[Editorial] Llegaron los antiboltonistas

    Boltonistas los llamó y boltonistas se quedaron. Hay que reconocer que el término que empleó Capriles Radonski para referirse al ala radical de la oposición, empeñada en acabar a bombazos con Maduro, el chavismo, y con lo que queda de oposición de ser necesario, es bastante elocuente y pegajoso. Tiene punch, diría un publicista de la vieja guardia.

    ¿Lo pensó o se lo robó a otro? No es que dudemos de la inteligencia de Capriles. No. Capriles tenía dificultades para controlar su odio a Chávez (ni después de muerto tuvo consideración con él ni sus dolientes), y eso lo llevó a cometer muchos errores en el pasado, pero tonto no era. Y es por eso que nos hacemos la pregunta. O reformulémosla: ¿fue un arrebato de picardía o fue un gesto calculado y conversado con otros?

    Obviamente no es el único que debe estar hasta la coronilla de los “boltonistas”, y si se atrevió a utilizar peyorativamente el nombre del Tío Bolton, que es como meterse con Papá Trump, es porque no es el único que ya no se aguanta allá dentro, en ese saco de gatos engrinchaos que es la oposición, y está dispuesto a cazarse una pelea hasta con los dueños del circo.

    O quizás no, quizá simplemente se le chispoteó, y aprovechó y le dijo loca a la otra. “¡Se tenía que decir y se dijo!” (Capriles dixit).

    Son muchas las posturas y arrebatos que se han dado dentro de la oposición.

    Pero apenas unos días después aparece Ramos Allup pretendiendo hacer una demostración de fuerza bien adeca y bien electoral. Y que sepamos, el único que está proponiendo elecciones aquí es el Gobierno. “Para unos, el adversario no es el régimen, sino nosotros. Dividen sistemáticamente a la oposición. Nos acusan de las peores barbaridades. Tenemos que gastar un tiempo enorme aclarando infundios y ollas podridas que montan contra todos nosotros”, espetó el adeco mayor en ese acto.

    Así que puede que el amigo Guaidó, que tiene días sin levantar una concentración un tercio de nutrida que la que lograron los adecos en sus placitas locales, esté perdiendo control sobre los partidos acoquinados por el boltonismo y los influencers mayameros. Y puede que esté cogiendo fuerza la opción antiboltonista, cansada del tiempo perdido, el yugo de los extremistas y la palabrería hueca e inconducente de Guaidó.