Mientras se dolariza la inflación, el gobierno insiste en “petrolizar” el salario

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Todos los economistas coinciden: no hay argumentos lógicos que justifiquen la hiperinflación en Venezuela. De esta cabuya ya tenemos una carreta de carretes, pero un nuevo fenómeno se une a la corrosiva hiperinflación y es que el dólar, la moneda en la que muchos venezolanos cifraron sus esperanzas para hacer la crisis más llevadera, también ha caído en la vorágine inflacionaria.

La especulación cotidiana, la falta de controles y mano dura con los comerciantes, la poca credibilidad del gobierno sobre los pasos que da en materia económica y el bloqueo financiero impuesto desde el extranjero, han dado paso a este nuevo escenario en el que comprar en dólares en Venezuela, resulta más costoso que comprar con la misma moneda en cualquier otro país.

El economista y presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, señalaba unos seis meses atrás que esa aparente estabilidad del dólar resultaba sospechosa, y que en corto plazo podríamos esperar que se produzca una devaluación. “La inflación y la devaluación no bailan pegado pero terminan en el mismo lado”, comenta León, y agrega sobre el bolívar: “No hay ninguna forma en que la moneda no se devalúe dramáticamente otra vez”.

El especialista conocido por su oposición al gobierno, refería entonces que la estrategia debía apuntar a una pronta eliminación del control de cambio que ya pasa más de una década de su implementación, pero la medida no ha sido tomada y arrastra todo el sistema económico tras de sí. Incluyendo al mismo dólar.

Dólar devaluado

Desde el Observatorio Venezolano de la Realidad Económica (OVRE), se le hace seguimiento al comportamiento de la moneda estadounidense desde hace meses. El economista Ingerzon Freites, colaborador de esta institución, publica con bastante frecuencia el comportamiento de la inflación basado en productos de la canasta básica como el queso o el cartón de huevos. Su impotencia como hombre de cifras, pero también como consumidor y ciudadano, se evidencia en tuits como este:

Pero los estudios de OVRE sobre la “devaluación del dólar” en Venezuela se reflejan claramente en la relación cantidad–precio que refleja la siguiente gráfica publicada por OVRE:

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El estudio revela que la capacidad de compra de productos de la canasta básica, llevados a dólar, es muy inferior a lo que se consume con una diferencia de nueve meses, lo que registra una pérdida en el poder de compra con moneda extranjera, de entre 30 y 50%. Según vaticinan los estudios de OVRE, en poco tiempo las remesas y los trabajos cobrados en dólares, no protegerán mucho de los efectos hiperinflacionarios.

Lo más grave es que nadie parece ponerle el cascabel al gato y el panorama resulta más desalentador cuando recordamos lo dicho por el economista Óscar Forero: “En este país hay muchos intermediarios internos y una clase empresarial que no produce, sino que empaqueta”. La clase empresarial venezolana, a juicio de Forero, tiene “un comportamiento propio que se alimenta de las dudas y la incertidumbre”. Difícil creer, como asegura su colega Luis Vicente León, que en ellos encontremos alguna solución.

Ahora vamos por el euro

El reciente anuncio del gobierno sobre tomar el patrón euro como moneda de intercambio, cayó como un balde de agua fría según especialistas económicos de ambos sectores políticos. Por un lado, los opositores, como Luis Vicente León, le auguran poco éxito a la medida porque no está dirigida a resolver el problema de fondo.

Para León, la raíz del problema está en el control de cambio y precios, la hostilidad al sector privado y la corrupción. Concluyó que es más de lo mismo.

Pero el sociólogo Luis Salas Rodríguez, hombre de izquierda y ex-ministro de finanzas, también cuestionó la medida por razones distintas, pero similares en el fondo. Salas cuestiona que “en septiembre de 2017 se suspendió el antiguo DICOM porque las sanciones no dejaban operar con dólares”, luego una canasta de monedas invisibles, más tarde el Petro, luego se reactiva el DICOM en dólares, más tarde hay una reconversión, se relanzó el DICOM otra vez y ahora aparece el euro en escena. En resumen, una improvisación a gran escala que lejos de orientar, espanta y genera mayor desconfianza.

El tema de la necesidad de confianza también es sugerido por el economista Ingerzon Freites, quien aporta que en cuanto al uso del euro como moneda de intercambio, “las autoridades tienen que ser lo más ágiles posibles… debe haber transparencia, debe haber consonancia entre lo que se comunica y lo que se ejecuta”, porque el venezolano viene acostumbrado a transar en dólares, mucho más en un proceso de dolarización alto como el que tenemos.

Para Freites este intercambio debe producirse “en un mercado libre, y que el tipo de cambio se fije de manera transparente, también es importante hacer seguimiento a esos euros, e informar el impacto en el aparato productivo”.

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Por Randolph Borges / Supuesto Negado