rectifica?  Algunos resuelven el dilema de una manera muy simple: no se rectifica porque el chavismo tiene una oposición tan deficiente, moral y políticamente, que no hace falta cambiar. Debido a esos excesos de confianza en la “buena suerte” (si es que puede llamarse así), la Revolución ya tiene a los adversarios latiéndole en la cueva. Como en La pulga y el piojo podría ocurrir que todos se duerman y, entonces, la derecha se coma al chavismo.

clodoher@yahoo.com