[Editorial] Guaidó, la última marcha

    La marcha convocada por Guaidó para este sábado 16 de noviembre tiene como propósito meter a Venezuela en la lista de los países convulsionados de América Latina. Los aliados extranjeros de Guaidó y la oposición boltonista, no pueden permitir que Venezuela cierre el año con estabilidad política. Después de haber invertido tanto para el cambio de Gobierno venezolano, lo que aparece en el mapa son muchos países desestabilizados y entre ellos no se encuentra Venezuela.

    El objetivo es muy claro: convertir a Venezuela en otra Bolivia.

    Ya Guaidó fue enfático con respecto a no querer permitir unas navidades felices. La Navidad es normalidad, por ello, esta marcha buscará generar una chispa que vuelva a encender la pradera venezolana y así termine el año en medio de la violencia.

    Pero ya la marcha se muestra débil desde su convocatoria. Especialmente por la división entre las filas opositoras. Hay amplios sectores que se sienten defraudados por Guaidó y han dicho públicamente su negativa de ir a machar. Sobre todo los sectores más radicales de oposición han llamado a Guaidó “colaboracionista”, debido a que ha permitido la vuelta del Psuv a la Asamblea Nacional y ha incluido diputados constituyentistas dentro de la comisión que organiza el comité de postulaciones de donde saldrá el nuevo CNE.

    Además, Guaidó llega a esta marcha despojado de su autonombramiento: ya a nadie se le ocurre llamarlo presidente, ni creer que pueda serlo.

    Por todo ello Guaidó necesita un evento, un suceso, que entusiasme a los radicales y los lleve a la calle, porque son estos los que están convencidos de que la guarimba y la violencia de calle es la única vía de tumbar a un Maduro que luce mucho más sólido que a comienzos de año cuando un conjunto de movilizaciones, presión internacional y apagones eléctricos parecían tambalear el Gobierno. Después de Perú, Haití, Ecuador, Chile, Bolivia, no sorprendería que el siguiente fuera Venezuela.

    Aunque la situación a finales de año es otra. La oposición está muy disminuida y no presenta una estrategia clara para tomar el poder. Así que puede permitirse (no tiene nada que perder) acciones irresponsables que hagan estallar un conflicto más profundo.

    El país estará atento con la marcha y con las situaciones que puedan allí producirse.