EL VENEZOLANO HA TENIDO QUE SACRIFICAR SUS VICIOS A CAUSA DE LA CRISIS

Producto de la severa crisis económica por la que atraviesa el país, como consecuencia de la guerra económica, las sanciones y el bloqueo norteamericano y el no haber hecho a tiempo (en su momento) las cosas que se debían hacer en materia de producción agrícola, los venezolanos han tenido que adaptarse, a juro, a la nueva realidad y han tenido que eliminar algunos vicios, con los que creían que se iban a ir a la tumba.

“No hay mal que por bien no venga”, comentó la tía Felipa cuando se enteró de que Carlos León había dejado el cigarrillo debido a lo caro que se había puesto la cajetilla. “¿Quién iba a pensar que sería la crisis la que lograría lo que ni su esposa, ni sus hijos y hasta su cuerpo le pedían a gritos desde hace muchos años?”, dijo la tía de manera sarcástica.

Pues sí, Carlos León, un distribuidor de confiterías para una empresa transnacional, llegó un día a su casa con dos cajetillas de cigarrillo, y le dijo a su mujer “estas son las últimas dos cajas que me fumo”. Su esposa no le creyó, pero sí le llamó la atención porque era la primera vez que su esposo le decía algo en ese sentido (ese ya era un tema tabú) y con tamaña contundencia. Ya Carlos León tiene cuatro meses sin fumar, aunque reconoce que los primeros días fueron muy difíciles, porque le dieron mareos, náuseas y un fuerte dolor en la base del cráneo.

Síndrome de abstinencia

Los especialistas definen el síndrome de abstinencia como una respuesta del organismo cuando una persona deja de consumir drogas, tabaco, alcohol o abandona cualquier hábito que le genere una adicción.

Por lo general los síntomas del síndrome de abstinencia varían según el tipo de adicción y –por lo general–, se basan en escalofrío, temblores, pérdida del apetito, alucinaciones, ansiedad, fuerte presión en el pecho o la base de atrás de la cabeza, convulsiones, goteo nasal, depresión, somnolencia, entre otros.

“Yo había hecho todas las dietas habidas y por haber para bajar la barriga, y siempre terminaba comiendo como una desesperada y adiós a las dietas. Ahora la cosa es distinta. Así quiera, no puedo estar comiendo tanto, ni con la picadera en la cocina. Ahora vivimos en una sola estiradera. Nos estamos defendiendo con sopas, granos, legumbres y hortalizas… obviamente que he bajado mucho de peso”, manifestó Perla Sanjuan Zerpa, una periodista que trabaja para una web en un medio de comunicación privado.

Cuando las personas abandonan de manera drástica e intempestiva la ingesta de dulces y chucherías se produce el llamado “síndrome de abstinencia del azúcar”, que pudiera aparecer como una simple excusa para que las personas a las que les encantan los dulces (o que simplemente se rehúsan a dejar el azúcar) se permitan consumir caramelos. Pero nutricionistas y científicos han descubierto que cuando el cuerpo está acostumbrado a altos niveles de consumo de azúcar, puede responder a la privación de ésta de la misma forma como lo haría un drogadicto. Los síntomas de la abstinencia al azúcar pueden, de hecho, ser dolorosos y debilitantes.

“Me ha costado dejar el café, pues es un vicio que me ha acompañado desde que era niño y ya tengo casi sesenta años. Pero no me queda de otra. Los precios han subido de manera grosera. La última vez compré el cuarto de kilo a 500 mil bolívares, pero me dijeron que ya el kilo ronda los ocho millones de bolívares. Es decir, ¡adiós luz que te apagaste! No hay nada que hacer. O se compra algo de comida o se compra el café, no hay alternativas, o lo elimino, o lo elimino”, quien así se expresa es Juan Pernalete, un analista de una compañía de seguros, que gana poco más del salario mínimo, que es de 2.555.500 bolívares mensuales desde el pasado 1º de mayo, pero que igual refiere que el dinero no le alcanza para hacer un mercado más o menos decente.

Y es que los precios son verdaderamente una locura. Un kilo de café ronda los ocho millones de bolívares, aunque con un poco de suerte lo puedes conseguir un pelito más barato, pero tienes que patear bastante calle. Los gochitos que traen las verduras desde los estados Táchira y Mérida venden algo parecido al café con el que pretenden engañar a los usuarios y, por supuesto, es mucho más barato. Los usuarios lo compran a sabiendas de que no es café, sino frijoles o maíz tostado, molido, con un poquitín de café.

Hay otros vicios igual de incomprables, como el caso de las chucherías en general y los chocolates en particular. Un paquete de galletas ronda los cuatrocientos mil bolívares, mientras que un chocolate de taza ya sobrepasa el millón de bolívares dependiendo del sitio donde lo compres.

Hay otras adicciones como el licor, por ejemplo, que si la persona es un tomador “casual” y no un alcohólico empedernido se puede superar más fácil. Por ejemplo, había personas que se compraban una cajita de cervezas los fines de semana o para ir a la playa, o una botella de whisky o de ron. Ahora simplemente no lo hacen, porque la caja de cervezas ya supera los tres millones de bolívares y el ron, de no muy buena calidad, ya rebasó la barrera del millón de bolívares, pero igual no pasa nada. Los tomadores se licor han migrado hacia otras bebidas más económicas, como el cocuy, el aguardiente o caña clara para hacer guarapitas. Si la persona ya está alcoholizada el problema se complica y lo más seguro es que necesite ayuda profesional. Quienes sí se la ven negras son los indigentes.

“Coño chamo, claro que me pega, como no me va a pegar. Nosotros reuníamos entre varios y podíamos comprar una botellita de aguardiente. La gente piensa que lo hacemos por borrachos, pero lo hacíamos más que todo era para soportar ese frío parejo que pega por las noches y muchas veces hasta el hambre. Ahora se nos ha puesto difícil la vaina. Una botella nos cuesta un platal. No es fácil. Cuando no tomamos nada nos pegan hasta unas tembladeras. La otra vez yo creía que me iba a morir”, refirió un hombre apodado “flaco plancha” que se la pasa junto a otros menesterosos cerca de la plaza Capuchinos, en la avenida San Martín.

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Por Wilmer Poleo Zerpa / Supuesto Negado