¿DE DÓNDE VIENE EL AMOR POR LOS PROFESIONALES VENEZOLANOS EN EL EXTRANJERO?

Medios de comunicación, dentro y fuera de Venezuela, en su mayoría detractores del Gobierno Bolivariano, vociferan lo bien recibidos que son los profesionales criollos en otras tierras, sobre todo por su alto nivel de preparación académica.

“Los venezolanos en Estados Unidos tienen más nivel que el resto de la población hispana en ese país”, reseña El Estímulo.

Pero esto ¿a qué se debe? ¿Es porque los estudiantes universitarios en Venezuela son “fajaos” o hay algo más en su formación educativa?

De acuerdo a cifras de la Organización de Naciones Unidas (ONU), 1.426.000 venezolanos han salido del país. Entre los países preferidos, recientemente han optado por Ecuador, Estados Unidos, Chile, Argentina, Colombia y Perú.

¿Cómo es la educación en otros países?

En Perú existen tres tipos de universidades: las públicas; las privadas sin fines de lucro, donde el excedente de los ingresos obtenidos es invertido a favor de la Institución y en becas para estudios; y las privadas con fines de lucro, que pueden usar el dinero para lo que quieran.

El gobierno peruano invirtió para el año 2015, el 3,9% de su PIB en educación, siendo el más bajo en la región sudamericana.

En cuanto a la dinámica universitaria, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (Inei) del Perú, muestra que para el año 2015, la nación andina graduó a 78.786 estudiantes, 57.511 de universidades privadas (91) y 21.275 de universidades públicas (51), es decir, sólo el 27% egresó de la educación subsidiada por el Estado.

En el caso de Chile, apenas a comienzos de este año, el Congreso aprobó la Ley de gratuidad de la educación superior. En este país existen 46 centros de formación técnica y 60 universidades, de las cuales 18 son públicas, 9 universidades privadas con aporte del Estado y 33 privadas. De ellas, sólo 43 están suscritas a la gratuidad.

Para 2015, Chile asignó el 4,9% de su PIB para su educación, sin embargo, la mayoría de este presupuesto es asignado a la educación privada y no a la pública.

Nuestro vecino más cercano, Colombia, maneja tres niveles en su educación universitaria: técnico profesional, tecnológico y profesional que son formados en 32 universidades públicas y casi medio centenar de universidades privadas, cuyos costos son sumamente altos.

Esto último afecta el nivel de profesionalización que pueda tener un estudiante, pues si usted viene de una de estas casas de estudio privadas, es casi seguro que se lleve por el medio a algún colega que provenga de una pública, es por ello que muchos optan por la primera opción, pero es la más costosa.

Aunque para 2016 se registró un ingreso de 2.169.697 estudiantes, informes presentados por esta institución, muestran que en Colombia un 37% de los estudiantes que comienzan una carrera universitaria, la abandonan. El alto costo de las matrículas es una de las causas.

El país neogranadino destinó en 2015, el 1,03% de su inversión social y el 0,40% de su PIB, según cifra de ellos mismos, para la educación, aunque el Banco Mundial los ubicó para ese entonces en el 4,49%.

En el caso de Argentina, para 2015, última cifra oficial ubicada, hay 111 institutos universitarios (61 públicos, 49 privados y 1 extranjero) y 130 universidades (66 públicos, 62 privados y 2 extranjeros).

Para ese mismo año, la población estudiantil universitaria se ubicó en 1.902.935, con un 78% perteneciente al sector público y 22% al privado, logrando graduar en el área de pregrado a 124.960 alumnos.

La inversión al sector educación en Argentina fue del 6,6% del PIB para 2015 y 6,5% para 2016; sin embargo, con la llegada de Mauricio Macri a la presidencia de ese país, se registró la asignación presupuestaria más baja de los últimos tiempos, del 22,5% en 2015 al 18,51% en 2017, y la firme intención de ser “más selectivos” a la hora de aprobar ingresos de estudiantes.

¿Por qué los profesionales venezolanos son más atractivos?

Venezuela destina el 70% de sus ingresos a la inversión social, y una buena tajada se la lleva la educación, pues según el último registro de 2013 se destina el 6,9% de su PIB para este sector.

Hoy existen en el país 166 instituciones de educación superior para pregrado, entre colegios universitarios, institutos universitarios y universidades. Estas últimas, 58 son del Estado y 26 privadas, de acuerdo a información ofrecida por el Consejo Nacional de Universidades (CNU) a Supuesto Negado.

Por otra parte, la Oficina de Planificación del Sector Universitario (Opsu), informó que para 2015, la matrícula universitaria se ubicó en 2.757.220 estudiantes; además, fueron otorgados 171.477 títulos, el 67,09% de esto egresos de universidades públicas, es decir, lo paga el Estado.

La Misión Sucre, creada por Chávez en 2003, hasta finales de 2017 había graduado a 500 mil profesionales.

Solo comparando la cifra de las matrículas de cada país, Venezuela resalta con la cantidad más alta y con el porcentaje más alto de formados en la educación pública. ¿Esto es indicativo de que el sistema educativo es mejor que cualquier otro del continente? No necesariamente, pero sí lo hace más competitivo al tener mayores posibilidades de ingreso.

Diversos analistas y académicos venezolanos aseveran que las universidades del país están en crisis, aunque paradójicamente los profesionales que se están formando en ellas están siendo ampliamente elogiados, al menos comunicacionalmente.

Aunado a esto, Francisco Javier Ochoa, abogado especialista en temas migratorios explica que, algunos países se están aprovechando del fenómeno migratorio venezolano, y contratan a personas con una vasta y comprobada experiencia, y con un título universitario en el que no invirtieron nada, por un puesto que pudiera costarles hasta 1 millón de dólares.

Esos profesionales están llegando a esos países a dinamizar sus economías y con un costo nulo para sus Estados. Luego entra en juego el papel de los medios de comunicación para exaltar las virtudes del profesional venezolano, en un intento tangencial para seguir haciendo mella sobre la imagen de una Venezuela en crisis y con una creciente “diáspora”.

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Por Aimeg García / Supuesto Negado