[Editorial] El ingrediente Hezbolá

    Estados Unidos no solo se muere porque aquí se forme la sampablera, sino que está apurado. Las disparatadas declaraciones de Mike Pompeo de este jueves, señalando a Venezuela como una base del grupo islamista Hezbolá, deben ser vistas como un intento desesperado de realinear la opinión internacional con el plan de sacar, cuanto antes y por cualquier medio, a Nicolás Maduro del poder.

    Y tiene sentido su prisa. A diferencia de lo que muchos perciben, sí hay diferencias notables dentro del bloque mundial que se ha pronunciado a favor de un cambio de Gobierno en Venezuela. Por un lado están EE.UU. y el Grupo de Lima preparando la agresión, y por el otro las naciones independientes de América Latina, que han logrado sincronizar su propuesta de diálogo con el planteamiento de la Unión Europea de propiciar en nuestro país una negociación política que incluya elecciones presidenciales.

    Cada día que pasa la presión aumenta sobre el Gobierno venezolano, pero también sobre los halcones de EE.UU., que necesitan actuar bajo el precario manto de legitimidad que crearon con la jugada Guaidó. Y es poco el tiempo que le queda, pues, puesta sobre la mesa una agenda alternativa de diálogo, apoyada por el bloque eurolatinoamericano de países, el plan Guaidó comienza a adquirir, ante los ojos del mundo, visos de intransigencia e irresponsabilidad criminal.

    Contra lo que pretenden EE.UU. y el golpismo antichavista, los escenarios siguen abiertos, y aunque estamos en puertas de una nueva provocación envuelta en retórica humanitaria, como parte del plan para precipitar el conflicto armado, las cartas aún no están echadas. Maduro lo sabe, y está haciendo lo que debe hacer apoyando la iniciativa de Montevideo. Es momento de política con “P” mayúscula, como decía Chávez, el chavismo de base también lo sabe.