En Hollywood ha habido hasta comunistas: conoce su historia oculta

Hollywood

En septiembre de 2018, el famoso comediante canadiense Jim Carrey dejó a todos con la boca abierta en el programa “Tiempo real con Bill Maher” de HBO al defender sin tapujos el socialismo.

Así como suena. La declaración fue doblemente sorprendente porque en estos programas de entrevistas la idea es hacer que las celebridades se porten en una forma juguetona pero también estúpida.

Decir “agudezas” al estilo europeo es algo que está fuera del formato de la TV americana y hablar de cualquier cosa seria es muy difícil. Pero Carrey lo hizo.

Pero ¿qué dijo Carrey exactamente? ¿A qué se refiere con socialismo? ¿es tan raro que las celebridades lo defiendan?

Socialismo canadiense

En la entrevista el veterano actor dijo que hay que aceptar el socialismo.

En efecto en el programa de HBO sorprendió a todos al decir que “tenemos que decir sí al socialismo, a la palabra y todo”. La cosa fue todavía más sorprendente pues lo dijo descartando las campañas de los republicanos para asustar a los estadounidenses usando a Venezuela como espantapájaros.

Las declaraciones del protagonista de éxitos como La máscara y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos se basan en su experiencia de vivir en Canadá: no es un fracaso…Elegí mis propios doctores. Mi madre nunca pagó por una receta, fue fantástico”.

Ese es un punto delicado en los EE. UU. incluso si Carrey no hubiera mencionado la palabra con “S”: es que los EE. UU. son el único país desarrollado que no tiene algún tipo de salud pública y uno de los pocos donde el sistema universitario es completamente privado.

De hecho el contraste del nivel de vida de los EE. UU. con otros países desarrollados es dramático, especialmente los del Norte de Europa donde el nivel de vida promedio es muy superior al de los estadounidenses.

Y Canadá, de donde viene Carrey, es un asunto candente porque, básicamente, es un país con políticas parecidas a las de Suecia y Noruega pero pegado a los EE. UU.

Con mínima violencia, salud y educación gratuitas, los gringos se burlan constantemente de los Canadienses pero muchas veces de forma irónica pues saben que la calidad de vida de su vecino del norte es muy superior a la de ellos.

Allí la salud pública es completamente gratuita incluso para los estadounidenses que cruzan la frontera a recibir atención sanitaria y medicamentos.

Aunque es completamente incomprensible en cualquier otro país, especialmente en los desarrollados, en los EE. UU. se ha generalizado la idea de que la salud pública es perniciosa, que limita la libertad de elección, que eleva el gasto público y que, en general, es la cosa más mala que puede haber en el mundo.

Pero Canadá demuestra, todos los días, que todo eso es mentira y lo que Carrey hizo, en esencia, fue recordar que un país como Canadá, donde la salud es total y completamente gratuita no hay déficit fiscal, “dictadura comunista” ni ningún tipo de colapso.

Que haya relacionado eso, claramente, con la influencia del socialismo, es lo que hace mortal ese golpe.

Hollywood Progre

En Latinoamérica mucha gente suele creer que Hollywood se inclina a la derecha. De hecho eso es un error muy grande: no solo es un bastión del partido Demócrata sino que en los EEUU siempre se le ha considerado más inclinado a la izquierda que a la derecha.

Al menos en el caso de los artistas, escritores y empleados.

De hecho, en su momento, fue un bastión del Partido Comunista de los EE. UU.

Celebridades de derecha como Arnold Schwarzenegger, Ronald Reagan y Clint Eastwood son excepciones en un Hollywood demócrata, progre y no pocas veces abiertamente izquierdista.

De hecho la industria cinematográfica estaba tan penetrada por la izquierda, fuera por poderosos sindicatos o por intelectuales ligados al Partido Comunista, que el FBI y los directivos de los estudios aplicaron, durante años, una verdadera purga para expulsar a actores, guionistas y profesionales ligados a organizaciones de izquierda.

Tras casi 20 años de persecuciones la izquierda y la progresía volverían con todo en el periodo del Nuevo Hollywood y grandes estrellas apoyando causas radicales se hicieron relativamente comunes como Marlon Brando cuando rechazó el Oscar que ganó por El Padrino en nombre de la lucha de los indígenas: Sacheen Plumapequeña, una activista apache, apareció en nombre de la estrella leyendo un documento en que Brando soltó una bomba sobre Hollywood al recordar cómo la industria se burlaba de los indígenas y los excluía.

También apoyó la toma de Woundknee, un sitio histórico, por un grupo radical de indígenas.

Desde entonces gente como Sean Penn, Oliver Stone, Susan Sarandon, Warren Betty y Danny Glover, se ha hecho famosa por sus afiliaciones de izquierda aunque no siempre son tan radicales como parece.

Algunos, sin embargo, son bastante consistentes: Glover fue siempre un militante antirracista, Martin Sheen ha participado en tomas y protestas en que ha caído preso y recientemente la bella Shailene Woodley, la protagonista de la saga divergente, fue arrestada en una protesta contra el gasoducto de Dakota en que se fajó como una militante más.

Tanto es así que ser “activista” se ha hecho una medalla de honor para las estrellas de Hollywood y casi toda celebridad hace algo para que se pueda decir que es activista de algo o que apoya alguna causa. Es estándar.

“Déjame escuchar esa grosería…socialismo”

Los activistas de Hollywood, sin embargo, se distinguen casi siempre por rechazar algo (la guerra, el maltrato animal, la persecución a los emigrantes) pero no apoyan siempre una alternativa clara.

Lo más lejos que han llegado, al menos hasta hace poco, es a demostrar simpatía por algún gobierno del Tercer Mundo como lo han hecho Oliver Stone y Sean Penn.

Pero hubo una gran excepción.

Luego de la Gran Purga de los años cincuenta entre las estrellas de Hollywood solo el legendario Warren Beatty se había atrevido a apoyar el socialismo.

Usando su enorme Star Power se las arregló para hacer un éxito de la película Reds (rojos) que es la historia de la vida de John Reed, el legendario periodista americano ganado para el bolchevismo, y también la de buena parte de la izquierda radical norteamericana (los personajes incluían a la anarquista Emma Goldman) ganándose tres Oscars incluido el de mejor director.

Y eso fue en 1981 en pleno reaganismo.

En 1998 lo volvería a hacer con Bullworth donde aparecía interpretando a un candidato presidencial que se volvía loco y terminaba rapeando, denunciando a los lobbys y elogiando el sistema de salud canadiense, la socialización de la salud y el socialismo.

Pero ¿qué hizo que Jim Carrey, un actor un poco desequilibrado, que hasta hace un par de años no era conocido por su activismo y sus ideas políticas recogiera el rap de Beatty donde este lo dejó y lo pusiera en medio del prime time de HBO?.

¿Qué será lo que quiso Carrey?

Es difícil saber, con la gente de Hollywood, hasta qué punto cualquier cosa que hacen no tiene otro propósito que hacerse de un capital social, es decir, de crearse más y más fama.

Las extravagancias y loqueras no son ajenas a estrellas en decadencia que saben que es la única manera que tienen de resurgir.

Tras abrirse paso desde el stand up comedy hasta el estrellato en los 90, gracias a un estilo basado en la exageración, la vulgaridad y extrañas expresiones faciales, Carrey fue escalando de papel en papel hasta ser una de las más grandes estrellas de Hollywood, un generador masivo de taquilla. No era cualquier cosa.

Cuando, tras varios fracasos de taquilla y crítica, su carrera fue para abajo alcanzó a hacer un par de películas serias en que demostró que era un actor digno de consideraciónLuego desapareció.

Tras no hacer casi ninguna película en el siglo XXI y tras estar involucrado en situaciones desagradables como el suicidio de una exnovia y episodios de depresión severa Carrey se reinventó –así dicen los gringo–- como pintor y “activista”. Activista en este caso quiere decir que habla mucho sobre política apoyando causas progres como boicotear Facebook o exigir controles de armas.

Gracias a eso ha amasado una respetable grey de 17 millones de seguidores en Twitter. Pero, tal como su carrera cinematográfica, lo que dice es una mezcla de disparates (cree que las vacunas causan autismo o le da por filosofar) y cosas muy sensatas.

Lo que sí parece ser es completamente honesto y sus declaraciones sobre el socialismo parecían completamente sinceras y bien pensadas.

Cómo aprovecha el efecto de lo que dice es otra cosa.

Pero Carrey simplemente parece ser la persona más famosa en decir lo que miles de estadounidenses piensan: que el modelo neoliberal fracasó de cabo a rabo y que no hay razón para que los EEUU no puedan disfrutar de los estándares de vida que tienen países con economías más pequeñas como Canadá o los del Norte de Europa.

Y desde hace más de un año decenas de estrellas de Hollywood están hablando de “socialismo democrático”.

Socialismo Democrático

No hay que hacerse ilusiones. El nivel de vida en los EE. UU. es muy superior a cualquier país del tercer mundo.

Con un par de horas de trabajo se puede comprar comida para días, es fácil ahorrar y comprar cosas y las infraestructuras, el transporte y los servicios son mucho mejores.

Pero… todo tiene un pero.

En este caso el pero son los costos de alquileres, servicios públicos y la inmensa magnitud de las deudas.

Aunque es difícil morirse de hambre o de mengua allá otras cosas son exageradamente caras: un viaje en ambulancia, la gasolina, la electricidad…

Abusivas deudas estudiantiles, los altísimos alquileres, los salarios estancados, inseguridad laboral son la norma y la generación más joven, la de los llamados millennials, goza de muchísimos menos beneficios que sus padres.

Salen menos, se divierten menos, tienen menos posesiones y más deudas, saben que difícilmente podrán comprarse una casa. La lucha de los millennials es llegar a fin de mes con los gastos alimenticios, la vivienda, la educación, la cobertura sanitaria y el cuidado de los hijos.

No extrañe que según encuestas recientes los millennials hayan sido el único segmento de edad de los EE. UU. que prefiere el socialismo al capitalismo.

Extraña menos aún si saben que la salud en Canadá es gratuita y que las mejores universidades de Alemania también lo son, igual que los fondos de pensiones de Noruega.

Que ningún otro país desarrollado deja vender armas de guerra libremente.

No se les oculta que la vida en su país ha sido moldeada a conveniencia del capital financiero, de especuladores hipotecarios, de vendedores de armas o de seguros y del “Big Pharma”.

En el contexto norteamericano lo que se reivindica como socialismo es el estado de bienestar combinado con regulaciones a las empresas (lo que aquí llamamos socialdemocracia) y Bernie Sanders, un viejito izquierdista, se convirtió en el ídolo de millones de millennials diciendo que no había razón por la que no podían tener lo que otros países del norte tienen e, incluso, recuperar el Estado de Bienestar destruido por Reagan.

Fue Sanders quien hizo que decenas de artistas de Hollywood no solo se opusieran a ciertas injusticias sino que dijeran la “grosería” que, para 1998, cuando se estrenó Bullworth parecía una fantasía que un candidato presidencial dijera.

Así es Betty fue un profeta y Sanders es el Bullworth de la vida real.

Pero Sanders, que tenía las de ganar en las primarias demócratas, fue desplazado por la mafia de Hillary Clinton (el término no es exageración, insulto o juicio de valor) y el resto es historia…

Así que, en medio de una de las mayores crisis de su historia, Carrey parece ser, simplemente, una de las tantas voces que se preguntan ¿Es que esto no puede ser de otra manera?  ¿Hay razón para que no podamos cambiarlo?

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado