[Editorial] El coronavirus es un genocidio (Osama bin Laden por otros medios)

3016 muertos es la cifra fatal del atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001. El impacto del coronavirus en pocos minutos sobrepasará esa cifra y las proyecciones del daño son mucho mayores porque está afectando todas las esferas de la vida. El salvataje de los dos billones de dólares se quedó corto en cinco días. ¿Tendrá tiempo Trump de recomponer la economía antes de las presidenciales de noviembre?

Cada discurso de Trump cuando desmeritó el virus, cuando le metió xenofobia a la comprensión del hecho, cuando tosió a propósito en público. Todos sus actos son pruebas fehacientes de su culpa en el genocidio que está ocurriendo en las ciudades de Estados Unidos. Claro, ya genocidio es una palabra cotidiana para hablar de Irak, Siria o Yemen. Pero el genocidio que se le acusa a Trump es el de matar a su propio pueblo, y el de permitir que “el virus chino”, el enemigo, penetrara hasta los tuétanos en la generación de Trump, en el color y la religión de Trump. Es un genocida de su propia gente. Una gente que no estaba armada y aún así fue sacrificada en nombre de la economía y de no parar las ventas unas semanas.

Pero a lo mejor, el votante medio que decide las elecciones acepte que es necesario morir por salvar el sistema, como lo apuntó el abuelo y vicegobernador de Texas, Dan Patrick. El genocidio estaría legitimado.

¿Quién es el malo en la próxima película de Hollywood? ¿Un chino? ¿Un árabe? ¿Maduro? ¿Qué van a pensar los dolientes de los viejos a los que hoy montan en un camión refrigerado y los tiran en fosas comunes? A los mismos que hicieron a Estados Unidos tal como es hoy. Los que pelearon sus guerras, o levantaron sus empresas. Esos están siendo sacrificados, después de edificar esa enorme potencia universal.

Como aquel 11, un Estados Unidos postimperial va a reaccionar con la virulencia que siempre ha tenido. Y Venezuela está en su radar.