Empleados públicos sortean la crisis gracias al ingenio

Cabalgando horarios en tres trabajos, recibiendo sin falta los bonos del carnet de la patria y agradeciendo la “ayudaía” que le echa el compadre desde Ecuador. Así sobrevive María Gisela Betancourt a la crisis venezolana que consume cada bolívar que cae en el bolsillo de los ciudadanos.

Es diseñadora gráfica de profesión y madre soltera de tres hijos que estudian en colegios privados. Ni ella misma sabe cómo hace para pagar todas las matrículas. Bromea diciendo que si el Seniat decide hacerle una auditoría no podría explicar cómo tiene tantos egresos con tan pocos ingresos.

Y es que aunque parezca que lo tiene todo resuelto, los salarios que devenga en cada trabajo le dan solo para pagar y comer.

En la institución pública donde se desempeña gana unos cien mil bolívares mensuales, con el beneficio de ticket alimentación incluido (esto no varía mucho entre un organismo y otro).

De acuerdo con el último aumento decretado por el Ejecutivo nacional el pasado mes de abril un obrero no calificado en la administración pública gana hasta 47 mil 280 Bs., que más el beneficio de ticket alimentación de 25 mil Bs. da como resultado un sueldo integral de 72 mil 280 Bs.

Entre tanto, un Bachiller III rango VII tiene un salario mínimo de 52 mil Bs., que sumado al ticket alimentación eleva su remuneración integral a 77 mil Bs.

El sueldo mínimo de un Profesional III en la administración pública actualmente ronda los 101 mil bolívares (unos 13 dólares).

A este salario se le suman beneficios como la entrega de cajas Clap, que no se cumple en todas las instituciones, y un seguro médico que en este momento está por debajo del millón de bolívares.

Entre los otros dos empleos, que no aportan otro beneficio más allá del ingreso bruto mensual, María Gisela reúne 400 mil bolívares al mes. En total, trabaja unas 14 horas diarias.

Otro apoyo económico lo constituye un compadre que vive en Ecuador. “Este no es un ingreso fijo, pero cuando deposita algo es una ayuda importante para mi familia”.

Como ella, otros compañeros también decidieron diversificar sus ingresos. Asegura que en la institución donde trabaja todos tiene mínimo dos empleos o se rebuscan vendiendo comida, maquillaje o productos importados desde China.

“Tengo un compañero que sale corriendo de su casa a preparar hamburguesas que reparte a domicilio, otro escribe para unas tres páginas web (dos de ellas extranjeras que le pagan en divisas), otro sale de la oficina derechito a un bar donde gana más en propinas que su sueldo anual. Así es la vida para nosotros: ya nos es vida, solo nos dedicamos a trabajar”.

Según las últimas cifras presentadas por el Gobierno nacional, la administración pública cuenta con una plantilla de dos millones 800 mil trabajadores. Todos prácticamente en la misma situación económica que nuestra entrevistada.

En el pasado, los empleados de las instituciones adscritas al Gobierno eran los mejores pagados.

Por Andreína Ramos Ginés / Supuesto Negado