¿De dónde vienen esas “markas rarax” que inundan el mercado de toallas sanitarias?

Aunque al principio de la crisis, un importante porcentaje de gente renunció a la compra de ciertos artículos y productos no esenciales (lo que llaman adecuación forzosa de patrones de consumo), con el correr del tiempo “el mercado” domesticó a usuarios y consumidores humildes y ahora la mayoría adquiere marcas “raras”, “de segunda” y desconocidas.

Uno de los rubros que más presenta esta característica son los artículos de higiene personal (aunque también productos de limpieza y alimentos) que pululan no solo en ventas ambulantes, sino en establecimientos comerciales reconocidos, cadenas de tiendas y Mercado Libre: Toallas sanitarias femeninas, cremas dentales y champús, son los más comunes ¡y llamativos!

A pesar de que la mayoría de estos productos tienen nombres distintos al de la marca que imitan −aunque ridículamente similares− usan los mismos colores, tipografías y diseños para captar la atención de los compradores a partir de la memoria visual.

En realidad, estas presentaciones no “engañan” a nadie… los compradores saben que están comprando una “imitación”.

Sin embargo, empecemos por el principio −en cuanto a su legalidad como producto importado− antes de pasar a otros aspectos iguales o más importantes −como los registros sanitarios.

Artículo de consumo generalizado

Desde 1920 se empiezan a comercializar las toallas sanitarias femeninas (antes, se usaban hierbas o cortezas de madera para detener el flujo menstrual y un poco más tarde, trapos o compresas de algodón, caseras y lavables). Desde que este producto desechable se generalizó en el planeta, existe una relación directa entre las características de la toalla y su precio. Es decir, entre más atributos tenga una toalla, más cara será.

“Antes de la crisis” las diferencias de precios entre toallas con características similares iban desde 10% hasta 40% entre marcas diferentes, según la revisión hemerográfica y de observatorios de precios. Luego, con la Ley de Costos y Precios Justos se unificaron precios por características, tamaños y unidades. Como la mayoría de productos protegidos, tenía una muy irregular distribución lo que hizo que desaparecieran de los anaqueles formales y se disparara su precio en el mercado informal.

Supuesto Negado conversó con dos fiscales de los organismos encargados del tema, Sundde y Sencamer. Accedieron a la entrevista con la promesa de no reseñar sus identidades. Tanto el Ministerio del Comercio −ente a cargo de la Sundde− como el Sencamer, mantienen una estricta política de vocerías, sobre todo a sus representantes en las regiones del país.

El funcionario de la Sundde explicó que legalmente, en este caso, no se trata de copias no autorizadas −o piratas como le dice la gente− sino de imitaciones. Es decir, productos que reproducen a una marca referente para venderse con más facilidad, pero sin pretender hacerse pasar por el original.

El valor es muy inferior porque no sigue los protocolos de calidad y materiales de las marcas originales, pero además incumple los formalismos tributarios nacionales.

“La gente compra esas (toallas) porque son más baratas. Hasta ahora aquí en Mérida no hemos recibido denuncias puntuales, pero conocemos el producto. Desconozco si en Caracas la empresa Procter and Gamble (Always) hizo la denuncia”, dijo.

Resulta que la Sundde Mérida −así como todas las sedes regionales− no actúa porque la orden debe venir desde Caracas. Además, hay otros obstáculos críticos como la falta de transporte para movilizar al equipo de fiscales.

Las mismas restricciones lamentó el funcionario de Sencamer (Servicio Autónomo Nacional de Normalización, Calidad, Metrología y Reglamentos Técnicos).

Explicó que todo producto envasado que se comercialice o pretenda ser comercializado en el país −sea de origen importado o de fabricación nacional− debe obligatoriamente ser registrado y verificado su contenido neto en el Sencamer.

Dijo que la falta del número de CPE (Control de Productos Envasados) en las presentaciones evidencia que entró de forma ilegal al país. Por ende, tampoco se cumplió con su evaluación y registro sanitario.

China, México, Colombia y… Venezuela

Las empresas que fabrican en el país las toallas sanitarias con marcas comerciales reconocidas, mantienen la queja de que no pueden producir como en años anteriores por la falta de divisas para importar materia prima.

Mientras, los importadores honestos −quienes aprovechan la exoneración de impuestos del régimen aduanero para traer productos de higiene personal (Gaceta Oficial Extraordinaria N° 6.393)− abastecen el mercado de las marcas tradicionales y algunas menos reconocidas, pero que cumplen con todos los requisitos legales.

Sin embargo, las toallas sanitarias imitaciones de Always que se encuentran en el mercado venezolano entran de contrabando desde Colombia provenientes de China.

Recientemente, las autoridades colombianas incautaron en el puerto de Cartagena de Indias 1,5 millones de unidades de productos de aseo falsificados que iban a ser enviados a Venezuela.

“Los productos de contrabando incautados no contaban con registros fitosanitarios, lo que representaba un alto riesgo para su uso y consumo, ya que sus componentes eran desconocidos”, detalló la policía colombiana en un comunicado.

Como parte de la primera fase de investigación, las autoridades de Colombia, EE.UU. y España siguieron la red de contrabando que ingresa productos falsificados a través de la ruta China-México-Colombia-Venezuela.

“En dicha fase identificaron que ante la falta de operación de los puertos venezolanos, Colombia se convirtió en un punto estratégico para el descargue de los productos falsificados”, dice la información.

Según las autoridades del país vecino, después de su llegada la mercancía falsificada es llevada de contrabando hasta Venezuela por hormigueo (en pequeñas cantidades) por las trochas ilegales.

Otra parte de la mercancía falsificada se vende también en Colombia.

Derechos socioeconómicos

A costa de su higiene personal, los venezolanos han tenido que aceptar no solo los altos precios sino la escasa variedad de marcas tradicionales y la aparición de un sinfín de otras desconocidas e ilegales.

En general, el problema no es la aparición de nuevas opciones de compra de bienes y servicios y menos aún de que se trate de marcas poco reconocidas o hasta artesanales.

Tampoco el valor referencial de las marcas reconocidas, los sentimientos de “pertenencia” o el “status” que podría dar el uso de tales productos.

Los puntos importantes son el ingreso ilegal y sin los pagos tributarios y, sobre todo, el peligro de usar o consumir productos de dudosa procedencia y nula normativa sanitaria.

Edgard Ramírez / Supuesto Negado