[Editorial] Todavía es temprano en Bolivia

    Al igual que en Venezuela en el 2002, en Bolivia se está derrocando a un Gobierno con apoyo popular. Ni siquiera el malintencionado informe de la OEA se atrevió a cuestionar decididamente la victoria de Evo Morales en las recientes elecciones presidenciales. Leamos:

    “Teniendo en cuenta las proyecciones estadísticas, resulta posible que el candidato Morales haya quedado en primer lugar y el candidato Mesa en segundo. Sin embargo, resulta improbable estadísticamente haya obtenido el 10% de diferencia para evitar una segunda vuelta”.

    Es decir, en Bolivia Evo y el MAS, si no son mayoría, mínimo tienen el apoyo de la mitad de la población. Y al igual que ocurrió en Venezuela, en cualquier momento esta realidad tenderá a manifestarse.

    La derecha boliviana, igual de extremista que la venezolana, ya debe estar presintiendo esto, y lo que queda aún por ver es si los cuerpos represivos, incluida la fuerza armada de ese país, que al perecer se ha alineado con esta facción, cumplirán aquello de que “no enfrentarán al pueblo”, el argumento que utilizó el alto mando militar para justificar la traición al Gobierno constitucional.

    Por los momentos, lo que sí parece estarse consolidando es el liderazgo de la ultraderecha en el bando golpista, desplazando a figuras como el mismo candidato Carlos Mesa, que todo indica terminó “trabajando pa lapa” -como decimos por aquí-, y no tiene cómo contener a la corriente ultraderechista de Luis Fernando Camacho, un empresario extremista, racista, y antipopular, (el “Bolsonaro boliviano”, lo llaman) que sí parece decidido a hacer cualquier cosa para eliminar a la izquierda del escenario político boliviano. Pero, como ya titulamos, es temprano aún en Bolivia.