TRUMP LE QUITA EL OJO A COREA DEL NORTE, AHORA VA POR VENEZUELA

EE.UU.

Las nuevas relaciones entre Estados Unidos (EE.UU.) y Corea del Norte son muy importantes para la paz mundial y pueden significar una preocupación para Venezuela toda vez que el foco de atención guerrerista de Washington puede moverse –aún más– hacia Caracas.

Según los analistas, el apretón de manos entre Donald Trump y Kim Jong-Un en Singapur, “luego de meses de amenazarse mutuamente y discutir sobre quién tenía los misiles más grandes”, plantea un cierre de frente bélico para el mandamás de la Casa Blanca que ahora solo mantiene a los regímenes de Bashar al-Ásad, –en Siria– y Nicolás Maduro, en su agenda de “pendientes”. Un poco más allá, Irán.

Aunque resulta imposible predecir las acciones del magnate platinado, por ahora, Pionyang pasa al congelador (bélicamente hablando).

Corea del Norte ha expresado su firme apoyo a Venezuela en la lucha por la soberanía. En Caracas, dirigentes PSUV se han reunido con su embajador, Ri Sung Gil, pero es casi ingenuo pensar que este tema se cuele en las discusiones con EE.UU.

Eso por un lado.

Por otro, están las relaciones comerciales entre EE.UU., China y Rusia que también podrían afectar a nuestro país. Veamos.

EE.UU.

EE.UU./China/Venezuela

La actual guerra comercial entre Trump y Xi Jinping –producto del cobro unilateral de aranceles y la idéntica respuesta china– asciende a cientos de productos que podrían rondar los 60 mil millones de dólares para cada uno de los países.

La medida echó por la borda el acuerdo de mayo que pautaba reducir el déficit comercial estadounidense e incentivar las inversiones mutuas para crear un clima de “competencia comercial justa”.

El presidente chino, rechazó las políticas comerciales “egoístas y poco previsoras” de EE.UU. y llamó a la construcción de una “economía global abierta”. Ya en abril, China demandó formalmente a EE.UU. ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) por las medidas arancelarias.

Este desencuentro entre ambas potencias podría favorecer a Venezuela ya que al verse limitado el acceso de productos asiáticos al país de las hamburguesas, es probable que el gigante rojo busque ampliar sus negocios con otros países, principalmente en Latinoamérica, uno de sus más importantes socios comerciales.

No es un dato menor que China ha protestado con fuerza la retórica belicista de EE.UU. contra la Revolución Bolivariana recordándole el principio de la no injerencia.

De hecho, a diferencia de muchos otros países el gobierno chino reconoció y felicitó la elección de la Asamblea Nacional Constituyente.

Esto y la guerra comercial recién declarada entre EE.UU. y China hacen poco probable que los gringos presionen a Pekín para tomar distancia de Venezuela.

EE.UU.

EE.UU./Rusia/Venezuela

A pesar de que las relaciones comerciales y diplomáticas de Washington y Moscú mejoraron significativamente con la llegada de Trump al poder, existe tensión constante sobre todo por la presencia de ambos ejércitos en Siria, las sanciones a individuos y empresas rusas, la reafirmación moscovita en el acuerdo nuclear con Irán y ahora, por el arribo de tropas norteamericanas a Noruega.

Con ese panorama, la fuerte personalidad de Putin y sus críticas a la política “destructiva e irracional” de EE.UU. contra Venezuela, resulta casi imposible que Trump pueda persuadir al jefe del Kremlin para dejar de hacer negocios con su homólogo de Miraflores.

Es más, el gigante euroasiático ha criticado el ilegal e injusto bloqueo contra el pueblo venezolano asegurando que pretende “crear un caos supuestamente controlado (…) que agrava la situación socioeconómica al provocar falta de liquidez, crisis alimentaria, de fármacos, etcétera”.

EE.UU.

Los enemigos de mis enemigos son mis amigos

Mientras EE.UU., la Unión Europea y Canadá, acuerdan el bloqueo económico y financiero unilateral contra Venezuela, Rusia y China mantienen importantes negocios liderados por los acuerdos con la petroleras Rosneft y la Corporación Nacional de Petróleo de China.

Por eso resulta difícil que EE.UU. pueda presionarlos para marcar distancia con Venezuela, lo ha logrado con otras naciones que hasta hace poco eran cercanas.

Nicaragua y El Salvador son claros ejemplos de cómo la política de cerco y bloqueo hacen mella en las relaciones internacionales con nuestro país.

El gobierno de Daniel Ortega cerró sus exportaciones por temor a las sanciones de EE.UU. a las empresas que hagan negocios con PDVSA (socia mayoritaria de Albanisa, la agencia responsable del intercambio comercial entre ambas naciones).

Mientras, El Salvador hizo lo propio. No solo dejó de comerciar con nuestro país sino que le ha dado la espalda a Venezuela en las votaciones internacionales en la OEA.

La ausencia de Donald Trump en la VIII Cumbre de las Américas en Perú “le bajó dos” a las presiones. Pero las giras del vicepresidente, Mike Pence, y el exsecretario de Estado, Rex Tillerson, en la región, y las continuas sanciones sobre funcionarios criollos, solo hacen que “la opción militar” sea una amenaza constante.

A pesar de que Maduro liberó al agente estadounidense Joshua Holt, preso en Venezuela desde el año 2016 y recibido en Washington, Trump se niega a abrir un canal de comunicación con Miraflores “hasta que se restaure la democracia”.

El cielo encapotado anuncia tempestad.

______________________________

Edgard Ramírez Ramírez / Supuesto Negado