[Editorial] ¿Qué pasó el 5E?

Maduro, que resistió todo 2019 bajo las más fuertes presiones de Estados Unidos, Colombia y casi toda Latinoamérica, acusado por sus enemigos de narcotraficante, violador de los Derechos Humanos, genocida y dictador, comenzó el 2020 dando pasos hacia adelante, perdiendo el miedo, al sacar del juego a quien es reconocido como “presidente interino” por más de 50 países.

Maduro cocinó a Guaidó a fuego lento un año, y ha decidido ir desplazándolo, quitándole oxígeno y margen de maniobra. Ya no es el mismo Maduro. ¿Y qué puede decir el “mundo democrático”? Lo hizo con una jugada mucho más sutil que la que hicieron en Perú al cerrar el Congreso, o la que hizo la OEA en Bolivia.

Tampoco es la misma oposición de enero de 2019. Ésta quedó en desbancada. Le robaron la cartera y llegó a su casa sin darse cuenta. Además perdiendo toda su performatividad ofensiva: ya no habla de “crisis humanitaria”, tampoco pide intervención militar para “salvar a los hambrientos”, mucho menos piensa en convocar una acción final como sus famosas marchas del último día. Está atónita. Ya lo perdió todo, no puede convocar nada, no tiene autoridad para pedir ayuda. ¿De que más podría acusar a Maduro? ¿A dónde podría ir a acusarlo, que ya no haya ido?

Pero el 5E dice también muchas otras cosas. El acto de juramentación de la nueva junta se hizo en medio de un total desorden que demuestra la incapacidad de institucionalizar que tiene el chavismo y la oposición en el actual momento. Los políticos de ambos bandos han quedado como pequeños grupos, aislados a los intereses del país, que se hacen triquiñuelas entre ellos.

En todo caso, esa acción de sacar del juego a la oposición, por más antidemocrática e intervencionista que ésta sea, va a tener consecuencias tristes para la economía (se agravará el aislamiento) y en la política, donde se cierra toda posibilidad de unas elecciones consensuadas y, por ende, que más países desconozcan las sanciones. Argentina y México ven esto como un fujimorazo.

El Gobierno no se llevó a esta junta directiva, se llevó a todo el siguiente ciclo legislativo, porque es muy difícil que el G4 (Acción Democrática, Voluntad Popular, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo) apruebe ahora ir a elecciones este año. Muy difícil que reconozcan una nueva Asamblea Nacional. El 5E la oposición  perdió casi todo. Para poder producir un escenario como el de 2015, cuando arrasó en las legislativas, va a tener sacar un as bajo la manga, y al parecer ya no le queda ninguno.

Además, se vino abajo Guaidó, quedó desnudo porque quedó demostrada su debilidad, su falta de poder y se evidenció que el aura de carisma que alguna vez le endilgaron era obra del marketing y, al menos en el día decisivo, no pudo hacer nada relevante más allá del show de la baranda que salió en el mundo, pero demostrando más debilidad.

Noruega fue la última oportunidad opositora de buscar nivelar una cancha en la que el chavismo saca tarea. Debía concretar un acuerdo haciendo pedimentos lógicos para garantizar una competencia en condiciones, si no igualitarias, al menos unas que le permitieran la participación digna: partidos legalizados, eliminación de las inhabilitaciones, remozamiento del CNE. Ya no cuenta con nada de eso, todo estará fielmente tutelado por el oficialismo, y los escaños escogidos para la oposición parecen ser los de la “mesita” o los diputados desobedientes que traen un discurso de reconocimiento y supeditación a lo que hace días llamaban “dictadura”.

Si en 2019 la oposición tenía muy difícil convocar a elecciones debido a la agresividad de su ala más dura y abstencionista, ahora la tiene mucho más difícil. No parece que la unidad sea su divisa. Si participa, se divide. Si se abstiene, le deja al Gobierno el único poder con el que contaba. Su incapacidad de maniobrar parece terminar de disolverlos. Y esto no es una buena noticia para el país. Con el nuevo escenario político Venezuela queda mucho más aislada. Se le dificulta mucho más rehacer sus relaciones con los países progresistas en ascenso. Las esperanzas de unas legislativas de amplia participación se esfuman de la misma manera que se esfuma la normalización del país. Para añadir burla a los venezolanos, el 2020 comenzará con dos Asambleas Nacionales y una Asamblea Nacional Constituyente totalmente impotentes para levantar el país.